CUADERNOS DE TICA, Vol

Cuadernos de tica, Vol. 30, Nmero extraordinario tica ambiental, 2015.

 

 

 

La metodologa hermenutica como vnculo entre la tica ambiental y la administracin de la tierra

 

 

Jorge F. Aguirre Sala *

 

 

La necesidad hermenutica para vincular la administracin de la tierra y la tica ambiental

La administracin de la tierra puede poseer varias intenciones que marcan los modos de valorar la administracin y la tierra misma. Algunos de esos modos han causado crisis ecolgicas que se evitaran al aplicar una metodologa integradora entre la administracin de la tierra, el resto de las ciencias ecolgicas y la tica, al dotar de un sentido profundo y metafricamente traslativo a la idea de la tierra. Ello permitira comprender la tierra como un elemento vivo, como una bisfera. Y consecuentemente, con todos los valores con que debe tratarse.

La carencia de la metodologa integradora provoca que la administracin de la tierra, si su finalidad es slo practicar una economa y una conservacin utilitarista, no haga la traslacin metafrica y no se evale a s misma y, por lo tanto, no incorpore las dimensiones ticas. Para superar la crisis ambiental global y lograr una sustentabilidad de la vida, se requiere vincular la tica ambiental, incluyendo los valores econmicos, con dicha administracin de la tierra. Una de las mayores limitaciones para dicha integracin es la carencia de metodologas interdisciplinarias entre eclogos y filsofos (Poole et. al., 2013), y debera irse ms all, al concebir la metodologa transdisciplinaria que alcanzase tambin a industriales y empresarios.

En este texto se aporta la hermenutica al marco conceptual de la tica Ambiental con el fin de aadir un nivel de anlisis que contribuya a la consolidacin de sta y otras aproximaciones metodolgicas para la integracin de las ciencias ecolgicas y de esta manera aporten orientaciones a las iniciativas de la administracin de la tierra. La tica Ambiental requiere del aporte de la hermenutica para lograr una mejor traslacin de conceptos, incorporacin de actitudes positivas y autolimitacin en la administracin responsable de la tierra.

 

Las visiones encontradas de la tierra: economicistas y ecologistas

Cmo puede la hermenutica contribuir a vincular la tica ambiental con la administracin de la tierra? Para ello es necesario precisar algunas preguntas fundamentales: por qu la administracin de la tierra no debe ser ajena a aspectos axiolgicos o ticos?, debe concebirse la bisfera al margen del desarrollo productivo?, la sustentabilidad es una funcin de explotacin utilitaria perpetua o un valor intrnseco a las especies?, y sobre todo qu marco terico ofrece la tica Ambiental para trazar el itinerario hermenutico hacia la administracin ecolgica de la tierra?

Una razn arcaica para que la administracin de la tierra conciba a sta como recurso de explotacin proviene de una interpretacin sesgadamente economicista del Gnesis. Bajo una perspectiva antropocntrica y utilitarista, en el libro del Gnesis (1:28) se ha ledo, fuera de contexto y con nimo reduccionista, la consigna: henchid la tierra y someterla. Por considerar al hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, este es el nico ser privilegiado con el derecho y el aval divino para disponer de la naturaleza a placer. La tierra (y no la creacin) es objeto de dominio y conquista. Se aade adems la justificacin teolgica monotesta que impide concebir a la naturaleza como una realidad sagrada con su propia subjetividad; pues, si as fuera reconocida, entonces exigira ser respetada en vez de imponrsele los deseos de explotacin provenientes de la voluntad humana.

Esta concepcin reificante de la tierra rompe con el vnculo entre el hombre y la naturaleza. Del mismo modo las ciencias naturales establecieron la dicotoma epistemolgica: sujeto-objeto (Klaver, 2013). Tal separacin tiene sus fuentes en la epistemologa de inicios de la modernidad. Descartes (1596-1650) consider que los organismos vivos eran equivalentes a mquinas y que toda la realidad material era res extensa, es decir, cosa mensurable sin ms. He ah, la esfera del objeto. Por otra parte, el humano, al tener consciencia de s, es res cogitans, es decir, cosa pensante y por tanto sujeto y sujetador de lo dems.

La actitud reificante se acendr en la explotacin planeada y administrada de la tierra gracias a las ideas fundacionales del liberalismo econmico expuestas por Stuart Mill. En su influyente texto Principios de Economa Poltica (1848), consider a la tierra como suelo, es decir, como un elemento de la produccin y el capital. Stuart Mill introdujo estas ideas especficamente en el captulo XII, del libro I, de su obra, intitulado: De la ley del aumento de produccin de la tierra, cuya denominacin ya manifiesta la actitud de explotacin. Igualmente en el captulo VI del libro III que llam Resumen de la teora del valor, adopt por nico valor de la tierra su capacidad de produccin. Bajo esta visin utilitarista, hoy es comn utilizar la expresin recursos naturales para referirse a la naturaleza.

