Vnculos entre ciencia y filosofa ambiental; perspectivas de antropologa ecofilosfica desde, y ms all, del pensamiento de Arne Naess

Cuadernos de tica, Vol. 30, Nmero extraordinario tica ambiental, 2015.

 

 

 

 

 

VNCULOS ENTRE CIENCIA Y FILOSOFA AMBIENTAL; PERSPECTIVAS DE ANTROPOLOGA ECOFILOSFICA DESDE, Y MS ALL, DEL PENSAMIENTO DE ARNE NAESS

 

 

Alicia Irene Bugallo [*]

 

 

 

 

 

1.- Introduccin

El mvil de este trabajo se remonta a la enriquecedora experiencia del V Congreso Ibero-Inter-Americano de Filosofa Ambiental, Puerto Natales 2013. En aquel momento regres a casa en Buenos Aires con dos bellsimos tesoros: los libros Ecoturismo con lupa en el Parque Omora (Rozzi, Lewis, Massardo, Medina, Moses, Mndez, Sancho, Russell & Goffinet, 2012) y Los bosques en miniatura del Cabo de Hornos. Ecoturismo con lupa (Goffinet, Rozzi, Lewis, Back & Massardo, 2012).

Ambos textos exhiben los resultados de prcticas de investigacin desde las cuales se estudian, comunican y conservan unidades ecosistmicas de nuestro continente, poco percibidas por el imaginario forneo y habitual de la naturaleza. Se enmarcan en el programa de conservacin biocultural en la Reserva de Biosfera Cabo de Hornos y su Parque Etnobotnico Omora, en la ecoregin archipelgica subantrtica al suroeste de Amrica. Entre los objetivos principales est la conservacin biocultural, integrando turismo, cultura, historia, ciencia y educacin. (Rozzi et. al., 2007)

Su lectura activ, en m, reflexiones desde la filosofa ambiental, disciplina que viene desarrollndose en interfase con territorios de las ciencias, la poltica, el arte. Tambin se entrelaza con saberes no cientficos o pre-filosficos, con principios y normas del mundo de la vida, valores, creencias y concepciones ltimas.

Pgina tras pgina, ambos textos nos provocan deleite y asombro sobre dimensiones notables de lo vivo, y mueven a considerar temas no frecuentados por la ecofilosofa. De su variado entramado emergen cuestiones de coevolucin, simbiosis, microbiologa, y nos ubican ms all de la empobrecida clasificacin de lo natural no humano que solemos utilizar los filsofos, como animales y vegetales o fauna y flora. Los rdenes de la vida incluyen moneras (como bacterias), protistas (como protozoos u algas), hongos (como levaduras), animales y vegetales.

Debo reconocer cierta familiaridad con los objetivos de la conservacin biocultural en la regin de Cabo de Hornos, resultado de intercambios y trabajos fecundos con algunos de sus participantes. Diversos investigadores del programa practican una metodologa caracterizada como filosofa ambiental de campo. La filosofa como metodologa puede echar luz sobre los valores ticos, econmicos, epistemolgicos y/o ecolgicos implicados en las iniciativas de investigacin y sus aplicaciones. Se la representa como una secuencia de cuatro pasos: i) Investigacin interdisciplinaria ecolgica y filosfica; ii) Composicin de metforas y relatos simples; iii) Diseo de experiencias de campo guiadas con un sentido ecolgico y tico; iv) Habilitacin de mbitos de conservacin in situ. (Rozzi et al., 2008)

En este marco, la investigacin bio-cultural y la construccin colaborativa de conceptos y actividades educativas y de ecoturismo promueve experiencias transformativas en los estudiantes, investigadores y dems participantes, que transitan desde la investigacin ecolgica-filosfica hacia acciones ticamente responsables. (Bugallo, 2011b, 2012) Ellas estimulan, a su vez, nuevas preguntas de investigacin, metforas rectoras (o sea, aquellas que sirven para cambiar nuestra percepcin de las cosas) y actividades sustentables. No se trata de una fusin o confusin de saberes, sino de los resultados de una escucha mutua prudente y abierta, de una prctica nueva, un estilo de abordaje nuevo, una perspectiva epistemolgica ms acorde al tema que tenemos entre manos: lo ambiental en toda su complejidad. (Pizarro, Ojeda, Contador & Bugallo, 2013)

As, inspirada en estas sinergias interdisciplinarias, intent ciertos cruces con ideas sobre educacin ambiental, tica no cognitivista, ecocentrismo, etc., orientndome hacia la nocin de individuo compuesto, afn a una antropologa ecofilosfica emergente. Todo ello me movi a reactualizar algunas ideas del filsofo y ecsofo noruego Arne Naess, a quien dedico el presente artculo, in memoriam a cinco aos de su muerte. []

 

2.- Paisajes en coevolucin

Los Bosques en Miniatura y Ecoturismo con Lupa ofrecen un profuso marco de imgenes, textos y fotografas; nos permiten vislumbrar la dinmica geo-qumico-biolgica que molde tantos mbitos actuales de coevolucin al sur del continente. As, quedamos frente a un deslumbrante mundo de vida atravesado por procesos incesantes de presin selectiva. La diversificacin de especies impulsa an ms la diversidad, compitiendo por recursos de agua, luz, nutrientes y otros.

La colonizacin posglacial llevada a cabo por diversos tipos de lquenes en la regin ejerci una actividad descomponedora sobre las rocas a medida que quedaban liberadas de su cobertura de hielo. Eso fue aportando una acumulacin progresiva de polvo, sustrato apto para la ocupacin y sostenimiento gradual de otros vivientes y la formacin de suelos ms complejos para musgos y hepticas (brifitas), plantas vasculares, invertebrados, vertebrados, bosques, etc., tal como proliferan hoy.

Las perspectivas sobre la evolucin de la vida han sido y siguen siendo relevantes para la filosofa ambiental; en particular, lo han sido para Arne Naess, quien distingua el finalismo fcil de la naturaleza (de herencia darwiniana) frente a un finalismo crtico (ms acorde con los aportes de la biologa contempornea). El primero tiende a considerar que las formas de vida previas seran meros escalones para alcanzar lo que est por venir. El segundo sostiene que la aparicin de formas ms complejas o superiores no supone que otras configuraciones de vida conformadas previamente, perfectas o completas en s mismas, deban dejar de estar vigentes. (Naess, 1978a)

Desde ese finalismo crtico Naess consider que la evolucin tampoco responde a un telos, si por tal se entiende que una bacteria por ejemplo- deje de tener alguna funcin al emerger otra forma ms compleja de vida. En su visin, el desarrollo de formas de vida superiores no hace a los eclogos o bilogos de campo menos de la Universidad exaltadores de otras formas de vida consideradas inferiores, muchas de las cuales han florecido hace incontables millones de aos y se preservan an fuertes. La idea es llamar la atencin sobre la multitud magnificente de expresiones de vida, apreciando su diversidad ms all de un ranking o estndar de excelencia. (Naess, 1995)

Adems de las mutaciones y recombinaciones de ADN como mecanismos evolutivos de los seres vivos unicelulares, debe considerarse la simbiosis como posibilitador de evolucin en los seres pluricelulares. Para Margulis & Sagan (1995) la misma se define como una relacin de mutuo beneficio entre dos especies distintas, que puede llegar a ser estable y obligatoria. Los autores consideran que la simbiognesis o endosimbiosis no indica slo estrategias para matar, explotar al otro o hacerlo desaparecer. Por el contrario, implicara un importantsimo paso en la organizacin de la vida, como fue en su momento la aparicin de las clulas eucariotas (nucleadas).

Retomando las imgenes de nuestros libros, antes de aquellos procesos de colonizacin primaria los lquenes ya haba devenido el resultado de la coevolucin simbitica entre un hongo y un alga asociada. La coevolucin est protagonizada por individuos compuestos. Todo viviente es una individualidad compuesta, su ser actual es el resultado de interacciones, composiciones y descomposiciones. No debe considerrselo desde una esencia simple y fija ya que resulta en s mismo de una compatibilizacin coevolucionada relacional. (Dirzo & Thompson, 2009)

 

3.- Composiciones relacionales

Recuerdo en este punto, cmo el estudio de Naess me condujo persuasivamente hacia la lectura del filsofo holands Baruch Spinoza (1632-1677); en particular, destacamos ac su nocin de individuo compuesto. Encontramos en la tica de Spinoza un carcter relacional, estructural o sistmico en las nociones de cuerpo, de cosa singular, de individuo, que resuenan significativas para algunos abordajes de la filosofa ambiental contempornea. As, podemos citar [] de la tica:

 

Entiendo por cosas singulares las cosas que son finitas y tienen una existencia limitada; y si varios individuos cooperan a una sola accin de tal manera que todos sean a la vez causa de un solo efecto, los considero a todos ellos, en este aspecto, como una sola cosa singular. EIIDef. 7.

