El a priori de la conflictividad en la ética convergente

Cuadernos de Ética, Vol. 31, Número especial In memoriam de Ricardo Maliandi, 2016



El a priori de la conflictividad en la ética convergente




Alberto Mario Damiani

UBA, UNR, CONICET





La obra filosófica de Ricardo Maliandi propone desarrollar un programa de investigación denominado “Ética convergente”, título de su última obra en tres tomos.1 Un aspecto sumamente interesante de este programa consiste en afirmar que el conflicto normativo no se encuentra sólo en el ethos, en las relaciones sociales, en las instituciones humanas, sino también en la razón práctica que se enfrenta al conflicto ético y, en cada caso, pretende resolverlo. Recién con la incorporación de este segundo momento, el reconocimiento de la conflictividad alcanza la integridad y completitud que la ética convergente propone. Maliandi advierte que las estructuras conflictivas no se dan sólo en la realidad que la razón práctica intenta pensar y transformar, sino que el conflicto constituye también la estructura intima de la razón práctica. Mediante una exhaustiva discusión crítica de diversas propuestas de ética normativa, dentro de las que se destacan la de Kart-Otto Apel, la de Nicolai Hartmann y la de la problemática bioética, Maliandi postula la conflictividad inherente a los principios cardinales de la razón práctica. En su dimensión diacrónica, el conflicto interno de la razón práctica se da entre los principios de conservación y de realización. En su dimensión sincrónica, entre los de universalización e individualización. El desarrollo y articulación interna de los conflictos que constituyen los principios de la razón práctica da por resultado la original propuesta sistemática de ética normativa denominada “ética convergente”.

Sobre esta conflictividad entre los principios cardinales de la razón práctica se centró una discusión, que mantuvimos con Maliandi durante algunos años, testimoniada en el libro que publicamos junto con Lariguet y en algunos pasajes de los tres tomos de la Ética convergente.2 A continuación quisiera reconstruir brevemente un aspecto de dicha discusión y señalar los problemas que deja abiertos para futuras investigaciones filosóficas en el ámbito de la ética normativa. Para ello comenzaré por señalar el problema del conflicto entre obligaciones morales (1). Luego señalaré la función que cumplen las circunstancias en la consideración de ese problema (2). A continuación intentaré determinar la clase de los conflictos moralmente relevantes (3) para examinar la conexión entre acción estratégica y conflictos morales (4). Después me detendré en la diferencia entre obligaciones morales y principios éticos (5). Mencionaré, a continuación, una prueba que propuse para determinar si la conflictividad moral es a priori o a posteriori y la respuesta de Maliandi ante esta propuesta (6). Por último, con cierta distancia hermenéutica, quisiera plantear la posibilidad de que la discusión aquí reconstruida se origine en un malentendido (7).


1. Maliandi postula el carácter a priori del conflicto normativo partiendo de una reformulación de algunas tesis de Nicolai Hartmann. A fin de precisar este postulado, vale la pena distinguir tres niveles de la conflictividad. En un primer nivel, se encontrarían los conflictos de intereses, que se dan en el mundo social. En un segundo nivel se encontrarían los conflictos entre normas morales, propias del ethos. En un tercer nivel se encontraría el conflicto a priori entre principios, que según Maliandi es propio de la razón práctica. La ética convergente afirma la conflictividad en estos tres niveles. Su tesis original consiste en afirmar la conflictividad del tercer nivel, esto es el conflicto a priori entre principios de la razón práctica. Otros autores reconocen tanto la existencia de conflictos fácticos entre intereses y normas. Maliandi postula un conflicto a priori entre principios.