De este modo, con la arcaica consigna bblica y las incipientes epistemologa y poltica econmica de la modernidad se aval la des-subjetividad y explotacin de la tierra. La prevalencia de la concepcin Stuart Mill ha continuado hasta hoy, procurndose una valoracin de la bisfera bajo estimaciones monetarias. En trminos de economa de mercado, en 1997 Costanza y otros (Costanza et. al., 1997) conjeturaron el valor del medio ambiente en 33 billones de dlares anuales bajo la perspectiva de bienes y servicios ecosistmicos. Ello muestra la concepcin reificante de la tierra, que se concibe desde intereses meramente econmicos y da pauta a la explotacin indiscriminada y la alteracin de los procesos ecosistmicos de la naturaleza. Todo ello ha desembocado en la crisis ambiental contempornea.

Enrique Leff explica el origen moderno de la crisis ambiental porque sta es el reflejo y el resultado de la crisis civilizatoria occidental, causada por sus formas de conocer, concebir, y por ende transformar, el mundo. (Eschenhagen, 2012: 90) En definitiva, la degradacin del medio ambiente ocurre porque la globalizacin conceptualiza la bisfera en trminos mercantiles y con ello legitima el trato reificante de recurso natural. As, por ejemplo, puede ilustrarse que el Banco Mundial considera a la globalizacin en los siguientes trminos: la creciente integracin de economas y sociedades alrededor del mundo, [reconociendo, a su vez que] tambin ha generado una significativa oposicin internacional por la preocupacin de que ha aumentado la inequidad y la degradacin medioambiental (2000:98)

Contra esta concepcin de la globalizacin Leff apunta hacia una:

 

globalizacin contra-hegemnica, hacia la desconstruccin de la fuerza unidimensional opresora de la diversidad, de la diferencia y de la otredad que nace del poder de la idea absoluta y la totalidad sistmica, hoy globalizado bajo la dominancia de la racionalidad econmica. (Leff, 2012:99)

 

Es decir, orienta hacia un concepto epistemolgico de ambiente.

El ambiente (como especficamente lo denomina Leff y no medio ambiente), segn Leff, es una nocin externa a los sistemas econmicos que adolecen del vnculo con las condiciones naturales, ecolgicas, geogrficas y termodinmicas dentro de las cuales opera; es decir, sus condiciones de sustentabilidad. (2012: 103-104) Por tanto, puede considerarse al ambiente por el contraste al logocentrismo de la racionalidad econmica dominante. De manera que, al precisar la verdadera nocin de ambiente, se evitaran las conductas que provocan la contaminacin, la deforestacin, la degradacin ecolgica, la erosin de los suelos, el calentamiento global y en general la crisis ambiental. Y los beneficios positivos seran; la sntesis entre cultura y naturaleza que conllevara un saber sobre las estrategias de apropiacin del mundo y la naturaleza sin la devastacin. (Leff, 2004)

Las ciencias ecolgicas contemporneas insisten que la nocin de tierra como mero elemento de produccin y capital debe ampliarse hacia nocin de bisfera. (Naeem, 2013) Para efectos de una narrativa ms adecuada e incluyente, en vez de vocablos como ambiente o medioambiente, tierra o naturaleza, entorno o mundo, ecosistema o comunidad bitica, es preferible considerar al conjunto de seres vivos humanos y no humanos, y tambin a los seres no vivos y las relaciones entre todos ellos, bajo la nocin de bisfera.

La denominacin bisfera permite acentuar la preocupacin axiolgica y moral desde el humano, animales y plantas, hasta suelos, aguas y comunidad bitica. La bisfera entonces comprende a los individuos y a las comunidades y a las relaciones biticas mismas. En este sentido Rozzi (1997: 6) seala: podemos cultivar un respeto tico no slo por lo individual, sino tambin por los diversos niveles de organizacin biolgica y sus procesos. Los nfasis en esta cita, que no estn en el original, se han hecho con el objetivo de no perder el respeto tampoco hacia a los niveles y procesos biticos, no slo a los seres vivos.