 

Esta suerte de endosimbiosis como diramos hoy-, se acenta en proposiciones subsiguientes:

 

Cuando ciertos cuerpos, de igual o distinta magnitud, son compelidos por los dems cuerpos de tal modo que se aplican unos contra otros, o bien si es que se mueven con igual o distinto grado de velocidad- de modo tal que se comuniquen unos a otros sus movimientos segn una cierta relacin, diremos que esos cuerpos estn unidos entre s y que todos juntos componen un solo cuerpo, o sea, un individuo que se distingue de los dems por medio de dicha unin de cuerpos. EIIP13Def.

 

Lo que constituye la forma de un individuo (su realidad objetiva, en Spinoza) consiste en una unin de cuerpos, unin que es relacin entre dichos cuerpos componentes, y tal forma (realidad objetiva) queda constituida por esas relaciones internas entre las partes y no por la mera suma de ellas:

 

 

Si de un cuerpo o individuo compuesto de varios cuerpos se separan ciertos cuerpos, y a la vez otros tantos de la misma naturaleza ocupan el lugar de aquellos, ese individuo conservar su naturaleza tal y como era antes, sin cambio alguno en su forma. EIIL.4

Un individuo as compuesto conserva, adems, su naturaleza, ya se mueva todo l, ya est en reposo, ya se mueva en un sentido, ya en otro, con tal que cada parte conserve su movimiento y lo comunique a las dems como antes. EIIL.7

 

 

De este modo, Spinoza eliminaba la idea de una identidad sustancial tradicional (de corte aristotlico, por ejemplo), a favor de una identidad compuesta que se mantiene a nivel de las relaciones que el compuesto posee internamente. Lo que identificamos como un cuerpo es, para Spinoza, meramente una relacin temporalmente estable.

Pero ms all de este individuo compuesto por cuerpos, el filsofo judo concibe otro individuo de segundo gnero, conformado por individuos compuestos, y al que se aplicaran las mismas propiedades que para los individuos del primer gnero; y luego un tercer gnero de individuos formados por individuos compuestos del segundo gnero, y as hasta el infinito.

Esta tendencia inspir al filsofo noruego para su lectura ambiental de Spinoza.[] Por su parte, el prefiri hablar de gestalts subordinadas a otras gestalts superordinadas, donde la parte se comprende en funcin de esos contextos relacionales. (Naess, 1989a) Frente al lema de que el todo es ms que la suma de las partes o que es menos que la suma de las partes, segn la configuracin del caso, sugiere como alternativa la frase la parte es ms que una parte; sera un orden estructural relacional, una gestalt subordinada de una gestalt ms abarcadora. (En efecto, la cianobacteria o el alga verde del liquen son ms que una mera parte de un todo, ya que son en s mismas relacionales, relata)

 

4.- De la experiencia al concepto y viceversa

As como indicamos una cercana manifiesta entre la aproximacin gestltica naessiana y la ontologa relacional de Spinoza, tambin queremos recuperar en este trabajo el fuerte impacto que tuvo en Naess la nocin de experiencia tomada del empirismo radical del filsofo pragmatista estadounidense William James. (1842-1910)

Ambos pensadores destacan la importancia de un tipo de experiencia: de la realidad en su pluralidad (James) o reveladora del campo relacional gestltico (Naess); no estaramos ante una instancia racional, conceptual, intelectual, sino vivencia inmediata emocional, plena de contenido. Para ilustrar a James seguiremos su libro Un universo pluralista.

En el campo de la lgica, reclama James (2009), las distinciones pueden ser aislantes, pero en la vida las cosas distintas pueden estar o estn en comunin en todo momento. As, llama a colocarse, por simpata viviente, en el punto de vista del hacer interior de toda cosa, tan distinto de las abstracciones simples del concepto. La realidad decae, para James (2009), entrando en el anlisis conceptual; aumenta viviendo su propia vida indivisa echa brotes y florece, cambia y crea-. La conceptualizacin es considerada una diseccin post-mortem de la realidad, un emparchado retrospectivo.

La intencin de James (2009) es instalarnos dentro de la densidad viviente, mvil, activa, de lo real, instalarnos en el movimiento fenomnico. La filosofa debera buscar este tipo de entendimiento viviente del movimiento de la realidad, no seguir a la ciencia en el emparchado vano de los fragmentos de sus resultados muertos.

Desde lo que Naess consideraba como perspectiva galileana (1989a), la realidad queda caracterizada por sus propiedades primarias fsico-matemticas como medida, forma, posicin, movimiento, peso, las cuales son objetivas, cuantificables, y pertenecen a la cosa en s misma. Otras cualidades secundarias como rojo, blanco, caliente, cido, rugoso, indicaran aspectos vinculados a nuestros sentidos de percepcin, o sea, aspectos de cmo las cosas son para nosotros.

Naess (1989a) hizo referencia tambin a unas cualidades terciarias, perceptualmente complejas, tales como gozo, vivacidad, estar amenazado, abatimiento, gravedad o solemnidad de un rbol, grandiosidad de un paisaje o placidez de un curso de agua. Para el pensador noruego las cualidades experimentadas (secundarias y terciarias)- a las cuales tenemos acceso por modos diversos de relacin- son la realidad misma. Expresan los contenidos concretos de la realidad.

James (2009) promueve su idea de una experiencia pura y Naess (1989a) destaca la riqueza de una experiencia espontnea.[**] Es imprescindible traducir la experiencia concreta o pura a una forma ms intelectualizada? Ambos autores refieren, de modo bastante anlogo, las muchas ventajas aunque tambin las limitaciones- del pensamiento raciocinante y abstracto.

James (2009) parte de la respuesta naturalista a los crudos hechos: el ambiente, as como nos da sustento, tambin nos mata. Ante esta situacin, dividir el continuo de la experiencia en sus elementos, tendra una relevancia prctica para la vida. Las partes son analizadas fuera del continuo, fijadas verbalmente y asociadas, de modo que podamos saber, por ejemplo y llegado el caso, qu nos trae el viento y prepararnos para reaccionar a tiempo.

Si la experiencia pura hubiese sido siempre saludable, dicen los naturalistas, nunca hubiese surgido la necesidad de aislar o verbalizar ninguno de sus trminos. Sin embargo, James propone limitar esta tendencia, de tal modo que cada vez que conceptualizamos o intelectualizamos una experiencia relativamente pura, deberamos hacerlo en aras de volver a descender otra vez al nivel ms puro o ms concreto.

Los intelectualistas, contina James (2009), estn de acuerdo en que nuestro intelecto se origin como un medio prctico para ayudar a la vida, pero no estaran de acuerdo en que volvamos a zambullirnos sucesivamente en la experiencia inefable. Si bien la comprensin de la verdad puede ser til para la vida, luego se transforma en verdad absoluta o se la considera un fin en s mismo; la vida queda entonces resumida al logro o bsqueda de la verdad, y no a la inversa. Los conceptos, empleados primero para hacer inteligibles a las cosas, son aferrados incluso cuando las hacen ininteligibles.

Naess (1989a), por su parte, sostiene que la distincin y el anlisis son tiles y dentro de determinados lmites, pero no deben ser absolutizados. Para pensar y comunicarse necesitamos distinguir, separar; de otro modo la orientacin sera imposible. Pero las cosas relacionadas (relata) no son cosas o entidades en si mismas, a pesar de la existencia de palabras o frases que sugieren la posibilidad de su separacin mutua. Las relaciones entre relata son internas. Las propiedades experimentadas no son relativas, son relacionales.