La afirmación de tres niveles de conflictividad significa la existencia de tres tipos de conflictos: sociales, éticos y de principios. La distinción de estos tres niveles puede resultar útil para advertir que es posible admitir la existencia de los dos primeros niveles sin admitir el tercero. Puede reconocerse, por un lado, que hay conflictos de intereses y, por el otro, que en determinadas circunstancias fácticas el cumplimiento de una norma moral implica la trasgresión de otra, sin necesidad de admitir la tesis afirmada por la ética convergente, a saber, el carácter a priori de la conflictividad entre principios éticos. Dicho en otros términos, la conflictividad entre obligaciones morales puede reconocerse como un hecho del ethos, sin necesidad de admitir que hay un conflicto a priori entre obligaciones morales. El reconocimiento de un hecho puede distinguirse claramente de la validez de una presunta condición a priori. Los conflictos fácticos no implican necesariamente una conflictividad a priori.

La conocida discusión entre Benjamin Constant e Immanuel Kant3 puede ilustrar la idea de un conflicto normativo. La misma nos puede servir para determinar si el conflicto normativo tiene un carácter meramente fáctico o carácter a priori, porque permite advertir que hay circunstancias fácticas en las que la obligación moral de ser sincero puede entrar en conflicto con la obligación moral de salvar la vida del prójimo:


Por ejemplo, el principio ético: es un deber decir siempre la verdad, haría imposible toda sociedad, si se lo tomara de un modo incondicionado y aisladamente. Así se echa de ver en las consecuencias que un filósofo alemán extrajo de este principio, quien llega al extremo de afirmar que sería un crimen la mentira dicha a un asesino que nos preguntara si un amigo nuestro, perseguido por él, se había refugiado en nuestra casa.4

En este caso un asesino llama a mi puerta y me pregunta si una persona inocente (un amigo, en el ejemplo de Constant, examinado por Kant), que él quiere matar, está en mi casa o no. Esa persona está en mi casa. Entonces, se me plantea el conflicto entre las obligaciones mencionadas. Si digo la verdad, pongo en riesgo la vida del inocente; si protejo su vida, miento. El ejemplo mencionado por Constant presenta, entonces, un conflicto entre dos obligaciones morales: la obligación de sinceridad y la de salvar una vida humana. El conflicto consiste en que si se cumple una de esas obligaciones no se puede cumplir la otra: si decimos la verdad, ponemos en peligro la vida de nuestro amigo; si protegemos su vida, mentimos. No interesa aquí reconstruir detalladamente las posiciones defendidas por Kant y Constant en la discusión en torno a este caso. El mismo resulta relevante para nosotros sólo en cuanto presenta un conflicto entre dos obligaciones morales. Ahora bien, hay algo evidente en este conflicto: sólo puede darse bajo ciertas condiciones fácticas y contingentes.

En el caso propuesto por Constant un asesino pregunta por la presencia de nuestro amigo, perseguido por él. En este caso se presenta un conflicto normativo. En otros casos, ese conflicto no se da. Por ejemplo, si tuviésemos que responder, no ante un asesino, como en el caso mencionado, sino ante un amigo de ambos, no habría conflicto normativo porque, en este caso, nuestra sinceridad no pondría en peligro la vida del prójimo. En este segundo caso, el contexto es similar al del caso planteado por Constant. Lo único que varía entre un caso y otro es el hablante que formula la pregunta por alguien que se encuentra en mi casa. En el primer caso, el de Constant, se trata de un asesino; en el segundo caso, en cambio, se trata de un amigo en común. Parece claro, entonces, que el conflicto normativo entre dos obligaciones morales (en este caso la de sinceridad y la de salvarle la vida al prójimo) no es a priori (como propone la ética convergente) sino que es a posteriori, ya que su existencia depende de las circunstancias fácticas: en algunos casos hay conflicto entre esas obligaciones morales y en otros casos no. Si el conflicto entre obligaciones morales depende exclusivamente de las circunstancias fácticas, no se trata de un conflicto a priori, sino de un conflicto a posteriori.