En el mismo orden, la Organizacin de Naciones Unidas, en la Declaracin Universal sobre Biotica y Derechos Humanos del 19 de octubre de 2005 indica la proteccin a la bisfera. El artculo 17 reza:

 

Debida atencin debe ser dada a la interrelacin de seres humanos con otras formas de vida, a la importancia del acceso y la utilizacin adecuada de recursos biolgicos y genticos, al respeto por el conocimiento tradicional y al papel de los seres humanos en la proteccin del medio ambiente, la bisfera y la biodiversidad

 

Es preferible entonces el vocablo bisfera, por encima de cualquier otro, porque esta nocin afianza la idea de sustentabilidad en s misma por encima de la condicin econmica. Como afirma crticamente el eclogo Shahid Naeem (2013) en su captulo Ecosystem Services: Is a Planet Servicing One Species Likely to Function?, la sustentabilidad es ms que la perpetua disponibilidad de insumos para la economa de mercado. En un sentido pragmtico, la sustentabilidad y la supervivencia de seres vivos son necesarios, pero no son suficientes para dotar de sentido a la vida y las relaciones entre los vivientes. La tierra (entendida por Stuart Mill como objeto de explotacin) o la bisfera (entendida por Naeem como sujeto de defensa por la tica ambiental), requieren mucho ms que el simple bienestar fsico o la ausencia de enfermedades, pues se necesita un sentido axiolgico de la existencia. Mark Sagoff enfatiza que una vida simple puede ser ms valiosa que una ampulosa, y que el crecimiento econmico podra ser moralmente indeseable, an cuando fuera ecolgicamente sustentable. (Sagoff, 1995: 619) Una visin de la bisfera que corresponda a la tica ambiental debe incluir ese sentido axiolgico.

La filosofa ambiental no es mera conciliacin terica. Posee tres intereses cuya importancia se hace explcita en una explicacin de Rozzi (2012a: 341. 2012b: 5) que puede sintetizarse del siguiente modo:

a)      el discurso global no incluye apropiadamente la diversidad de lenguajesdebido en parte a la falta de dilogo inter-lingstico e intercultural. Por tanto, es necesario no slo incluir en el discurso global la diversidad de lenguajes en dilogo, sino tambin asumir una narrativa que permita el respeto mutuo entre los lenguajes diversos.

b)      la tica ambiental tiene el reto crtico ante el sistema del libre mercado de proponer lmites de accin a la poltica neoliberal, porque sta no se atiene a ninguna frontera con tal de conseguir el crecimiento econmico an a expensas del deterioro de la bisfera.

c)      la tica ambiental tiene el reto crtico ante el sistema del libre mercado de proponer lmites de accin a la poltica neoliberal, porque sta debe extender sus fronteras ms all de quienes gobiernan y se benefician con el mercado. Es decir, la poltica neoliberal debe adoptar una nocin amplia de bisfera donde sean incluidas las poblaciones marginadas y oprimidas e incluir a todos los seres con los que se cohabita en la bisfera.

Y podramos matizar con un cuarto inters:

d) la bisfera no slo es el ambiente donde habitan los seres vivos, tambin es el hbitat donde subsisten y por ello debe existir la transformacin e industrializacin que permitan del desarrollo econmico, pero de manera regulada.

La transformacin e industrializacin que permitan el desarrollo econmico y el bienestar del ser humano son legtimas, pero de manera regulada. As entonces, la tica Ambiental tiene la misin de establecer una nueva narrativa que limite el deterioro de la bisfera y expanda los beneficios del desarrollo humano a todos los cohabitantes. Y tambin la misin metodolgica de integrar valores para alcanzar el fin anterior que contribuye a una genuina administracin de la tierra. Estas misiones requieren de la hermenutica.

Grn (2005: 169) nos dice, siguiendo las ideas de Gadamer para aplicar la hermenutica a la educacin ambiental, que si es posible entender la naturaleza como otra subjetividad que nos interpela, la hermenutica de Gadamer podra entonces ser muy til, ya que
ha jugado un papel central en el cambio de una filosofa de la conciencia hacia una dimensin histrico-lingstica de la comprensin. A travs de un encuentro entre diferentes horizontes histricos, es posible llevar a cabo una nueva comprensin de la naturaleza. Tales interpretaciones hermenuticas pueden cambiar quienes somos, desestabilizando las bases seguras de nuestro comportamiento antropocntrico, para entender la naturaleza como el Otro que nos plantea un desafo y demandas que nos cuestionamos a nosotros mismos.

 

La tica ambiental

Si quisiramos plantear la misin de la tica Ambiental en pocas palabras preguntaramos: cmo persuadir a los neoliberales que consideren a la tierra como bisfera y le guarden cierto respeto?, cmo hacerles ver que la bisfera merece respeto en sus procesos de interdependencia y en su sentido existencial?, cmo convencerlos de abandonar la visin de la naturaleza reducida a recursos industriales? Es decir, cmo establecer una nueva narrativa que ha de extenderse a las tradiciones minoritarias oponindose a los significados de las ciencias cosificantes? Arran Gare (1998) haba propuesto erigir esas narrativas en una nueva tradicin, pero ello requiere del marco terico propuesto por la tica Ambiental.