Tanto James como Naess (y por supuesto en Spinoza) concibieron la realidad como infinitamente rica e inabarcable. Slo los conceptos son idnticos a s mismos; slo la razn trata con ecuaciones cerradas. La naturaleza no es ms que un nombre para el exceso (James, 2009, p. 179).[]

 

5.- Otros modos de conocer, decir y hacer

La antropologa cultural y la filosofa ambiental de campo entre otras aproximaciones- vienen subrayando que la experiencia (no slo histrica sino tambin actual) de ciertas etnias, o de ciertos grupos rurales, adems de estar embebida en sus creencias y percepciones, condicionada por su historia, lenguaje, normas sociales, etc., es ms inmediata y sensorial.

La metodologa de la filosofa ambiental de campo orienta un camino (o proceso en espiral) terico-prctico, que incorpora asunciones valorativas y ontolgicas hacia prcticas eco-culturalmente contextualizadas. En principio, supone estilos de prctica profesional menos estructurados, de contacto directo con la realidad del lugar, humana y no humana.

Como observara Ricardo Rozzi (2004):

 

Para atisbar tal vastedad de modos de vida y experimentar la inagotable diversidad de percepciones frente a esta asombrosa ramificacin de expresiones biticas y culturales, es necesario desembarazarnos de los nmeros y de otros conceptos universales e ir al encuentro directo con cada ser vivo, humano o no humano. Esta ruptura con el encierro del cuerpo conceptual cientfico-tecnolgico-industrial de la Modernidad respecto de la naturaleza, nos permite traspasar el umbral de los discursos y nmeros universalizantes para encontrarnos cara a cara con la inaprensible riqueza de cada rbol, cada nia, cada cascada. Recuperamos as la percepcin de las particularidades de cada ser. Tal recuperacin es imprescindible para establecer relaciones de respeto en el conocimiento y la convivencia con seres que hoy suelen quedar ocultos tras los nmeros y los conceptos. (Rozzi, 2004, p.84)

 

 

Por su parte, todas las modalidades de la ecofilosofa han coincidido en que la problemtica ambiental global demanda un cuestionamiento acerca de los modos en que habitamos y conocemos el mundo. La ecologa, como ciencia, no necesariamente provee lineamientos para orientar el accionar humano. Se ha sostenido que el movimiento ambientalista debe ser ecofilosfico o ecosfico, ms que ecolgico. En palabras de Naess:

 

Por una ecosofa yo entiendo una filosofa de la armona ecolgica o del equilibrio. Una filosofa como un tipo de sofa o sabidura, es abiertamente normativa, contiene tanto normas, reglas, postulados, anuncios sobre prioridad de valores e hiptesis concernientes al estado de los hechos en nuestro universo. Sabidura es sabidura poltica, prescripcin, no slo descripcin cientfica y prediccin. (Naess, 1973, p.8)

 

 

 

La sabidura representa, para Naess, una exigencia incondicionada de autorrealizacin humana plena; adems, pertenece al orden del compromiso y del riesgo. Adhiriendo a una sabidura, interpretando el mundo y nuestra accin, nos arriesgamos. La ciencia, en cambio, en sus procedimientos, no se arriesga o ha intentado mantenerse neutral.

Desde la primera propuesta del Movimiento Ecologa Profunda en 1972 (una segunda versin fue elaborada en 1984 junto con el filsofo estadounidense George Sessions), Naess se mostr internalizando conceptos de la ecologa del siglo XX tales como complejidad, diversidad y simbiosis, aunque con prevenciones:

 

() las normas y las tendencias del movimiento ecologa profunda no estn derivadas de la ecologa lgicamente ni por induccin. El conocimiento ecolgico y el estilo de vida del eclogo de campo han sugerido, inspirado y fortalecido las perspectivas del movimiento (). (Naess, 1973, p.7)

 

 

Al estar supuestamente lejos del laboratorio y en contacto directo con la diversidad viviente, Naess considera al bilogo o eclogo de campo en mejores condiciones para comprender el hecho de que todos los seres tengan igual derecho a vivir y florecer, lo cual captara de un modo ms intuitivo, directo. Se posibilitan as experiencias de co-habitar con diversos seres vivos, con historias de vida e instituciones que regularmente permanecen lejos de los mbitos considerados en la educacin formal y la toma de decisiones en poltica ambiental. (Pizarro et al., 2013)

Con frecuencia, sus rutinas resultan en un ir al encuentro con cada uno de los seres que laten vitalmente en nuestros entornos:

 

Es en esos momentos de encuentro con un ser particular humano o no humano, que pueden transformarse nuestros pre-conceptos y surgir nuevas percepciones y comprensiones acerca del otro ser. Se establece una relacin cognitiva nica que va generando una relacin de convivencia nica. As, las relaciones cientfico-cognitivas son al mismo tiempo relaciones de convivencia con el ser vivo observado y comprendido. ((Rozzi, 2004, p.84)

 

 

Las actividades duras de recopilacin de informacin, cuantificaciones, registros, correccin de hiptesis parecen responder tambin a la interpelacin blanda de la emocionalidad existencial, el redescubrimiento de valores, la reflexin ms profunda. (Pizarro et al, 2013, Bugallo, 2012)

6.- Antropocentrismo dbil, pluralismo, sabidura

No toda la especie humana, ni tampoco toda la cultura occidental estn en conflicto con la biodiversidad o la naturaleza; por ejemplo, no lo estn diversas etnias en distintas regiones del planeta, diversos grupos sociales, numerosas personas y pensadores de la sociedad industrial. Slo algunas actitudes, aunque muy dominantes y expandidas, generan los principales problemas ambientales. El reconocimiento de la vulnerabilidad de los procesos biosfricos a causa del accionar antrpico torna al antropocentrismo fuerte conflictivo y peligroso para la vida humana y no humana. Ante esto, un preferible antropocentrismo dbil se perfila como ms responsable de sus actos en tanto tendra en cuenta las condiciones globales de la vida humana y no humana en perspectiva a largo plazo, segn la propuesta del filsofo ambiental estadounidense Bryan Norton (1984)

Desde un antropocentrismo dbil, se supone que asumimos preferencias consideradas (considered preferences) meditadas, reconociendo lmites al accionar humano y en coherencia con un principio racional, universalizable. Norton (1984) propuso como principio bsico orientador el mantenimiento indefinido de la conciencia humana. En sentido coincidente, Hans Jonas (1995) estructur el imperativo: Obra de tal manera que los efectos de tu accin sean compatibles con la permanencia de una vida humana autntica en la Tierra.

Paralelamente Naess (1984) propona como principio bsico, universalizable, orientador: el mantenimiento de las condiciones de bienestar y florecimiento de la vida humana y no humana. La idea de respetar la diversidad y alentar la simbiosis, presente en el espritu del movimiento ecologa profunda, mueve a garantizar la persistencia de un mundo rico y variado en formas de vida, donde la preferencia por el vivir y dejar vivir instala una tica de la tolerancia. El orden del mundo no es ni bueno ni malo, no es moral. La justicia humana, lo moral propiamente dicho, no es una ley natural sino una creacin social interhumana.

Pero del mismo modo, sostuvo Naess (1978a), tampoco existe una ley natural que impida la tarea de ampliar nuestras consideraciones sobre piedad y justicia ms all de las establecidas en el mbito de las relaciones interhumanas, hacia viviente no humanos. As, su idea de igualitarismo biosfrico en principio (o biocentrismo, como se di en llamar). (Naess, 1973) El postulado incorpora en principio como reconocimiento de que toda prctica real implica algn grado de matanza, explotacin y supresin. La vida se desarrolla en relaciones trficas, comemos y somos comidos en procesos de interferencia constante.[]

Si el postulado dijera slo igualitarismo biosfrico sin la salvedad 2en principio podra ser considerado fundamentalismo misantrpico. Y hecho lo fue, porque el postulado se difundi de modo disociado y no integralmente. Considerar un igualitarismo biosfrico sin mas, sostiene Naess, puede llevar a consecuencias absurdas, como el dejar a todas las especies multiplicarse independientemente de las consecuencias que ello pueda acarrear a la especie humana; o prohibir todo tipo de manejo de fauna silvestre, por ejemplo. Nuestro autor recuerda la vieja regla de juzgar y decidir segn las diferentes prioridades; para Naess tiene prioridad lo ms cercano sobre lo ms distante: la familia sobre los amigos, el sufrimiento en nuestra nacin sobre el de otras naciones. ticamente, estas preferencias se justificaran en el poder de actuar o ayudar, ya que seramos ms aptos para colaborar con lo ms cercano a nosotros.