El caso propuesto por Constant presenta un ejemplo de conflicto entre normas morales. Este conflicto, entre la obligación de sinceridad y la de salvar la vida de un ser humano, no es un conflicto a priori, esto es: no es universal, no es necesario, no es independiente de la experiencia. No es universal porque no es el caso que en toda circunstancia estas obligaciones estén en conflicto, sino que hay circunstancias en las que tal conflicto no se presenta. Si las circunstancias cambian, el conflicto desaparece. El conflicto entre estas dos obligaciones no es, por tanto, necesario, sino contingente. Puede darse como no darse. No es forzoso que nuestra sinceridad ponga en riesgo la vida de inocentes ni que nuestros esfuerzos por salvar esas vidas nos obliguen a ser insinceros. Por último, la aparición contingente del conflicto entre estas obligaciones depende de la experiencia, esto es, de las circunstancias fácticas. En algunas circunstancias ese conflicto acaece, en otras no. Para saber si hay conflicto debemos examinar empíricamente esas circunstancias. Por lo tanto, si el conflicto entre las obligaciones mencionadas es particular, contingente y depende de la experiencia, no se trata de un conflicto normativo a priori, sino a posteriori. El ejemplo mencionado pone en evidencia que para juzgar moralmente una acción parece necesario considerar las circunstancias fácticas en las que se lleva a cabo. Si el conflicto normativo tiene un carácter fáctico y a posteriori y no a priori (como postula la ética convergente) la única manera de reconocerlo es considerando las circunstancias fácticas.


2. Hasta aquí examiné un célebre ejemplo de un conflicto entre dos obligaciones morales para mostrar que el mismo no es a priori sino a posteriori. Ello se debe a que ese conflicto no es independiente de las circunstancias en las que dichas obligaciones deben cumplirse sino que el mismo depende de esas circunstancias. La ética convergente no desconoce esta necesidad de considerar las circunstancias sino que, por el contrario, la pretende elevar al rango de un principio ético. La exigencia de considerar las circunstancias en las que se realiza la acción es presentada por Maliandi como un derivado de lo que denomina “principio de individualización”. Ante la pregunta “¿por qué hay que atender a las circunstancias para determinar si hay conflicto normativo?”, la ética convergente responde: porque el principio de individualización vale a priori. Sin embargo parece evidente, por un lado, que la sola formulación de esta pregunta parece implicar la renuncia al denominado “a priori de la conflictividad”. Por otro lado, la postulación del mencionado principio no es la única respuesta posible para esta pregunta.

Las propuestas de ética normativa que ofrecen una respuesta a la pregunta por la fundamentación de la exigencia de atender a las circunstancias en las que se realiza una acción son diversas. Maliandi ha examinado magistralmente estas propuestas y reconstruyó distintos “paradigmas de aplicabilidad”: el paradigma de la autoridad, el de la situación, el del rigorismo, el de la provisionalidad, el de restricción compensada y el de convergencia.5 No nos encontramos, por tanto, frente a una alternativa: o el rigorismo, que niega la importancia de las circunstancias, o la ética convergente, que la afirma. La diversidad de paradigmas de aplicabilidad es suficiente para advertir que no hay tal alternativa y que hay otras formas de entender la atención a las circunstancias. No hay necesidad de afirmar que tal atención se deriva de un presunto principio de individualización. Si se piensa, por ejemplo en lo que Maliandi denomina “paradigma de la restricción compensada”, formulado por la ética del discurso de Karl-Otto Apel, es posible encontrar una justificación admisible de la exigencia de considerar las circunstancias de la acción. Dicha justificación tiene como núcleo el reconocimiento de la diferencia entre la comunidad real de comunicación y la ideal. En términos de la ética discursiva, puede haber conflicto normativo sólo en una comunidad real en la que no rigen (aún) las condiciones de la ideal. Volveré sobre cuestión más adelante.