El principio de esta tica se sustenta en el vnculo entre hbitats-hbitos y habitantes (Rozzi, 2013). En los orgenes, la palabra griega ethos (Scott and Liddell, 1996) no significaba tica, sino madriguera: la morada donde habita un animal. Esta idea se extendi a las prcticas humanas y lleg a significar las moradas de hombres. Rozzi et. al. (2008a: 116) describe como dicho sustantivo evolucion como verbo y lleg al latn con los vocablos hbitat y habitar, respectivamente.

Ahora bien, cualquier hbitat incide en las maneras en que es ocupado y transformado para habitarlo, y cuando esas maneras se establecen regularmente entonces producen hbitos. Los hbitos, al constituirse en costumbres, configuran el ethos del comportamiento. As, hbitat y hbitos dan fundamento a la tica bajo la cual deber orientarse la conducta de manera regular, es decir, regulan el carcter de los seres que los ocupan (los habitantes).

Adems no debe perderse de vista que tambin los hbitos inciden en los hbitats y esa accin debe llamarse comportamiento, mientras que al mnimo determinismo de los hbitats sobre los hbitos debe llamrsele conducta condicionada. Luego entonces, la personalidad de los seres que integran, viven e interactan en los hbitats se conforma del hbrido de comportamiento y conducta. Es importante notar que, a diferencia de la tradicin occidental de raigambre cristiana, las ciencias ecolgicas contemporneas proponen que la personalidad no es exclusiva de los humanos. (Van Dongen et. al., 2010) Consecuentemente, animales, plantas y otros entes pueden visualizarse con personalidad y siendo personas no-humanas. (Rozzi, 2013) En otras palabras, el suelo, el aire, los ros y el mar no son simplemente tierra o recursos en el sentido economicista, sino una bisfera con dignidad. Pero es de sospecharse que las etimologas (de ethos o eco-loga y eco-noma; ciencia y leyes de la casa u hogar, es decir, hbitat) no son suficientes para enfrentar los intereses del mercado de recursos naturales y su explotacin. El marco terico todava requiere integrar componentes sociales y axiolgicos.

Para incorporar los componentes axiolgicos ha de procederse con la integracin denominada tcnicamente en la hermenutica como fusin de horizontes de significatividad. (Gadamer, 2000) Toda vez comprendida la trans-disciplinariedad ecolgica y tica (pues la ecologa ha estudiado los hbitats y la tica a los hbitos), el siguiente paso consiste en la fusin de sus horizontes para comprender que la tierra no es un recurso. Obviamente, esta idea es ajena al economicismo de la explotacin. Sin embargo, precisamente la tarea hermenutica consiste en hacer propio lo ajeno, o sea, apropiarse de un smbolo de alta significatividad que resulta ajeno o extrao. En este caso, trasladar la significacin ya citada de tierra-recurso al simbolismo bisfera. Apropiarse del nuevo sentido implicar un reconocimiento que asimila lo reconocido y a la vez transforma a quin reconoce.

El proceso integrador de los componentes axiolgicos procede con la composicin de metforas a travs de comunicaciones narrativas; que es el aporte de la hermenutica que aqu se desarrolla para derivar en la capacidad de establecer metforas comprensivas que revalen la dignidad de la tierra como bisfera.

 

El aporte de la metodologa hermenutica a la tica ambiental.

No debe olvidarse un propsito central del itinerario hermenutico para la administracin de la tierra: persuadir a la mentalidad neoliberal que considere a la tierra como bisfera para que le guarde respeto. Trasladando el signo tierra al smbolo bisfera a travs de nuevos sentidos causados por la metfora. La metfora, como ha demostrado Ricoeur, posee un valor instructivo: tiene como funcin instruir mediante una relacin imprevista entre cosas que parecen en principio totalmente ajenas. (2001: 52)

El itinerario hermenutico inicia con asumir el lugar de la propia visin. Es decir, reconocer el propio horizonte de significatividad. Reconocer que todo sujeto pertenece a un contexto histrico y una tradicin conservada y transmitida por su lenguaje y que junto con l, posee un conjunto de pre-concepciones. stas no deben condenarse, sino comprenderse como modos anticipados de ver, sentir, pensar y actuar en el mundo. La hermenutica no denota a las preconcepciones, incluidos los prejuicios, con la evaluacin negativa que les atribuy la Ilustracin desde Bacon, sino que, por el contrario, los valora como ncleos que ayudan a comprender la propia cosmovisin de quin mira, pues los considera como [el] juicio que se forma antes de la convalidacin definitiva. (Gadamer, 2000: 337) En otras palabras, no son juicios carentes de fundamento y por tanto falsos, sino juicios cuyos contenidos es til evaluar.