Slo un fantico adorador de la naturaleza puede sostener ese principio en sentido absolutizado. Todo principio general, tomado estrictamente y fuera de contexto, puede conducir al fanatismo. La misma buena norma de no hagas a los dems lo que no quieres que te hagan a ti tomada y aplicada en abstracto, puede resultar un absurdo. Por tal motivo, la misma debe ser contextualizada en un marco social determinado, tomando en cuenta ciertas diferencias en las prioridades. Frente al movimiento de liberacin animal aplicado a todos los animales sensibles, antes que pensar la propuesta como bsqueda de la mayor felicidad para el mayor nmero, prefiri adoptar la mxima ms realista de el menor sufrimiento para el menor nmero .(Naess, 1978b, p.7).

El uso de trminos como biocentrismo gener, durante los primeros tiempos de aparicin de la ecofilosofa, un gran malestar entre ciertos crticos, acusando a la propuesta de escndalo misantrpico. Para el ecofilsofo estadounidense Andrew Light (2002), el problema central consiste en persuadir a los encargados de las polticas ambientales y al pblico en general de que sigan la senda de la proteccin y la rehabilitacin del entorno. Dado que las intuiciones morales de la gente normalmente se expresan en trminos antropocntricos o exclusivamente humanos, es importante que los especialistas en tica ambiental modifiquen la direccin de sus esfuerzos y reconsideren el uso de argumentos no antropocntricos, no tanto porque sean falsos, sino porque hasta ahora han sido ineficaces.

Segn Light (2002) el filsofo ambiental pertenece no slo a la comunidad acadmica filosfica, sino a la comunidad ambientalista. sino a la comunidad ambientalista. La prctica le demandar asumir posturas antropocntricas ms all de sus preferencias personales- por razones, digamos, estratgicas, para lograr un mayor nmero de adhesiones.

Efectivamente y en los tiempos que corren, dado el carcter globalizado y multicultural de la mayora de las sociedades contemporneas, el desafo poltico de cualquier filsofo ambiental puede ser cmo lograr que los seres humanos vivamos: a) de acuerdo con la naturaleza, b) en una misma comunidad, c) con gente que tiene nociones distintas acerca del sentido de la vida humana y de la naturaleza misma.

Entonces, disear acuerdos mnimos acerca de qu herramientas conceptuales, lingsticas o persuasivas se han de usar, se torna esencial para la cooperacin social y el avance de la filosofa ambiental misma. Frente al desafo de imaginar un futuro para la humanidad, Naess llama a la colaboracin de la antropologa cultural como fuente de informacin para sugerir qu aspectos positivos de las culturas pueden ser subrayados y hasta qu punto las tendencias negativas pueden ser evitadas.

En Culture and Environment (Naess, 2005) admite que numerosas prospectivas de la sociedad sustentable futura reflejan un estilo de vida bastante uniforme y tienden a pensar el camino hacia la sociedad ecolgicamente sustentable como si fuera la realizacin de, o la tarea de, una sola cultura. En su opinin, la riqueza y diversidad de las culturas del futuro es un gran ideal; tal vez sea el nico camino para el logro de futuros desarrollos de la especie humana. Entre alguna de tales tradiciones, es posible encontrar sofisticadas prcticas tcnicas ecolgicas y estilos de vida beneficiosos. La influencia de las sociedades industriales, incluyendo el turismo masivo, se ha incrementado en intensidad durante el siglo XX y salvo unas pocas excepciones, ha sido negativa.

Ante las dificultades y desafos reales, algunos filsofos neo-pragmatistas contemporneos han propuesto incluso otro modo de interpretar el sentido de sabidura. Resulta ilustrativo el trabajo del neopragmatista estadounidense Richard Rorty (2002), quien en su libro Filosofa y futuro dedica un significativo captulo a Spinoza, el pragmatismo y el amor a la sabidura. All sugiere:

 

Como va para resolver esta tensin, quiero proponer una definicin del trmino sabidura. Podemos usar este trmino para aludir al equilibrio adecuado entre estas dos virtudes: la virtud de escuchar a los dems con la esperanza de que puedan tener ideas mejores que las propias y la virtud de mantenerse firme hasta que a uno lo convencen sin lugar a dudas de que los propios criterios han sido desbancados. Es obvio que se trata de un equilibrio muy difcil, pero nadie ha dicho nunca que fuera fcil alcanzar la sabidura. A menudo decimos que Scrates y Spinoza la alcanzaron. Creo que una de las razones por las que lo decimos es que parecen haber logrado ese equilibrio. (Rorty, 2002, pp.117-18)

 

 

Podramos decir que Naess fue un sabio, un ecsofo? Con bastante eficacia ha podido compartir sus convicciones privadas con algunos seres afines, al mismo tiempo que ha ejercitado la discusin y la indagacin disciplinada entre los afines y los divergentes, lo cual es apropiado para la gestacin de los discursos y polticas pblicas centradas en proyectos comunes.

Por un lado supo sostener su propia ecosofa personal (la ecosophy T) [] a partir del valor de la autorrealizacin para todos los vivientes, en principio. Por otro promovi, en determinadas circunstancias y para determinados objetivos, la propuesta de un artificio poltico en sentido amplio: un movimiento social de base como el Movimiento Ecologa Profunda. Este inters ms pblico estuvo complementado por la tarea ms privada de reflexin o contemplacin filosfica.

Ambas prcticas responden a trminos de su bagaje existencial, como diversidad, no violencia, ecuanimidad, igualitarismo, austeridad, fortaleza. Frente a los desafos de la problemtica ambiental, austeridad se entender como la cualidad de una vida rica en logros de valor intrnseco, auque simple en los medios utilizados. La fortaleza ser requerida para sostener una lucha no violenta a favor de la integridad del ambiente, a favor de las tecnologas blandas, de la diversidad cultural, de estilos de vida decentes y ambientalmente compatibles.

 

7.- Entre el deber y la accin bella

En el eplogo a Los bosques en miniatura del Cabo de Hornos. Ecoturismo con lupa titulado Sobre el ver cmo, J. Britt Holbrook sintetiza la importancia terico-prctica del considerando o ver-cmo (seeing-as). El autor reconoce que el cambio de percepcin desde un ver fundamentalmente bosques de rboles a ver adems bosques de brifitas- es ms difcil de lo que parece. No se trata de estudiar slo las plantas vasculares, sino de incorporar la amplia dimensin de las no vasculares.

 

Si la preservacin de la diversidad de especies del mundo es del mayor valor para la biologa de la conservacin, entonces la biologa de la conservacin debe poner atencin a todas las especies del mundo. (Holbrook, 2012, p. 417) () La lgica de este argumento es ineludible. Pero la lgica por s sola rara vez motiva a la accin. Del mismo modo, los hechos cientficos presentados en este libro nunca, por s mismos, garantizarn que los lquenes, musgos y otras brifitas que conforman los bosques en miniatura del Cabo de Hornos sean conservados. (Holbrook, 2012, p.419)

 

 

Qu es lo que podra fortalecer o complementar eso que la lgica o el conociendo cientfico por s solos no alcanzaran a lograr? Las puntuaciones de Holbrook, Rozzi y otros pensadores que venimos siguiendo en este trabajo remiten las posibilidades de una tica ambiental fundamentada no slo en conocimientos cientficos sino adems en otros saberes y valores.

Naess consideraba que un desarrollador (empresario, poltico, gestor ambiental) suele experimentar el ambiente en trminos del espacio abstracto de los mapas, ve kilmetros cuadrados de rboles; piensa desde una visin galileana. Entonces, cualquier llamado a salvar la naturaleza basado en referencias a las cualidades sensoriales de algn tipo, resulta sin sentido. Expresiones de sentir profundo, empata o identificacin con los fenmenos naturales, pueden ser consideradas irrelevante.

Para Naess sera fundamental clarificar estas diferencias a nivel ontolgico -ms que a nivel moral o tico-, lo cual contribuira a su vez en la clarificacin de diferentes polticas ambientales y sus bases ticas. (Naess, 1989a) Nuestro autor reconoce la fuerte moralizacin que caracterizaba al movimiento ambiental dcadas atrs, la cual, desafortunadamente, le ha dado al pblico la falsa impresin de que lo primero que se les exige es un sacrificio; mayor responsabilidad o mayor compromiso aparecera ligado a mayores limitaciones -por lo general indeseadas. (Naess, 1987)

A la deontologa que nos indica lo que hay que hacer- no le interesa tanto si deseamos hacerlo; simplemente observa si cumplimos con el deber o no, incluso en contra de nuestra voluntad o inclinacin hacia ello; se trata de seguir un mandato, imperativo categrico o simplemente el deber.