El conflicto entre obligaciones morales no es a priori, porque sólo se da bajo ciertas circunstancias. Sin embargo, la consideración de las circunstancias en las que se realiza la acción es una exigencia del juicio moral que puede justificarse sin necesidad de postular el carácter a priori de un principio de individualización. Para evaluar éticamente la acción de un individuo debemos tener en cuenta las circunstancias en las que ese individuo actúa, porque esas circunstancias pueden ser un motivo que le impida cumplir con una obligación moral. Volviendo al ejemplo de Constant, quien tiene que responder a un asesino no se encuentra en las condiciones ideales para cumplir con la obligación moral de ser sincero, sino en condiciones reales que impiden ese cumplimiento.


3. El conflicto entre obligaciones morales parece presentarse sólo bajo ciertas circunstancias. Podría preguntarse, entonces, si las normas morales conservan su relevancia en aquellas circunstancias en las que pueden ser aplicadas sin transgredir otra norma moral. Esta relevancia puede pensarse en dos planos. En primer lugar, el plano de la relevancia práctica que tiene la norma para el agente, quien considera la norma como moralmente obligatoria y, en segundo lugar, el plano de la relevancia filosófica que la norma tiene para quien acomete la tarea de intentar justificar racionalmente su validez.

La obligación de ser sinceros no entra siempre en conflicto con otra obligación moral. La pregunta es entonces si la fuerza normativa de esa obligación se conserva aún en esas situaciones. Para responder esta pregunta es recomendable dejar a un lado los casos del mentiroso compulsivo y del que miente porque sí y concentrarse en situaciones no excepcionales en las que la obligación de sinceridad no entra en conflicto con ninguna otra. Para concentrarnos en estos casos parece necesario completar con la siguiente observación la distinción de los niveles de conflictividad presentada al comienzo de este trabajo. Además de conflictos de intereses y conflictos entre normas morales, existen conflictos entre intereses y normas morales. De hecho este último tipo de conflictos parece ser el más común tanto para el agente que debe cumplir sus obligaciones contra sus intereses, como para el filósofo que intenta justificar racionalmente la obligatoriedad de ese deber moral.

La ética convergente le presta una especial atención a los conflictos entre normas morales. Esta atención permite iluminar aspectos del fenómeno moral que han sido descuidados por otras propuestas. Sin embargo, cabe destacar que hay casos éticamente relevantes en los cuales la obligación de decir la verdad no se encuentra en conflicto con ninguna otra, casos en que la ocurrencia de mentir se encuentra motivada no ya por el cumplimiento de otra norma moral, sino por un interés egoísta. Aún en aquellos casos en que no hay conflicto entre obligaciones morales, puede haber un conflicto entre la obligación de sinceridad y la conveniencia de mentir, en términos kantianos: entre la obligación moral y la inclinación.

Los conflictos moralmente relevantes son, por tanto, de diversas especies. Por un lado, hay situaciones en las que al agente se le presenta un conflicto entre obligaciones morales. Por otro lado, hay situaciones en las que al agente se le presenta un conflicto entre una obligación moral y una inclinación egoísta. En ambos casos, nos encontramos con casos éticamente relevantes, tanto desde la perspectiva del agente que tiene que decidir en la situación conflictiva, como desde la perspectiva del filósofo que tiene que justificar racionalmente la obligatoriedad de las normas en juego. Por lo tanto, los casos éticamente irrelevantes se reducen a los que no hay ningún tipo de conflicto, esto es aquellos en los que una norma moral no entra en conflicto ni con otra norma moral ni con una inclinación. Sólo esos casos no constituyen problemas morales y carecen de interés para la ética normativa.