Las preconcepciones, incluidos los prejuicios, son los lentes por los que mira y se constituye una tradicin. La mdula que ha formado el modo de ser de una persona. En consecuencia, son la clave para descubrir qu y por qu algo es significativo en una actitud tica. Son, en la conocida expresin gadameriana: la realidad histrica del ser. (Gadamer, 2000: 334)

Los prejuicios, como datos previos a toda experiencia de mundo son la pre-estructura de la comprensin. Slo se patentizan por la autorreflexin o ante lo ajeno que obligan al sujeto a salir de los propios parmetros. Frente a lo anmalo, se descubre en s mismo algo: la posesin de prejuicios y la autoconciencia de las gafas con las que se interpreta el mundo desde el propio horizonte de significados. Por ejemplo, una anomala florstica en la ecorregin subantrtica de Magallanes en el sudoeste de Sudamrica que presenta una diversidad de especies de plantas no-vasculares mayor que especies vasculares (que es la norma a nivel mundial), estimul un cambio de lentes para evaluar la biodiversidad. (Rozzi et. al., 2008b: 132)

Si el horizonte es () el mbito de visin que abarca y encierra todo lo que es visible desde un determinado punto (Gadamer, 2000: 372), entonces el horizonte de significados configura al mundo y, en reciprocidad, a la propia persona. As el hbitat cultural tambin determina los hbitos del habitante y ste influye sobre el hbitat natural y cultural. Por lo tanto, el horizonte de significatividad no es fijo, sino que se encuentra en perpetuo movimiento. (Gadamer, 2000: 337) Es decir: los intereses determinan lo que hay que ver y a su vez, lo visto, recrea a los intereses. Por ejemplo, el inters prevaleciente dentro de las ciencias de la conservacin a nivel mundial ha sido la megafauna y las plantas vasculares. Sin embargo, al asumir la propia visin desde la ecorregin subantrtica de Magallanes, Rozzi y sus colaboradores necesitaron un cambio de lentes respecto a la tradicional mirada de las ciencias de la conservacin como se enunci en el prrafo anterior.

En trminos ms amplios, todo ser est expuesto y dentro de un hbitat conformado por otros habitantes. Parte de ese hbitat biofsico y simblico-lingstico es la tradicin. En el caso de la economa de extraccin, una tradicin que cambi la visin sobre la naturaleza desde un hbitat hacia un objeto de explotacin. De ah que Lynn White (1967) insistiese en la necesidad de un giro tico desde un antropocentrismo hacia un ecocentrismo. Es decir, fijar la atencin en los hbitos que los habitantes han arraigado como tradicin sobre su hbitat. Y para ello la hermenutica ha de privar a los propios horizontes de significatividad de la pretensin de verdad exclusiva, poniendo a prueba sus prejuicios.

Reconocer las preconcepciones y los prejuicios y ver por encima de los mismos, posibilita la valoracin del modo de concebir las cosas. As, podra verse el propio horizonte de significatividad al reparar en el modo de ver lo que fuera de s mismos se alcanza a ver. Ese es el marco de comprensin histrica significativa, segn deduce Gadamer (2000: 337). Es decir, la atencin debe dirigirse al sujeto que interpreta. Porque el hombre proyecta prejuicios en todo suceso ajeno y se auto-muestra en ellos. No se trata de desacreditar los prejuicios propios o los de la tradicin a la que se pertenece, sino de hacer autoconciencia de ellos para dejar de considerarlos la nica verdad y mantenerlos mesurada y conscientemente. As se evitarn las posiciones reduccionistas.

El segundo paso hermenutico es provocar la perspectiva histrica: el sujeto que interpreta debe comprenderse desde sus tradiciones y las respuestas al inters de la poca histrica en la cual se encuentra sumergido.

Ahora bien, qu es cabalmente la comprensin de la bisfera por encima de la mera explicacin que la reduce a tierra y materia de comercio? Para responder debe tomarse distancia de dos movimientos: el del hbitat (incluyendo tanto la dimensin biofsica como la tradicin, lenguaje e historia) y el del intrprete quien es habitante.

El hbitat provoca la anticipacin del sentido que gua la manera de ver, pensar y actuar en la bisfera. Por tanto, genera los hbitos que establecen y unen a la tradicin. El intrprete habitante sostiene los hbitos al seguir inmerso en su tradicin. Si no se toma distancia de ambos movimientos, entonces se cegar la percepcin desde la cual el sujeto tiene la oportunidad de llegar a saberse a s mismo mientras est percibiendo.