En la conferencia Beautiful Action. Its Function in the Ecological Crisis (1993) el filsofo noruego retom la distincin kantiana entre accin moral y accin bella. Un acto puede ser propiamente llamado moral si, y slo si, est motivado por el respeto a la ley moral. La accin moral se concreta simplemente porque es un deber; no hay otro motivo. Segn Naess, podra darse el caso de que llevemos a cabo una accin que prescribe la ley moral, -aunque no slo por respeto a ella- sino porque nos sentimos inclinados a actuar de tal modo o al menos porque sentimos parcialmente esa inclinacin como algo natural.

Naess ha propiciado la transformacin psicolgica por la cual el sujeto no se somete a un designio externo a su sensibilidad (moral heternoma), sino que llega por s mismo a la necesidad de tales cambios (moral autnoma). Su inters se inclina hacia una tica psicolgica antes que una tica del deber. Mientras el cumplimiento del deber puede estar frecuentemente asociado a conflictos de la voluntad entre tendencias contrapuestas, Naess (1993) caracteriza a las acciones bellas como emocionalmente libres de conflicto.

Las simplificaciones voluntarias de los estilos de vida que promueven algunos ambientalistas radicales estn probablemente dentro de nuestras capacidades, pero, agrega Naess estn tambin dentro de nuestros deseos? Y los deseos cuentan. Nada va a forzarnos necesariamente a vivir en forma ms humilde.

Las ticas ambientales surgidas en las ltimas dcadas asumen que deberamos cuidar de la naturaleza en s misma -slo si ella tiene algn valor intrnseco-. Pero tambin podramos ser cuidadosos del resto de la naturaleza por razones que no tienen nada que ver con el hecho de si tiene un valor intrnseco, inherente o algn otro valor. Tal cuidado puede surgir, segn Naess, desde una percepcin de la interrelacin con el resto de la naturaleza o del amor por lo existente. Si primero se fomentara una aproximacin a la realidad en su ser profundo interrelacional, no hara falta imponer normas de conducta apropiadas desde afuera. La solidaridad, ms que un deber es un hecho que se puede volver a re-conocer. Nadie est obligado a amar al prjimo como a s mismo, pero puede experimentar naturalmente tal sentimiento ampliando su yo ms all de s mismo. (Naess, 1987)

 

8.- Ser-ah-juntos, un comprender que exige

Por nuestros colegas promotores y practicantes de la filosofa ambiental de campo en proyectos de conservacin biocultural, sabemos que los mismos implican no slo rutinas de laboratorio o salidas a campo sino adems y muy especialmente- la posibilidad de encuentros directos. (Pizarro et al., 2013) Qu agregara un encuentro directo al mero trabajo de campo?

En primer lugar puede fomentar el sentido de apreciacin, insight o sentimientos de cercana con seres vivos no humanos. El Ecoturismo con Lupa no slo amplifica la visin sobre los musgos y otros organismos (); tambin nos entrega una lupa que ampla nuestra imagen mental, perceptual, afectiva sobre la naturaleza y nuestra relacin con ella (Rozzi et al. 2012, p.126).

La ciencia nos ensea que la respiracin de las clulas de los musgos, los humanos y el conjunto de los seres vivos comparte un impulso vital comn (Rozzi et al. 2012, p.126). Todos los seres vivos pluricelulares estamos formados de clulas que poseen mitocondrias, ncleo y otras estructuras y procesos fisiolgicos que son comunes (Goffinet, Rozzi, Lewis. Buck & Massardo, 2012, p.19).

La percepcin del pulso comn entre los seres vivos abre a distintos caminos de identificacin, por continuidad, por comunalidad, por similaridad. Se destaca una comunalidad en las tendencias e intereses, ya que esos organismos respiran, crecen y se reproducen lo mismo que nosotros (Rozzi et al. 2012, p.126). Y tambin una similaridad funcional en el carcter tcnico de la resolucin de la vida. Para respirar, crecer, reproducirse, ponen en juego un asombroso conjunto de recursos tcnicos instrumentales tanto internos (endosomticos) como externos a sus cuerpos (extrasomticos).

La vida suele ser descripta como proceso, construccin autopoitica, tecnicidad. (Capra, 2003, Margulis & Sagan, 1995) En coincidencia, ambos libros de referencia destacan reiteradas menciones a la variedad de construcciones de estructuras reproductivas altamente especializadas, con frecuencia estacionales; manejo de otras especies para fines reproductivos, simbiosis, ciclos races-hongos, etc.; mecanismos de colonizacin de nuevos sitios; tcnicas constructivas para incrementar las posibilidades de fotosntesis, y tantos otros. El valor instrumental de la economa de la vida no es crematstico aunque s vital.

Hasta donde nos parece comprender, tales experiencias de comprensin de lo comn en el proceso vital biosfrico, de la continuidad de vectores clave que siguen cumpliendo a travs de millones de aos- funciones esenciales en el mantenimiento de toda vida, o la captacin de la riqueza de estrategias tcnicas que posibilitan toda supervivencia, han venido acompaadas de algn tipo de vivencia de empata.

Desde Naess, la identificacin y en contra de las crticas que se le han hecho- no reduce al otro-que-humano a una mera proyeccin personal humana; se trata ms bien de un estar-juntos, intimando con una multitud de seres distintos, humanos o no. La otredad no es otro-absolutamente-discontinuo-conmigo, aunque diferenciable. Es ms; lo que le pasa a los otros no es idntico a lo que nos pasa, pero segn Naess podemos no ser indiferentes; los intereses de uno y otro no son indistintos, pero pueden experimentarse aspectos como similares.

Ms de una vez el pensador noruego se refiri a su cabaa Tvergastein describindola de algn modo como viva. As las rocas del lugar, las estrellas en la noche a travs de la ventana... Para Naess no se trata de una proyeccin de la psicologa personal sobre el mundo inanimado, de burdo antropomorfismo. Contrariamente, lo otro contribuye a una produccin o revelacin de aspectos del s mismo.

Llamar vivos a estos elementos, piedras, bosques, cursos de agua, hielos, no exige, para Naess, que pensemos en ellos en los mismos trminos que lo hace la biologa. Pero s implica ratificar que son fuerzas activas en el mundo, entidades diversas y expresivas desde su propio incesante proceso natural- que ejercen un tipo de influencia bsica, elemental, en su entorno, imponindose en el paisaje y proponiendo ciertas demandas a aquellos que estn en su presencia. Y nos dice:

 

Y el Self ecolgico es el s mismo que est en dilogo con esas diferencias, el self que no talla su nombre en las cosas sino que es tallado l mismo por ellas, las contiene. Es el self que ha internalizado sus relaciones con el mundo a tal punto que slo puede ser descrito como un ser cuya forma cabal es un serah-juntos. (en Diehm, 2003, p.40)

 

 

Frecuentemente, los encuentros directos han promovido la experiencia del asombro y maravillamiento; y, creemos tambin, es probable que abran a nuevas preguntas, o muevan a profundizar nuestras filosofas. Al menos procuran alertar sobre el sostenimiento de una dicotoma ontolgica entre el yo y el otro, entre lo biolgico y lo cultural, entre lo racional y afectivo, y nos invita a comprender que el respeto por otros seres significa a la vez un respeto por nosotros mismos y la expresin del amor por la vida en su autodespliegue. (Rozzi, 2004)

Adems del valor instrumental y econmico que provee la biodiversidad, suele rescatarse, entonces, otra dimensin de valor intrnseco de la vida en su despliegue evolutivo, como por ejemplo:

 

Respecto al valor intrnseco, estas pequeas plantas, al igual que los seres humanos, estn formadas por clulas, rganos reproductivos y de nutricin, y son bellas. Esta comprensin nos exige que no slo las usemos sino que tambin las cuidemos y respetemos en cuanto seres vivos que poseen un valor en s mismos. (Goffinet et al. 2012, p.20) (la cursiva es nuestra)

 

 

Resaltar las implicancias de la comprensin es frecuente en los dos libros de referencia que vamos releyendo. No se tratara slo de un saber a partir de datos, ni de una conceptualizacin lgica descarnada. En el contexto de la praxis compleja y multidimensional de una filosofa ambiental de campo, comprensin tiene ms que ver con causar, liberar, aprehender el conocimiento, no simplemente poseerlo.

