PABLO BADILLO y JOSÉ M

PABLO BADILLO y JOSÉ M. SEVILLA (eds.), La brújula hacia el sur. Estudios de filosofía meridional, Madrid, Biblioteca Nueva, 2016, 230 pp.



La brújula hacia el sur es una compilación de trabajos sobre filosofía meridional, escritos por profesores de universidades españolas e italianas. Sus compiladores dedican este libro al profesor Giuseppe Cacciatore con motivo de su septuagésimo aniversario.

Por lo general, cuando se habla de la filosofía europea del siglo veinte, se suele distinguir entre filosofía anglosajona y filosofía continental. El volumen que presentamos propone explorar la diferencia y las relaciones entre la filosofía del sur y del norte del continente europeo. De esta manera, se indagan las características de los estilos sureño y norteño de la filosofía europea del siglo veinte, atendiendo a numerosos ejemplos históricos de conexiones felices y fallidas entre ambos.

El volumen se abre con un trabajo de Joaquín Abellán dedicado a la recepción de Max Weber y Friedrich Meinecke en la obra de Ortega y Gasset. Esta recepción de Weber estaría condicionada por la traducción de Manuel García Morente del libro Heinrich Rickert Ciencia cultural y ciencia natural o, más específicamente, de ciertas dificultades presentes en la traducción de algunos términos técnicos como Wertbeziehung y Wertung. Estas dificultades se habrían proyectado en las traducciones castellanas del concepto weberiano de Wertfreiheit. A esta dificultad léxica se sumaría cierta vaguedad en la recepción de conceptos fundamentales y la ausencia de información por parte de Ortega respecto al nuevo método propuesto por Weber para la sociología. Un déficit análogo se encuentra en la interpretación del libro de Meinecke, Welbürgertum und Nationalstaat, cuyas tesis Ortega critica partiendo de una comprensión inadecuada de la diferenciación conceptual sobre las que se asienta, a saber Kulturnation y Staatsnation

El volumen continúa con el detallado y exhaustivo estudio de Pablo Badillo O´Farrel respecto de la recepción de las fuentes septentrionales en la filosofía práctica española de la primera mitad del siglo veinte. El estudio consiste en un examen de la influencia de esas fuentes en distintos escritos (publicaciones, manuscritos, memorias universitarias, etc.) de los académicos españoles que ocuparon cátedras universitarias relacionadas con filosofía práctica, es decir, de cátedras españolas de Ética, Derecho Natural, Derecho Político y Filosofía del Derecho en el período indicado. La influencia de la filosofía septentrional sobre estas cátedras fue posible gracias a la Junta de Ampliación de Estudios, institución estatal que financió estadías de investigación en los más prestigiosos centros de investigación europeos y garantizó así la formación científico humanística de los especialistas españoles, hasta el fin de la Guerra Civil. El trabajo demuestra que las grandes corrientes del pensamiento filosófico de la primera mitad del siglo veinte tuvieron una gran influencia sobre la universidad española de la época.

La contribución de Giuseppe Cacciatore trata sobre el pensamiento mediterráneo desde una perspectiva filosófica intercultural. La identidad europea es comprendida en términos dialécticos en relación con la pluralidad de sus determinaciones internas contrapuestas, es decir como una identidad a la vez cristiana y atea, reformada y contrarreformada, árabe y judía, racionalista y materialista, tolerante y dogmática, liberal y totalitaria, oriental y occidental. Esta identidad es presentada filosóficamente mediante el recurso a las concepciones de una agonía europea (Zambrano), de una crisis del espíritu europeo propia de los años treinta (Croce), de un alejamiento voluntario de su telos científico (Husserl) y de una identidad post-nacional (Habermas). Estas concepciones permiten plantear, desde una perspectiva intercultural, la pregunta por una idea europeo-mediterránea de historia desarrollada dialécticamente mediante la contraposición de determinaciones que conforman la doble cara de Europa.

Clementina Cantillo se ocupa de confrontar las filosofías de Ortega y Hegel como un caso significativo de las relaciones entre el pensamiento del norte y el pensamiento del sur. Para ello, examina los escritos en que Ortega deja operar las nociones hegelianas de límite y negación, con el propósito de mostrar la necesidad que tiene, por un lado, la cultura española de salir de sí misma y confrontarse con la cultura alemana y, por el otro, ésta última de enriquecerse con el fecundo componente sureño. Mediante la reconstrucción de las confrontaciones de Ortega con Unamuno, Menéndez y Pelayo y Navarro Ledesma en torno al Quijote, el artículo se detiene en el uso de la antinomia civilización/barbarie y en el signo propio del diálogo con Hegel, en el que Ortega encuentra motivos provechosos para pensar el problema del destino de España y de América, objetándole al filósofo alemán la parálisis logicista del tiempo y el cierre absoluto del futuro.