Al establecer la perspectiva histrica se genera la diferencia histrica. (Gadamer 2000: 267) Se logra la distancia necesaria para desligarse de los prejuicios sin pretender desligar al interlocutor de los suyos. Sin la perspectiva de la propia historia, se cae en el monlogo, es decir, en la trampa que impide reparar en la propia forma de ver la realidad.

Con la distancia y perspectiva histrica se encuentra el verdadero sentido de las cosas. Gracias a ella es posible resolver la verdadera cuestin crtica de la hermenutica, la de distinguir los prejuicios verdaderos bajo los cuales comprendemos, de los prejuicios falsos que producen malentendidos. (Gadamer, 2000: 369) Es decir, los prejuicios verdaderos no son otra cosa, sino la manera anticipada en que nos proponemos comprender el mundo y gracias a dicha categorizacin lo conocemos con verdad, mientras que los falsos son las anticipaciones que distorsionan los datos que obtenemos de la realidad. La conciencia de estas anticipaciones y no ellas mismas, permiten la evolucin de la pre-comprensin a la comprensin. Ricoeur lo manifiesta diciendo: recibo del acto de apropiacin lo que el mundo de la interpretacin me propone, un s (de m) ms amplio (2002: 340). As la propia tradicin se destaca como una cosmovisin y no como criterio ltimo de verdad. Es decir, se vislumbra el propio hbito de comprender al mundo como si fuese el de otro yo. Entonces, los interlocutores de diversas cosmovisiones descubrirn que cuando hablan o se enfrentan entre s, no estn frente a una situacin ajena, sino en ella. Slo as estarn dadas las condiciones para lograr el tercer y ltimo paso hermenutico: la fusin de horizontes.

La fusin de horizontes de significatividad asume (reordena y limita) la identidad desde las diferencias. Este ltimo paso implica que los humanos que explotan la tierra en el sentido utilitarista acepten que son parte de la bisfera en el sentido ecolgico, y que sta guarda igualdades con ellos. Desde la perspectiva de la tica ambiental se comprende a la biosfera como una comunidad de cohabitantes de ah, la implicacin de respeto, mesura y conservacin.

Cada uno es ms responsable del otro que de s mismo cuando logra tomar distancia histrica de s y percibir su manera de comprender y los vnculos respecto al otro. Y esa responsabilidad mayor sobre el otro obliga a auto-limitarse antes de imponer prohibiciones. Es decir, si no existe un reconocimiento de las identidades propias y ajenas, no podr existir la valoracin de las diferencias. Y desde ah debe aplicarse la igualdad (no identificacin o equivalencia) de dignidad entre los seres.

Este aporte hermenutico se ha perfilado en diversas escuelas de pensamiento ambiental. Por ejemplo, en su propuesta sistmica de la ecologa profunda, Arne Naess (1995) ha planteado una sntesis entre los modos de conocimiento y de vida ecolgicos. Por su parte, el filsofo ambiental Baird Callicott (1996) analiz crticamente la interpretacin reduccionista y economicista del Gnesis, y ha propuesto un anlisis comparativo de mltiples cosmovisiones ecolgicas y formas de relacionarse con la naturaleza al abandonar el modelo economicista que impone su presuncin de objetividad.

Ante la reificacin de la bisfera como tierra a henchir y dominar se debe proceder con precisin: reconocer la igualdad no es la identificacin, pues hay seres de distintos niveles de organizacin biolgica y diversos procesos biticos. As, y en tanto co-habitantes del mismo hbitat biosfrico, son iguales pero no son idnticos. Por ello la hermenutica es dialgica; siempre definimos nuestra identidad en dilogo con las cosas que nuestros otros significantes desean ver en nosotros. (Gadamer, 2000: 53) La necesidad del dilogo se da, porque la igualdad no es la asimilacin ni la identificacin con el otro, sino el desplazarse en el logos.

El desplazarse hacia nuevos horizontes de significatividad se inicia a travs de la mudanza lingstica: se adoptan nuevas visiones al adoptar palabras, el habitar y hbitos de otros en el mismo hbitat. Eso lleva a reconocerse como co-habitante y a reconocer al otro en igual condicin, pero no idntico; para comprender al otro ms all de un objeto de indagacin, y por tanto, evitar cosificarlo. La igualdad de condicin, conservando en cada ser su dignidad, implica un privilegio y una responsabilidad que otorga derechos y obligaciones y conserva la identidad al plantear una nueva ciudadana (Aguirre, 2012) en base a una ciudadana responsable con la justicia ecolgica, en particular con la justicia interespecfica basada en el principio de hospitalidad biosfrica hacia los otros seres vivos. (Lecaros, 2013: 180)