Destaco cmo Naess insista en que las unidades de comprensin no son proposiciones. sino actos, resaltando el carcter activo y dinmico de concepto en tanto concepcin, como sustantivacin de concebir. En su momento, Naess haba propuesto el neologismo lambanologa (Naess, 1975), trmino derivado del verbo griego lambno: tomar, agarrar, aprehender, comprender, entre otros sentidos. Lo consideraba ms proactivo que el trmino epistemologa al que senta esttico y platnico.

En este contexto, entonces, una comprensin que nos exige no parece apuntar a una tica cognitivista que derive algunos deberes para la accin a partir de conocimientos objetivos sobre lo que es. Esto no quiere decir que se fomente una desconexin con la realidad, sino una tica fundada en el sentido de apreciacin, insight, o sentimientos de cercana con seres vivos no humanos, o asombro y maravillamiento.

Adems, un estilo no fundacionista, no exclusivamente cognitivista de ver la tica, facilitara la reflexin moral y nos hara ms conscientes de nuestra propia escala de valores, volviendo ms eficaz nuestro actuar y aumentando la comprensin de quienes sustentan un cdigo moral diferente (Zavadivker, 2004, p.146).

La exigencia implica tambin una necesidad a nivel de los medios, un deber de hacer algo (como un medio) si deseo otra cosa mejor (como un fin). Promueve obligaciones de proponer y desarrollar direcciones adecuadas para alcanzar un fin preferible. Si tomamos el ejemplo del Jardn de los bosques en miniatura del Cabo de Hornos:

 

La experiencia de construir el jardn y sus senderos interpretativos ayud a comprender que para conservar la biodiversidad y aprender formar sustentables de co-habitacin con estos pequeos seres no basta con cambios de lentes conceptuales, sino que tambin es necesario implementar reas de conservacin y practicar formas de conservacin en el campo. (Goffinet et al. 2012, p.22) (la cursiva es nuestra)

 

En un sentido muy spinoziano, Naess nos recuerda cmo toda realidad, y en particular el pensamiento, es poder de accin. Ante una crisis ambiental que se agrava, puede resultar desmoralizante ver los millones de seres humanos que critican, pero pasivamente, el estado de las cosas. Un incremento de racionalidad y libertad es proporcional al incremento de la actividad (frente a la pasividad). (Bugallo, 2011a)

Las prcticas de identificacin con seres vivientes ms inmediatos o tangibles pueden llevar a una identificacin con entidades cada vez ms amplias como bosques, bioregiones, paisajes La consecuencia prctica deseable y esperable es que muevan al hombre a considerar la conservacin de la naturaleza como un inters propio, en tanto vislumbre tal identificacin como un camino para su propia autorrealizacin.

 

9.- Implicancias del considerando en el mbito complejo de la madriguera

En su eplogo a Ecoturismo con lupa en el Parque Omora titulado El viaje invisible, Jaime Seplveda Voullieme repasa su experiencia personal en la regin, bajo el lema de un necesario regreso a la madriguera, resaltando la lupa de la tica y la sustentabilidad. En una verdadera amalgama emocional, una sensacin de regocijo por estar visitando nuestro antiguo hogar natural se mezcla con una profunda sensacin de respeto y humildad ante la otredad (Seplveda Voullieme, 2012, p.176).

Si tomamos en cuenta algunos de los mensajes implcitos o explcitos en los dos textos de referencia y en sendos eplogos, parece que la vuelta al hogar, al oikos, a la madriguera de Seplveda mueve tambin a preguntarse a lo Holbrook cmo habremos de asumir el cambio en la visin que tenamos, a partir de usar lentes de aproximacin ms penetrantes en el mundo de la vida?

Una madriguera es ms compleja de lo que pareca; como cada hogar, es el lugar de varios y distintos. Al menos deben considerarse cinco rdenes de lo viviente: bacterias (moneras), algas (protistas), hongos (hongos), vegetales y animales. Y todo esto en un contexto insoslayable de complejidad de las tendencias coevolutivas y simbiticas.

Dice Holbrook: El liquen comienza a ser un smbolo de simbiosis. Nosotros tambin vivimos juntos. Y llevamos con nosotros nuestra conciencia de esa unin de vida y cohabitacin () (Holbrook, 2012, p. 421).

Todo ser vivo interacta a lo largo de su historia evolutiva con otras diversas especies. Los animales, por ejemplo, albergamos en cada clula un ncleo con ADN; pero adems cada clula posee una mitocondria que cumple funciones de generacin energtica- con su propio ADN. Esas mitocondrias fueron originariamente bacterias ancestrales independientes que han terminado convertidas en huspedes de otras clulas.

Las plantas son an ms complejas, ya que sus clulas no slo tienen ncleo y mitocondria sino adems cloroplastos, otrora cianobacterias fotosintetizadotas independientes, tambin con su propio ADN. De hecho las plantas son el resultado de la coevolucin de por lo menos tres entidades evolutivas ancestrales, ya que adems de mitocondrias y cloroplastos la gran mayora depende, para capturar nutrientes del suelo, de hongos microrrcicos asociados con las races. (Dirzo & Thompson, 2009)

El sistema digestivo de la mayora de los animales (incluyendo a humanos) alberga comunidades complejas de microbios una microbiomasa coevolucionada con ellos- que aportan las enzimas necesarias para fraccionar los alimentos y transformarlos en sustancias qumicas asimilables por el organismo husped.

Pero el liquen tambin es un smbolo de que el vivir juntos es interferencia permanente y reacciones de supervivencia. Simbiosis no implica necesariamente alianzas amistosas al menos en un principio-, ya que puede haber surgido de ingestin o parasitismo de un organismo sobre otro. Claro que aqu ya dejamos las lupas y nos sentamos frente al microscopio.

Dirzo & Thompson (2009) puntualizan que las interacciones coevolutivas de tipo cooperativo o mutualista no son ms prominentes que las de naturaleza rival o antagnica:

 

De hecho, todas las especies estn empeadas en una lucha coevolutiva sin tregua con parsitos. Cada especie es agobiada por una retahla continua de ellos. La especie humana se enfrenta con ms de 1400 especies conocidas de parsitos, situacin que no resulta inusual en el mundo natural. Las bacterias mismas son objeto de ataque por parte de virus, que traspasan su pared celular y aprovechan el genoma bacterial para reproducirse. El parasitismo es un estilo de vida tan exitoso que hay ms especies de parsitos que de otras formas de vida. (p.46)

 

 

Los seres vivos no somos meros recursos aunque en la cadena trfica nos usamos unos a otros, somos recursos de supervivencia unos para otros, nos robamos funciones tcnicas, nos pasamos informacin bsica, etc. Todos tratamos de sortear el ataque incesante de distintos factores biticos y abiticos, en una lucha sin tregua alguna. Aunque esto se nos hace menos conflictivo si dejamos de lado, por ejemplo, una perspectiva a escala microscpica.

De ella se encargan los investigadores y/o el Estado y las empresas. Ellos nos proveen vacunas, bioalimentos, probiticos, prebiticos, etc., y en ellos depositamos la esperanza de mantenernos en una si no asptica al menos sobrellevable- madriguera.

En el artculo Para viajar al Mundial habr que vacunarse contra casi todo, un peridico sintetizaba el documento elaborado recientemente por Brasil y Argentina. El mismo aconseja diferentes inmunizaciones.[***] Si aceptamos las sugerencias, podemos ir al vacunatorio ms cercano, cumplir algunos requisitos y sin advertir la lucha que est en cuestin- salir ms confiados en que evitaremos riesgos de enfermedad mayores a los habituales.

El ver-como depende de la dimensin a la que nos abren nuestros prismas, lentes, herramientas... Y obviamente podemos acomodar la perspectiva para no agobiar nuestra existencia. El ambientalismo como tal y la educacin ambiental como tal no suelen incorporar a sus consideraciones a numerosos sectores del mundo viviente con los cuales estamos en franca lucha a muerte, en general a diario. Esto incluye al mundo viviente microscpico de bacterias, e incluso hongos y algas peligrosos.