Miguel A. Pastor Pérez examina la influencia de la filosofía norteña en el pensamiento de Unamuno. Luego de mencionar a Kierkegaard como la conocida fuente de inspiración y de distinguir cuatro tipos de influencias registrables en las obras del pensador vasco (filosófica, teológica, literaria y política), el trabajo se concentra en reconstruir las influencias y afinidades de Unamuno con las concepciones de Kant, Hegel, Marx y Schopenhauer. Respecto del primero, a Unamuno le interesa especialmente la conexión de la metafísica de las costumbres con la teología luterana y la figura de Kant como hombre, antes que como autor. Respecto del segundo, las afinidades se encuentran en la noción de intrahistoria y en la concepción de la religión. Respecto del tercero, debe reconocerse, por un lado, la mediación del socialismo de Loria y, por el otro, la preferencia de Unamuno por el Marx vivo, real y práctico de El Manifiesto, frente al científico de El Capital. Respecto de Schopenhauer pueden registrarse tanto una serie de coincidencias entre el pesimismo de éste y el agonismo del pensador vasco, como una divergencia básica referente a las funciones de la voluntad y la razón en la obra de ambos filósofos.

El trabajo del Antonio Robles Egea trata sobre la confluencia de ideas nórdicas y meridionales en el humanismo y el socialismo del destacado filósofo y político republicano de la generación del '14, Fernando de los Ríos. Para ello presenta tanto las influencias del krausismo español en la Institución Libre de Enseñanza, como las del neokantismo de Cohen, Natorp y Vorländer, que el filósofo español recibe de primera mano en sus estancias de investigación en Jena y Marburgo. El resultado teórico original del trabajo realizado bajo estas influencias es una teoría científica sobre el socialismo de base humanista y sobre un humanismo con fundamento socialista. Basada en una sólida antropología filosófica, esta teoría permite fundamentar una pedagogía social, la actividad educativa del Estado y una concepción del socialismo como imperativo moral y como programa de reformas conducentes a una democracia industrial.

José M. Sevilla presenta el pensamiento sureño de Ortega, examinando distintas obras en las que el filosofo español desarrolla una concepción de la racionalidad problemática, narrativa y viviente. El resultado es el programa de una “filosofía vivible”, es decir del descubrimiento reflexivo de la filosofía como una dimensión peculiar de la realidad, que presupone la voluntad de realizarla. Este programa parte del “tema de nuestro tiempo” consistente en la búsqueda del sentido de lo que nos circunda. Este sentido sólo puede encontrarse en la cultura que salva a la pura vida gracias a la mediación de una racionalidad que sea tanto órgano y función de la vida, como historia germánica y mediterránea. Este resultado le permite a Sevilla analizar la “polémica de la ciencia española”, que Ortega protagonizó con Menendez y Pelayo, así como el necesario encuentro entre la claridad del pensamiento gótico y la de la visión mediterránea, expresada en el ingenioso lema de Gracián: “No basta la sustancia, requiérese también la circunstancia”.

El volumen se cierra con un trabajo de Fulvio Tessitore en torno al lugar filosófico que ocupa Nápoles entre España y Alemania. La conexión de las filosofías napolitana y alemana puede rastrearse, al menos, desde el siglo XVIII, cuando Goethe, inspirado por Filangieri, encuentra en Vico a un Altvater de la cultura europea, pasando por el neoidealismo de Croce y el historicismo crítico y problemático de Piovani, maestro del autor del artículo, quien adhiere a “la tradición vehemente y difícil del principio del límite, de la fundación del límite”, originada en la metafísica crítica de Kant y resumida en el lema sapere aude. En esta tradición se ubican la educación estética de Schiller, la historia universal de Humboldt, los historiadores-filólogos de Niebuhr a Ranke, las ciencias del espíritu de Dilthey, la teología liberal de Troeltsch, la historiografía de Meinecke y el pluralismo radical de Weber, cuya “historia universal de la cultura” permitiría comprender el cosmopolitismo napolitano que aglutinó las grandes culturas de España y Alemania. Esta filosofía del límite se caracteriza por la idea del “vivir desviviéndose” enunciada por el historiador español Américo Castro


ALBERTO DAMIANI

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