Desplazarse en la justicia interespecfica y la hospitalidad biosfrica no es simplemente entablar una conversacin para entender al interlocutor o superar las diferencias con convenios; sino seguir al otro en sus proyectos. No slo permitrselos, tambin promoverlos. Para decirlo en pocos trminos con los conocidos vocablos heideggerianos: el otro no es un indiferente estado de yecto, un ser ah, sin ms; sino un pro-yecto, existiendo con un propsito que le suma aprecio al valor moral que de por s tiene su existencia. En trminos ecolgicos implica reconocer a cualquier otro como parte de los procesos y niveles de organizacin biolgica que envuelve a todo ser vivo y no vivo.

El co-habitante otro, con iguales derechos en co-habitar, aunque no idntico en hbitos, exige un reconocimiento que desplaza horizontes y lmites ante l. De ah que nunca ha de cerrarse el paso a lo que el otro tiene que decir. Por ello, una figura central de la tica ambiental estadounidense, Aldo Leopold (1949) nos invita a Pensar como una montaa, segn su conocida metfora.

En la fusin de los horizontes no se comprende un objeto, sino que se desea comprender al otro, precisamente como no-objeto, como interlocutor e intrprete, con el propsito justamente de no reificarlo. Las expectativas sobre lo otro cambian y se abre el camino al descubrimiento y el encuentro, no al reduccionismo.

 

La traslacin metafrica de sentidos

En la traslacin de la nocin de recurso-tierra a la de bisfera parecera contradictorio otorgar valor intrnseco a personas no humanas en razn de su servicio a los humanos, o apreciar el valor en-s de realidades no vivas en razn de los vnculos con seres vivos. Sin embargo, no hay ninguna contradiccin en ello.

Si se ejemplificara con el caso ms cercano a la experiencia humana, se constatar que en cualquier anlisis inter-cultural puede mostrarse la asignacin de valor intrnseco a la realidad no viva de los cadveres slo porque guardan una relacin con el ser humano. El comn denominador de variados ritos funerarios y el dato fenomenolgico de los primeros hemiciclos hechos por los humanos como monumentos fnebres dan prueba del valor que se otorga a esta realidad no viva. An desde el lenguaje mismo la realidad no viva no se considera carroa, desperdicio o residuo, slo por el hecho de que dichos restos tuvieron la funcin de dar existencia espacial y temporal a un humano. La valoracin de los cadveres no obedece a motivos biolgicamente funcionales o de dependencia bitica, pues la vida humana no depende de los cadveres o ejerce su fisiologa sujeta a ellos.

Aadiendo proporcionales consideraciones a la escala de seres inanimados, realidades aparentemente intangibles como los factores sociales y culturales llegan a ser adjetivadas como vivas. Y ms an, tambin otras realidades desvinculadas de los humanos como son: acantilados, suelos, paisajes, etc. son reconocidas como vivas por la Geografa Crtica. (Bauder & Engel-Di Mauro, 2008) En todo caso, el reconocimiento del valor intrnseco del que se les dota no es un valor absoluto, sino de orden relacional, es decir, relativo a los otros seres con quienes se poseen vnculos, y en tanto relacional es relativo, pero no es funcional sino intrnseco. En otros trminos, el medio ambiente no vivo no tiene como condicin de reconocimiento de su vida metafrica, pero axiolgica, la funcionalidad o dependencia con los seres vivos. Por el contrario, el medio ambiente no vivo, pero que podemos adjetivar de vivo, es la condicin de posibilidad para los seres vivos. Pero no por ello, queda sujeto su valor intrnseco.

Anlogamente, en la ciencia mdica se adjetiva axiolgicamente como sano o saludable a todo un universo de realidades que no son orgnicas. Por ejemplo, se dice sano de un trabajo al igual que un descanso, de un ejercicio al igual que de un reposo; o para efectos de prescripcin y diagnstico se atribuye como sano un alimento al igual que un excremento Acaso las cosas inanimadas e intangibles estn vivas y sanas y, tambin pueden morir o enfermar? Slo una visin adecuadamente hermenutica-analgica de la bisfera puede incluir esta idea en la tica ambiental y la administracin de la tierra.