La prctica de supervivencia ya nos torna habitual las masacres reiteradas que producimos con lavado de dientes, bao corporal, uso de desodorante, limpiadores domsticos, etc. Pero tambin estamos ms cerca de incorporar prcticas preferibles de proteccin de cierta microbiomasa necesaria para nuestra salud y supervivencia. En el tracto digestivo humano albergamos una enorme variedad de especies de microorganismos de la que dependemos para vivir.[]

La percepcin de la complejidad que descubrimos plantea desafos a la educacin, a la filosofa y a la discusin significativa en general. Una antropologa ecofilosfica se perfila como nueva perspectiva si dejamos interpelarnos por la constatacin de que ser humanos significa ser compuestos. (Dirzo & Thompson, 2009)

El punto de vista de la vida simbitica abre nuevas concepciones del organismo biolgico que no pueden ser capturadas a travs del concepto de especie tradicional. No somos individuos de esencia simple sino compuestos de especies. (Vecchi, 2013) En forma metafrica Vecchi tambin usa la expresin Somos todos lquenes (2013, p. 38). La teora alternativa de la evolucin actual considera que la unidad de la seleccin evolutiva no es un individuo aislado, sino un holobionte, es decir, un ser vivo con todos sus microorganismos asociados. []

El desarrollo humano es una cuestin de comunicacin entre especies, lo cual debiera ser acentuado por lo menos desde la educacin ambiental. Gilbert et al (2012) (citados en Vecchi, 2013) afirman que el concepto de individuo es un producto de la modernidad. As, en la Edad Moderna, lo que refleja el aspecto del ciudadano independiente, la nocin de que el agente individuo autnomo enmarca una biologa que se organiza en torno al estudio de las partculas, interactuando, las entidades vivientes. Slo con la aparicin de la ecologa en la segunda mitad del siglo XIX los sistemas orgnicos -compuestos por individuos en relaciones cooperativas y competitivas- complementaron la concepcin de individuo de las ciencias de la vida.

La perspectiva esencialista centrada en especies discretas de esencia simple sera anacrnica (Vecchi, 2013). El fenmeno del ver-como, del considerando, tiene profundas implicancias ticas (Holbrook, 2012, p.419). En particular, la idea de la autonoma e independencia ontolgica del individuo resulta inapropiada para mitigar el exceso de disociacin que imponen las concepciones dualistas hombre-medio, naturaleza-cultura.

Se impone as la correccin de una de las tendencias distorsivas predominantes: la creencia en que la humanidad es algo ubicado en el ambiente en lugar de percibirse con el ambiente. La madriguera tambin somos nosotros, en tanto holobiontes que portamos tramos relevantes de la evolucin de la vida (como la mitocondria), entre tantos otros de sus logros tcnicos.

 

Reflexiones finales

Este artculo invita a compartir un camino amplio y arduo de reflexiones que dejan entrever un decurso personal de bsqueda (el de Naess, el nuestro, el de tantos). Acompaa un andar siempre parcial y provisorio, entre fragmentos de sentido comn, ciencia y filosofa con que amasar la propia filosofa ambiental. Refleja un peregrinaje intelectual en el que predominan los trayectos penosos, inciertos, sin referencia aparente de estar llegando a algn destino. La senda del peregrino supone una traza para la marcha y sitios de descanso o meditacin. Como en todo decurso de bsqueda e indagacin, de a ratos la vista se hace panormica, abierta, cmoda; por momentos vuelve a la penumbra de un bosque cerrado. Por momentos la mirada no sobrepasa la punta de los zapatos; de pronto el paso se hace fcil, el pensamiento se destraba y se recupera la confianza.

Aunque de modo muy limitado, hemos tratado de acercar diversas perspectivas, reflejando las variaciones de un territorio existencial por dems problemtico. Felizmente el andar personal no es solitario y se comparte a veces con otros peregrinos. As, nuestro espritu se enriquece y gana fuerzas para seguir diseando esa ruta incierta que es nuestra vida como holobiontes humanos, desde el anhelo de un futuro posible para la vida en la biosfera.

En nuestros estilos de vida urbanos, la experiencia directa del contacto con la biodiversidad se nos sustrae. Culturalmente est muy expandida la visin que separa la realidad en s de lo que es experimentado; la experiencia cotidiana del mundo es reemplazada por una realidad no-experimentada, por una naturaleza que no posee ninguna de las cualidades que nosotros percibimos espontneamente.

Para cierta filosofa ambiental apoyada en una fenomenologa profunda al estilo naessiano, esto conllevara una tremenda distorsin en la percepcin del ambiente, de efectos negativos al momento de proponer polticas apropiadas para alcanzar prcticas de vida ms sustentables (Naess, 1989a). La opcin por la mirada ecocntrica aspira a que ningn individuo pase por este trnsito terrestre sin haber experimentado la maravillosa excepcionalidad del proceso de creacin de la vida, de la vida como donacin.

Para completar mi homenaje a Arne Naess a cinco aos de su muerte, quisiera referir a una obrita suya muy emotiva de 1989, Metaphysics of the Treeline. El trmino treeline, lmite arbreo indica la zona donde termina un bosque, en la ladera de una montaa por ejemplo, y empieza la zona rocosa ya sin vegetacin que la cubra, aunque de hecho no existe un lmite sino ms bien una zona de frontera que puede ser estrecha o amplia.

Subiendo en direccin del lmite arbreo, dice Naess, los rboles afrontan diversos desafos. Ante los fuertes vientos y los suelos cada vez menos profundos, se vuelven ms diminutos o asumen formas retorcidas y fantsticas. Algunas tienen la tendencia de agruparse. En tales circunstancias los rboles pueden ser valientes, altivos, incluso triunfales, pero tambin miserables. Pueden haber producidos semillas, haber realizado todas sus posibilidades y satisfecho funciones esenciales. Otros simplemente sobreviven, raquticos y deformes. No dan semillas, se muestran medio muertos por la exposicin a invierno tras invierno, y a veranos que se alternan entre sequas y lluvias torrenciales.

Para Naess los rboles son gestalts subordinadas, formas menores de un orden superior predominante, de una gestalt mayor como puede ser la del movimiento hacia arriba, lo ms lejos posible, superando obstculos.

 

Unas pocas personas poseen la experiencia para resaltar las gestalts de orden superior en el tiempo. Estas personas vern las oscilaciones de climas templados y fros luego de la ltima glaciacin. Ven las oleadas de rboles revistiendo la montaa, o retirndose, dejando troncos rotos aferrados arriba en las laderas descubiertas. El lmite arbreo es visto como movindose incesantemente hacia arriba y hacia abajo, sin descansar nunca. (Naess, 1989b, p.247)

 

 

Cuando intensas gestalts de orden superior contrastan lo alto/lo bajo, lo oscuro/lo luminoso, son apropiadas para adquirir dimensiones metafsicas. Cmo debera entenderse este aspecto metafsico?, se pregunta Naess; qu profundidad puede ofrecer? Su postura es que son preguntas meta-metafsicas, cuyas respuestas no pueden darse aqu o donde sea. Sin embargo, admite, ciertos puntos fundamentales pueden recogerse a partir de tres enfoques.

Desde un enfoque homocentrista, lo descrito por Naess en ese artculo sera un ejemplo ms del poder asombroso de la imaginacin humana. No hay lmite para lo que el genio humano es capaz de proyectar en la naturaleza. La riqueza de los smbolos relacionados con el lmite arbreo lo avala. Los vuelos de la imaginacin se elevan sobre el nivel de los hechos brutos: las hojas son verdes, los tallos crecen hacia arriba, lo dems es una maravillosa proyeccin de la mente humana.

Por otro lado, desde el enfoque de un filsofo idealista, se podra sostener que, estrictamente hablando, las hojas no son verdes. Sus tomos son sin color, tampoco son grises, y las ondas electromagnticas o las partculas no crecen hacia arriba. Pero, hay un mbito ms all del mundo material, un mundo de espritu ms all del tiempo y del espacio, un mbito espiritual. Entonces, la mente humana toma de este reino unas determinaciones que espiritualizan la naturaleza.