4. Como ya lo señalé, el hecho del conflicto entre obligaciones morales puede comprenderse a partir de la diferencia entre una comunidad real de comunicación y una comunidad ideal de comunicación, propuesta por la ética del discurso. Si se atiende a esta diferencia se puede formular la siguiente tesis respecto de las condiciones fácticas bajo las cuales se producen conflictos entre obligaciones morales: los conflictos entre obligaciones morales sólo se producen bajo ciertas circunstancias, en las que los participantes de la interacción social se interrelacionan de manera meramente estratégica y no están dispuestos a coordinar sus acciones mediante el discurso práctico. Respecto de esta tesis parece necesario formular, al menos, dos aclaraciones. La primera aclaración consiste en afirmar que la validez de esta tesis es independiente de los tipos de motivaciones que impiden la implementación del discurso práctico. Podría distinguirse, por ejemplo, un tipo de motivación encarnada en actitudes subjetivas tales como la arbitrariedad, la indolencia, o la terquedad, de otro tipo de motivaciones originadas en un compromiso ante un sistema de autoafirmación, esto es las responsabilidades institucionales que cada individuo tiene como miembro de un grupo social más o menos complejo.

Sin embargo, no parece relevante para el problema que estamos examinando, el establecimiento de una clasificación de motivaciones que se oponen a la implementación de un discurso práctico. Si estuviéramos tratando de determinar, por ejemplo, bajo qué condiciones resulta justificable no implementar un discurso práctico, esta clasificación resultaría muy útil, ya que, por un lado, no parece justificable negarse a una solución discursiva de un conflicto práctico, motivados sólo por caprichos, indolencia, o terquedad y, por el otro, los compromisos ante un sistema de autoafirmación pueden contener una justificación atendible para no implementar un discurso en una situación determinada. Sin embargo, el problema que nos ocupa es otro, a saber: si el conflicto entre obligaciones morales es a priori o a posteriori. Para resolver este problema, esta clasificación de motivaciones resulta irrelevante. Independientemente de cuáles sean los motivos que obstaculizan la implementación del discurso práctico e independientemente de que estos motivos sean también razones para evitar esa implementación o que no lo sean, queda pendiente la solución al problema que estamos examinando, a saber: si el conflicto entre normas morales es universal, necesario e independiente de la experiencia o no lo es.

La segunda aclaración de la tesis formulada más arriba consiste en advertir que la misma no contiene ni presupone ninguna relación causal (ni explicativa) entre la existencia de un conflicto y las acciones estratégicas realizadas por quienes se encuentran involucrados en el mismo. Para señalar una condición necesaria del conflicto entre obligaciones morales nuestra tesis hace abstracción del problema genético. No interesa aquí si los conflictos se producen porque los participantes de la interacción social se interrelacionen de manera estratégica, o al revés si las acciones estratégicas son signos de que hay algún conflicto entre esos participantes.

Nuestra tesis trata exclusivamente sobre los conflictos por los que se interesa la ética convergente, a saber, los conflictos entre obligaciones morales y, por tanto, deja a un lado tanto los conflictos entre intereses egoístas como el conflicto entre obligación moral e interés egoísta (siempre y cuando estos intereses no puedan ser presentados en forma de conflictos entre pretensiones de validez normativa en un discurso posible). Sobre los conflictos entre obligaciones morales, por tanto, me limito a sostener que no pueden presentarse allí dónde todos los involucrados están dispuestos a coordinar sus acciones mediante el discurso práctico.


5. El caso propuesto por Constant muestra que el conflicto entre obligaciones morales sólo surge bajo ciertas circunstancias fácticas y es, por lo tanto, a posteriori. La ética convergente afirma una conflictividad a priori, que no puede registrarse en el plano de obligaciones concretas, de las normas situacionales o las máximas materiales. Por ello, un último recurso para defender el carácter a priori del conflicto ético, consiste en ubicarlo en el plano de los principios, esto es los principios cardinales formulados por la ética convergente. Mediante esta rectificación podría comprenderse que el conflicto normativo del que habla la ética convergente no es un conflicto entre obligaciones morales concretas, como la obligación de sinceridad y la de salvar la vida del prójimo, sino entre principios éticos, tales como los principios de universalización y de individualización. De esa manera, quedaría claro que aunque el conflicto entre máximas morales es a posteriori, el conflicto entre principios éticos sería a priori.

Consideremos, entonces, esta formulación del a priori de la conflictividad, postulado por la ética convergente. Esta formulación parece ubicar el conflicto normativo en un nivel de abstracción difícil de asir. Los principios de universalización e individualización serían algo así como modos de la obligatoriedad abstracta. Sin embargo en cuanto la ética convergente se considera como un “paradigma de aplicabilidad” superador de otros, parece que tiene que ocuparse del conflicto entre obligaciones morales con un contenido determinado. Quienes intentan aplicar normas morales para solucionar problemas concretos tratan directamente con obligaciones morales, normas situacionales o máximas. En este punto se muestran las dificultades de la postulada distinción entre el conflicto a posteriori de las obligaciones morales y el presunto conflicto a priori de los principios. Esas dificultades se advierten tan pronto como se intenta responder las siguientes preguntas: ¿Pueden, acaso, los “principios” estar en conflicto sin que entren en conflicto obligaciones morales? ¿Para evidenciar el conflicto a priori, no es necesario acaso que estos principios se encarrnen, por así decir, en obligaciones morales concretas, por ejemplo el principio de universalización en la obligación de sinceridad y el de individualización en la obligación de proteger la vida de este prójimo? ¿Puede el conflicto entre estos “principios” ser a priori y el conflicto entre obligaciones morales ser a posteriori?, ¿Qué utilidad tiene para la ética normativa afirmar la existencia de un conflicto a priori entre presuntos “principios” si el mismo no tiene como consecuencia un conflicto entre obligaciones morales? Estas preguntas parecen remitir a una dificultad central en la tesis del a priori de la conflictividad. Dicha dificultad consiste en reconocer el carácter a posteriori del conflicto entre obligaciones morales y afirmar, a la vez, el carácter a priori de un presunto conflicto entre principios.


6. La ética convergente afirma un “a priori de la conflictividad” entre principios éticos. Ante esta afirmación se plantea el problema de la construcción de un argumento que la justifique. En la discusión con Maliandi propuse una prueba, mediante la cual podría determinarse si la conflictividad moral es a priori o a posteriori. La mencionada prueba puede presentarse del siguiente modo.

Si la conflictividad moral fuese a posteriori, debería depender de factores empíricos, de lo que Kant llamaba inclinaciones y lo que, dentro de la ética discursiva, pueden denominarse motivaciones extra argumentativas. Si esta conflictividad fuese a priori, en cambio, la misma no dependería de estas motivaciones. Propongo, por tanto, pensar en una situación en la que las motivaciones extra argumentativas no son determinantes sobre la voluntad de los involucrados en un contexto de interacción social concreto. Si en esa situación puede darse un conflicto entre obligaciones morales, entonces, dicho conflicto no puede depender de motivaciones extra argumentativas, de inclinaciones, de la experiencia y, por tanto, quedaría probado que dicho conflicto es a priori. En cambio, si en esa situación no puede darse dicho conflicto, entonces, el conflicto entre obligaciones morales depende de motivaciones extra argumentativas, de inclinaciones, de la experiencia y, por tanto, quedaría refutado el a priori de la conflictividad.

Para fundamentar la tesis del a priori de la conflictividad, la ética convergente podría, entonces, formular un argumento en torno a la presentación de una situación que cumpla con las dos condiciones siguientes. Por un lado, debería tratarse de una situación en la que los involucrados atienden exclusivamente a la fuerza del mejor argumento. Por el otro, debería mostrarse que en esa situación la relación entre dos normas igualmente válidas es tal que si se obedece una, necesariamente se transgrede la otra y viceversa.

Adviértase que la situación mentada por esta prueba requiere del cumplimiento simultáneo de las dos condiciones mencionadas. Podría pensarse fácilmente en un caso que cumpla sólo una de las dos condiciones pero no cumpla la otra. Ahora, por ejemplo, nosotros, ustedes que escuchan esta conferencia y yo que la pronuncio, en cuanto participantes de un diálogo argumentativo, cumplimos sólo la primera condición, en cuanto intentamos evaluar la tesis del a priori de la conflictividad atendiendo exclusivamente a la fuerza del mejor argumento. Sin embargo, no parece que en esta situación nos involucre en un conflicto entre obligaciones morales, de tal manera que si se cumple una se transgrede la otra y viceversa. También puede pensarse en un caso en el que se cumpla sólo la segunda condición de la prueba propuesta. Esa condición consiste, como ya se indicó, en el conflicto normativo entre dos obligaciones morales. Este conflicto podría presentarse incluso bajo la forma del conflicto entre principios, como propone la ética convergente, esto es, entre un principio que prescriba implementar un discurso y el principio que obliga cumplir compromisos contraídos previamente con un sistema de autoafirmación (compromisos que impedirían implementar ese discurso). Evidentemente, en este caso no se cumple la primera condición de la prueba propuesta: que los involucrados se atengan exclusivamente a la fuerza del mejor argumento. Quienes se sienten obligados por compromisos contraídos previamente con un sistema de autoafirmación y, por ello, no elevan efectivamente pretensiones de rectitud normativa en un discurso real, no se atienen exclusivamente a dicha fuerza. Por tanto, estos ejemplos cumplen sólo con una de las dos condiciones requeridas y la prueba propuesta exige un caso en el que se cumplan simultáneamente ambas condiciones. La prueba aquí propuesta es sólo una forma en la que podría ser fundamentada la tesis del a priori de la conflictividad. La presentación de una situación que contuviera un conflicto entre obligaciones morales cuyo origen no fuesen las circunstancias fácticas sería un indicador del carácter a priori de dicho conflicto.


7. Tanto en el libro que registra nuestra discusión como en el segundo volumen de su Ética convergente, Maliandi responde a mi propuesta de la prueba mencionada. Por un lado, advierte cierto elemento paradojal contenido en la prueba. Dice Maliandi: “si entro al discurso, habré dejado (trasgredido) la exigencia de no entrar en él. Si me mantengo en la situación en que los cumplimientos son mutuamente incompatibles, tengo que hacerlo fuera del discurso”. Por otro lado, Maliandi ensaya la siguiente respuesta alternativa: “Pero encuentro también otra posibilidad: la de considerar que el principio de universalización y el de individualización están presupuestos en las argumentaciones que usan los participantes en el discurso práctico”.6

Pasado ya cierto tiempo desde el momento de aquella discusión y volviendo a leer los textos, se me ocurre que quizás todo se asiente sobre un malentendido, consistente en lo siguiente. Desde el comienzo, mis observaciones partían de la aceptación de un supuesto, que ahora me resulta al menos cuestionable. El mismo puede presentarse como la convicción de que cuando la ética convergente utiliza términos tales como “a priori” y “trascendental” les da el mismo significado que tienen en la pragmática trascendental. En esta última, los presupuestos a priori, trascendentales del discurso se identifican mediante el denominado “argumento de la fundamentación última”, es decir, son aquellos que no pueden ser negados sin autocontradicción preformativa, ni pueden ser deducidos sin petición de principios. Quisiera destacar lo siguiente: sólo dentro de la teoría filosófica mencionada se utiliza este argumento como definición o criterio de demarcación de los enunciados a priori trascendentales. Ni Kant ni las más diversas formas de poskantismo y neokantismo, que se han sucedido desde fines del siglo XVIII hasta la fecha, utilizan dicho criterio de demarcación. El punto crucial de la cuestión es el siguiente. La prueba antes mencionada, que le propuse a Maliandi para determinar si la conflictividad normativa es a priori sólo tiene sentido si se aplica el criterio de demarcación de lo a priori trascendental propuesto por la pragmática trascendental. Si este criterio no se aplica, como ocurre en las diversas formas de poskantismo y neokantismo mencionadas, la prueba no resulta relevante.

Entonces, el malentendido al que me refiero puede ser formulado del siguiente modo. Quizás la ética convergente esté utilizando implícitamente otro criterio de demarcación entre lo a priori y lo a posteriori, entre lo contingente y lo trascendental, otro criterio distinto del argumento de la fundamentación última reflexiva. Creo que en algún momento de nuestra discusión le propuse a Maliandi esa posibilidad, pero él la desestimó. Sin embargo, un reciente trabajo del colega Marcelo Eduardo Bonyuan, “Unidimensionalidad pragmática y giro conflictivo”7, me llevó a reconsiderar nuevamente esa posibilidad. Si la admitimos, la pregunta que queda planteada es de dónde extrae la ética convergente dicho criterio de demarcación implícito. Tanto la determinación de la pertinencia de esta pregunta como la respuesta a la misma son, a mi juicio, tareas pendientes y que sólo podrán ser realizadas por las investigaciones presentes y futuras que tengan por objeto la propuesta de ética normativa elaborada por Maliandi.



Resumen

Este artículo se ocupa de una tesis de Ricardo Maliandi sobre la naturaleza del conflicto moral. En su teoría ética, Maliandi afirma que hay un conflicto entre principios éticos y que ese conflicto es a priori. El artículo intenta mostrar que no hay razones para aceptar esta tesis. El artículo comienza con con algunas referencias al famoso debate entre Immanuel Kant y Benjamin Constant y se pregunta por el rol de las circunstancias particulares en los conflictos morales. Luego son presentadas las condiciones de ese conflicto y es propuesta una prueba con esas condiciones. La conclusión es que la tesis de un conflicto apriorístico entre principios éticos es un asunto problemático de la teoría ética de Maliandi.

Palabras clave: Ricardo Maliandi, conflicto moral, principios éticos, a priori.





Abstract


This paper is concerned with a thesis of Ricardo Maliandi about the nature of moral conflict. In his ethical theory, Maliandi assert that there is a conflict between ethical principles and that this conflict is a priori. The paper aims to show that there is no reason to accept this thesis. The paper begins with some references to a famous debate between Immanuel Kant and Benjamin Constant and inquires about the roll of the particular circumstances by the moral conflicts. After that, the conditions of this conflict are presented and a test with these conditions is proposed. The conclusion is that the thesis of an aprioristic conflict between ethical principles is a problematic issue of Maliandi’s ethical theory.


Key words: Ricardo Maliandi, moral conflict, ethical principles, a priori.














1 Ricardo Maliandi, Ética convergente, Buenos Aires, Las Cuarenta, 2010-2013, Tomos I-III.

2 Alberto Damiani, Guillermo Lariguet, Ricardo Maliandi, Ética y conflicto. Un diálogo filosófico sobre la ética convergente, Remedios de Escalada, Ediciones de la UNLa, 2012.


3 Immanuel Kant, “Sobre un presunto derecho a mentir por amor al prójimo” (trad. Mario Caimi), en: Cuadernos de ética, 2-3. 1987, pp. 9-15.

4 Benjamin Constant, Des réactions politiques, fragmentos traducidos por Mario Caimi en: “La crítica de Constant a Kant”, Cuadernos de ética, 2-3. 1987, pp. 143-151, la cita es de la página 148.

5 Ricardo Maliandi, Ética: conceptos y problemas, op.cit., pp. 177-190

6 Ricardo Maliandi, “Individualización, prueba reflexiva y veracidad”, en: A. Damiani, G. Lariguet, R. Maliandi, Ética y conflicto. Un diálogo filosófico sobre la ética convergente, op.cit., p. 55.


7 Marcelo Eduardo Bonyuan, “Unidimensionalidad pragmática y giro conflictivo”, en X Coloquio de Ética del Discurso, Río Cuarto, 2015.

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