Desde la perspectiva latinoamericana pueden citarse ms ejemplos del uso metafrico que permiten la nueva comprensin de la bisfera como una realidad no slo en la que estamos inmersos, sino que debe respetarse. Para comprender la necesidad de ese respeto, el Instituto de Investigaciones en Biotica de Monterrey, Mxico, apoya actualmente una investigacin sobre el ro La Silla que cualitativamente se denomina ltimo ro vivo. (Canales, 2014) Se llama ro vivo porque es el nico ro de la zona metropolitana que an lleva caudal y cuyo ecosistema apenas sobrevive debido a modificaciones en su cauce, asentamientos irregulares y descargas industriales. La investigacin busca determinar y calificar el quebrantamiento de valores y principios morales a partir de la premisa de la igualdad en la dignidad de todos los seres. Con ello se pretende fusionar los horizontes de significatividad de la biotica de sesgo transdisciplinarmente ambientalista- y el desarrollo sustentable. En el sur de Chile, utilizando la Filosofa Ambiental, en el Parque Omora, reserva en la Isla Navarino, se utiliza la metfora de los bosques en miniatura y la actividad de ecoturismo con lupa para apreciar los valores ecolgicos, estticos, econmicos y ticos de la gran diversidad de musgos y lquenes. (Rozzi et. al., 2008a)

Estas experiencias latinoamericanas apuntan a un dilogo transdisciplinar que desembocar en la correcta administracin de la tierra. Que como explicaba Leopold, (2007: 40) puede concebirse en los siguientes trminos: una accin estar bien si tiene a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad bitica. Estar mal si tiende en otro sentido. O en palabras ms pragmticas: la correcta administracin de la tierra prioriza la sustentabilidad de la bisfera; prefiere la integridad y armnico dinamismo de la comunidad bitica y; toma en cuenta la igualdad (aunque no simtrica) y proporcionalidad de los seres vivos y no vivos que la constituyen y mantienen en movimiento.

 

Conclusin.

El mejor servicio de la hermenutica es el reconocimiento de horizontes de pertenencia entre ajenos para lograr su fusin. La hermenutica entonces presta un servicio nico a la tica ambiental. Ayuda a vincular las ciencias ecolgicas con la administracin de la tierra, al aportar la fusin de horizontes donde las diversas partes participantes se reconocen a s y entre s y tienen oportunidad de auto-limitarse en funcin de dicho reconocimiento.

De acuerdo a la filosofa de Bryan Norton (1991), el mejor argumento para proteger la biodiversidad est en la valoracin de las especies biolgicas y los procesos y niveles ecosistmicos. Y ello no puede ejecutarse sin la comprensin profunda dada por las metforas, gracias a la cuales se comprende que realidades biolgicamente no vivas en realidad si lo estn en un sentido axiolgico, o que personas no humanas son tan dignas como las personas humanas en un sentido tico. Para ello ha de procederse con traslaciones de significatividades, con metforas persuasivas y quiz hasta con simbolizaciones poticas. Slo entonces, las posiciones opuestas y en conflicto comprendern que navegan en el mismo barco, en las mismas aguas y que es conveniente que ello est en la comprensin y los corazones de todos.

 

Recibido 15 12 - 2014

Aceptado 30 12 - 2014

 

 

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Resumen

Integrar la administracin de la tierra con la tica ambiental tiene dos retos importantes. El primero es la traslacin de sentidos metafricos que iluminen (y tambin ejemplifiquen) que la tierra es ms valiosa que la concepcin de los simples recursos naturales. El segundo es lograr, habiendo conseguido el primero, que la visin economicista de la administracin de la tierra se autolimite para hacerla compatible con la tica de la tierra. El objetivo de este ensayo es mostrar la contribucin de la metodologa hermenutica ante tal integracin y vinculacin para vencer ambos retos. El marco terico se ubica en la tica Ambiental, que como toda tica, es parte de la Filosofa Ambiental. El proceder metdico es terico conceptual con miras a orientar la mejor prctica de la administracin ecolgica de la tierra. La contribucin hermenutica se mostrar por medio de la traslacin de significados clave como tierra o suelo, hacia medio ambiente o una nocin holstica de bisfera que permitan una administracin de la tierra con el sentido de una ecologa tica.

 

Palabras clave: tica ambiental, administracin de la tierra, integracin, fusin de horizontes, hermenutica.

Abstract

Integrate land management with environmental ethics has two major challenges. The first is the translation of metaphorical meanings that illuminate the land is more valuable than the simple concept of "natural resources". The second is to make the economic vision of land administration is self-limiting to make it compatible with the land ethic. The objective of this work is to overcome both challenges. The theoretical framework is located in the Environmental Ethics, which is part of the Environmental Philosophy. The methodical approach is conceptual theoretical to guide best practice ecological land management. Hermeneutics contribution is the translation of key meanings as "earth" or "soil to "environment" or a holistic view of "biosphere" that permit land management with the sense of an ethical ecology.

 

Keywords: environmental ethics, land management, integration, fusion of horizons, hermeneutics

 



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