Finalmente, desde el enfoque del ecsofo, el artculo revela reales expresiones de experiencias de contenidos concretos:

 

La riqueza y la fecundidad de la realidad! Qu abrumador! La estructura geogrfica abstracta del lmite arbreo apunta a una variedad aparentemente infinita de contenidos concretos! Est ms abierto al ser ecolgico humano de lo que puede ser experimentado por cualquier otro ser viviente. (Naess, 1989b, p.248)

 

 

Segn Naess, una experiencia en sentido gestltico, negativa o positiva, no es algo que pueda ser articulado en una frase que termine con un punto gramatical (.), sino que sera ms apropiado expresarla con signos de exclamacin: Diversidad! Simbiosis! (Yungas exuberantes! la vida del ro Uruguay! agregamos nosotros) etc. Incluso la indiferencia es una gestalt, que puede indicarse con la exclamacin no imperativa indiferencia!.

En lgica, el signo de exclamacin aparece asociado a oraciones imperativas. Naess considera que hay otro tipo de exclamacin que no implica una imposicin sino que trasmite contundencia, vivacidad y hasta cierto estado de asombro o arrobamiento en una experiencia. (Naess, 1992)

La crisis ambiental contempornea lo lev a revivir su adhesin temprana a un pensar alternativo, una forma de experimentar-creer-filosofar--actuar ms adecuada al paradigma ecosistmico que hoy nos convoca. Tal como afirmara Leonardo Boff, sostenedor a su modo del movimiento ecologa profunda:

 

Se imponen revoluciones moleculares, es decir, revoluciones que sean iniciadas por los actores sociales, que, como las molculas, se organicen en grupos, comunidades, articulaciones de reflexin y de accin y otros movimientos sociales que se atrevan ya a vivir lo nuevo, integrado y no fragmentado, en sus espacios vitales. Sin el valor para los primeros pasos, nunca se construir el camino ni se abrir la posibilidad de la gran transformacin. (Boff, 2000, p.37)

 

 

A nuestro parecer, Arne Naess tuvo el valor de afrontar algunos de esos primeros pasos.

 

 

 

Recibido 15 12 - 2014

Aceptado 30 12 - 2014

 

 

 

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Spinoza, B. (1677). Ethica ordine geometrico demostrata. (tica, traduccin y prlogo de ngel Rodrguez Bachiller, Aguilar, Madrid, Buenos Aires, Mxico, 1957).

Vecchi, D. (septiembre, 2013). Naturaleza humana y visin simbitica de la vida. Actas Coloquio Internacional Animales y Humanos: los lmites de la humanidad (Proyecto Fondecyt 1120730), Universidad de Santiago de Chile, Santiago, Chile.

Zavadivker, N. (2004). Una tica sin fundamentos. San Miguel de Tucumn: Universidad de Tucumn.

 

 

 

Resumen:

Este trabajo se relaciona con el mbito de los programas de conservacin bio-cultural. Destacamos sus propuestas ecolgico-filosficas ticamente responsables, tal como las sostenidas por diversos ecofilsofos de campo latinoamericanos. Se consideraron algunos conceptos centrales de Naess, James y Spinoza, en el sentido de fortalecer y profundizar la idea de ontologa relacional. Una antropologa ecofilosfica pareciera emerger desde una nueva comprensin de la coevolucin, y de hechos como los del individuo compuesto y los holobiontes.

 

Palabras clave: filosofa ambiental de campo, coevolucin, ontologa relacional, antropologa ecofilosfica.

 

Abstract:

This work is related to the realm of biocultural conservation programs. We highlight their ethically responsible ecophilosophical proposal, as these supported by several Latin-American field environmental philosophers. Some main concepts of Naess, James and Spinoza thought were considered in order to strengthen and deepen the idea of relational ontology. Ecophilosophical anthropology seems to emerge from a new comprehension of coevolution, and facts as complex individual and holobionts.

 

Key words: field environmental philosophy, coevolution, relational ontology, ecophilosophical anthropology.

 

 

 

 

 

 

 

 



[*] alibugallo@yahoo.com

[] Arne Naess (1912-2009) naci cerca de Oslo, estudi filosofa, matemticas y astronoma, (master en la Sorbona, doctorado en la U. de Oslo, posdoctorado en la U. de Berkeley) Particip en los Seminarios Schlick del Crculo de Viena. Entre 1939-69 ocup la ctedra de filosofa de la U. de Oslo. Realiz importantes contribuciones en filosofa de la ciencia, del lenguaje y teora de la accin comunicativa. Desde los 60s se involucr con la ecofilosofa. Profesor emtico de Oslo, recibi innumerables premios internacionales como: Academia Sueca, Sonning, Mahatma Gandhi. Su obra se ha traducido a numerosos idiomas. En 2005 se editaron 11 tomos de Selected Works of Arne Naess.

[] Se utilizar la notacin abreviada convencional: D: demostracin; Def.: definicin; P: proposicin; L: lema, etc. Las cinco partes del texto de la tica se indican con nmeros romanos y con los arbigos se hace referencia a los nmeros de las proposiciones o de los escolios. Ejemplo: con la nomenclatura EIIP4D queremos indicar que estamos en la parte II, proposicin 4, demostracin, de la tica.

[] Lo hemos tratado en Bugallo, A. I. (2011a). La filosofa ambiental en Arne Naess. Influencias de Spinoza y James. Ro Cuarto: Ediciones del ICALA (Caps.2 y3)

[**] Segn James Experiencia pura es el nombre que di al flujo inmediato de vida que provee el material a nuestra reflexin posterior con sus categoras conceptuales. Slo de los bebs recin nacidos o de los hombres en semi-coma por sueo, drogas, enfermedades o golpes, puede asumirse que tienen una experiencia pura en el sentido literal de un eso que no es todava ningn qu definido, aunque est listo para ser todo tipo de qus. La experiencia pura en ese estado no es nada ms que otro nombre para el sentimiento o la sensacin. Pero tan pronto como llega, su flujo tiende a llenarse de acentos, y estas partes salientes se vuelven identificadas y fijadas y abstradas; de modo que la experiencia fluye ahora como atravesada por adjetivos y sustantivos y proposiciones y conjunciones. Su pureza es solamente un trmino relativo, significando la cantidad proporcional de sensacin no-verbalizada que an encarna (James, 2009, p.208). Para Naess, la experiencia espontnea sera una postura intermedia, alejada tanto de una experiencia confusa primaria del mundo y lejos tambin de una visin totalmente abstracta, atomista mecanicista de la realidad. En la experiencia espontnea, las cosas resultan en una red de interrelaciones sin distincin ontolgica entre sustancia-atributo. En una experiencia espontnea, puede haber como no haber una distincin sujeto-objeto (Naess, 1989a, p.47).

[] Ms desarrollado en Bugallo, A. I. (2011a). La filosofa ambiental en Arne Naess. Influencias de Spinoza y James, op, cit. (Caps.5 y 6)

[] No se trata de la negacin misantrpica de lo propio humano; en todo caso, la ecofilosofa aspira a reconsiderar por un lado, si eso propio es exclusivo del hombre, y por otro, repensar hasta qu punto es legtimo hacer a las dems especies no humanas todo lo que el hombre le hace, en nombre de eso propio. (Bugallo, 2005)

 

[] La llam as por su cabaa Tvergastein en la montaa.

[***] Para viajar al Mundial habr que vacunarse contra casi todo. (2014, 22 de enero). Clarn, p. 30.

[] En las gndolas del supermercado o farmacias encontramos una variada oferta de alimentos prebiticos y probiticos. Los prebiticos proveen al organismo del beb o infante con ciertos hidratos de carbono complejos, los oligosacridos, que los humanos no podemos digerir por falta de enzimas adaptadas pero que s alimentan a bacterias del gnero Bifidobacterium, por ejemplo, especialmente adaptadas a los oligosacridos presentes en la leche materna. Cuando no se produce la alimentacin con leche materna o la misma es insuficiente, los prebiticos aportan ese nutriente que es para los microbios, para que puedan realizar su tarea de sntesis de alimentos para las clulas del intestino humano, etc. Los alimentos probiticos aportan directamente al organismo humano de distintas cepas microbianas para las funciones nutricionales.

[] El Dr. Davide Vecchi es integrante del proyecto Humanos, sub-humanos, animales: los lmites de la humanidad USACH, ya mencionado. Hemos tomado varios conceptos de su ponencia Naturaleza humana y visin simbitica de la vida presentada al Coloquio Internacional Humanos y animales, los lmites de la humanidad, Santiago de Chile, 25 y 26 de septiembre de 2013. (reelaborados en Vecchi D. (2014) De humanos y lquenes. Scienti Studia, So Paulo, v. 12, n. 2, p. 331-357).

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CUADERNOS DE ETICA es una publicación anual de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas.