CUADERNOS DE TICA, Vol

Cuadernos de tica, Vol. 30, Nmero extraordinario tica ambiental, 2015.

 

 

 

PENSAMIENTO AMBIENTAL SUR EN TIEMPOS DE PENURIA

 

Ana Patricia Noguera de Echeverri *

 

 

 

La desertizacin no es un simple cubrir de arena.

La desertizacin es el rpido curso de la expulsin de Mnemosine.

La expresin El desierto crece, no procede del mismo lugar

que las condenas usuales de nuestra poca.

El desierto crece, deca Nietzsche hace casi setenta aos.

Y l aade: Ay de aquel que esconde desiertos!.

(Heidegger, M. 2010: 28)

 

 

 

Poticamente habita el Hombre?

La pregunta fundacional de nuestro pensamiento ambiental, tiene que ver con las maneras como esta civilizacin occidental, y esta cultura llamada moderna, est habitando la tierra. Cuando Martn Heidegger, en su conferencia Poticamente habita el hombre....? evoca el poema de Hlderlin Sin embargo, es por sus propios mritos que el hombre habita poticamente esta tierra, se detiene en ... Las palabras: ... poticamente habita el hombre... (que) dicen ms bien esto: el poetizar es lo que antes que nada deja al habitar ser un habitar. Poetizar es propiamente dejar habitar. Ahora bien, por qu medio llegamos a tener un habitculo? Por medio del edificar. Poetizar, como dejar habitar, es un construir. (Heidegger, 1994)

En clave del interrogante fundante del Pensamiento Ambiental y de aquello de lo que se preocupa, una de las palabras ms importantes ha sido la palabra SER no solo como figura ontolgica predominante en la filosofa, sino y sobre todo, como verbo que se despliega, como accin permanente, como manera fundante de ser del ser: es decir, el ser solo es ser, en tanto es.

Y cmo ES el ser del SER en el mundo? Y a qu mundo nos referimos cuando renombramos con Heidegger, el ser-en-el-mundo, desde la perspectiva del Pensamiento Ambiental? Qu mundo se piensa cuando se habla del ser-en-el-mundo?

Es el SER-en-el-mundo un ESTAR original, originario y originador? Es el SER-SUR, un ESTAR profundo? Es el SER-SUR un ESTAR, un modo de habitar? Es el ser-estar-sur, un ethos originario, una variedad de maneras de habitar, que hacen del ethos un habitar que permita incontables variedades del habitar, un habitar en el permanecer, recordando la hermosa afirmacin de Hlderlin, pero lo que queda lo instauran los poetas, frase desplegada por Martn Heidegger (2006:107) en su precioso trabajo Hlderlin y la Esencia de la Poesa?

En esta escritura, desplegaremos emergencias ticas de nuestro pensamiento ambiental donde proponemos los caminos de las geopoticas del habitar sur.

 

El habitar es cuerpo en la tierra, modificando tierra, modificando cuerpo

Mi propuesta de filosofa ambiental, emerge en 1993, con una fuerte presencia de la fenomenologa husserliana y heideggeriana. El sujeto y el objeto eran intocables como pilares de toda forma de pensar moderna, pero ya para esa fecha una sospecha profunda frente al sujeto trascendental, a la verdad universal y a la objetividad -tambin universal-, haba anegado mi pensamiento, colocndolo en crisis y colocando en crisis cuanto de filosofa moderna haba acompaado mi reflexin. Encontr doloroso hallazgo - que una tica ambiental en el mbito de la filosofa, solo podra tener lugar, en el momento en que se disolvieran el sujeto y el objeto modernos en entramado de vida, en la naturaleza que somos. Una disolucin del sujeto y del objeto en entramado de vida, en naturaleza compleja, era una propuesta salida de toda lgica filosfica, cuyo pilar, cuya columna vertebral, cuyo punto de partida era nada menos que el sujeto y el objeto, pensados como escindidos, distanciados, esencial y substancialmente opuestos, en una relacin teleolgica de dominio en clave de conocimiento, del sujeto (racionalidad humana) sobre el objeto (naturaleza cosificada).

La trayectoria no estaba marcada, pero Augusto ngel, el primer filsofo ambiental colombiano, haba dejado puertas conceptuales inmensas, abiertas para quienes quisieran entrar. La esttica cuyos despliegues expansivos en clave fisiolgica, funcional y social, haba trazado ya Andr Leroi Gourham (1971), con ngel se expanda a la naturaleza misma como creadora y dadora de forma. En los despliegues de nuestra nota, en clave de una Filosofa tica Ambiental, se configura no solo una esttica en la naturaleza, sino de una naturaleza esttica, es decir, creadora y transformadora. La esttica es disfrute y goce de la vida, propuesta inicial de Augusto ngel; tambin es aquello que hace de la naturaleza, esttica; o mejor, en aquello que hace de la esttica, naturaleza. Sin duda, la vida misma como creadora, es la esttica de la naturaleza y la naturaleza de la esttica, en ese bucle tenso e intenso, que hemos considerado en la perspectiva de la autopoiesis, es decir, de la creacin de s misma, solo posible a partir del otro-otro.

La tica ambiental no solo como pltora de principios dadores de sentido ambiental, sino como ethos, es decir, como manera de habitar, coloca la experiencia de ser del ser humano en el mundo, siendo como existiendo, es decir, volcndose siempre hacia fuera de s mismo, para poder ser. La figura del otro y de lo otro, configuran el yo, que ya no es centro, sino conexin, correlacin, cuerpo-rizoma, cuerpo-mundo-de-la-vida-simblico-bitico, red de vida, trama de vida, que emerge nicamente desde el pliegue despliegue del ser existiendo. La figura del otro y de lo otro, son ese multitudo o todo mltiple, donde el yo, colectivo, no es ms que momentum del pliegue-repliegue de la vida.

Si la filosofa ambiental exige una difuminacin progresiva del sujeto, es porque necesita tambin, de una difuminacin exhaustiva del objeto. La relacin sujeto-objeto, tan bsica y fundamental de toda epistemologa moderna, se convierte en el principal escollo para construir nuestra propuesta de Reencantamiento del Mundo. Husserl en su Crisis (1991) ya lo presenta profunda y dolorosamente. El concepto-ocano mundo-de-la-vida, es una herencia maravillosa de la Fenomenologa, que permite debilitar la fuerza de la subjetividad en todas sus formas, para construir una tica dbil, -sin fundamentos primeros, ni teleologas, ni axiologas-, que gracias a la esteticidad del cuerpo y de la piel, como lugares de sutura entre natura/cultura, carne/espritu, materia/idea, permite la comprensin de la red de vida, de la trama de la vida o entramado vital de las emergencias biticas-simblicas, (ecosistmicas-culturales, en clave angeliana), que es lo ambiental.

La naturaleza compleja: no mecanicista, no lineal ni causalista; potencia de ser del ser, no es esttica, acabada, completada, teleolgica. Es potencia pura, diversidad permanente. De ella emanan todas las maneras de la vida, que correlacionadas, expresan intencionalidades de la conciencia, pero no de una conciencia por fuera de ella, sino emergente de ella. Una conciencia que emerge de relaciones complejas, produce valoraciones complejas.

Las jerarquas lineales y de dominio, que priman en la filosofa-tica antropocentrista, se disuelven en la filosofa tica ambiental que proponemos. Nada es ni ms ni menos importante en el tejido de la vida. Se configuran entonces valores incluyentes como el de la solidaridad y el de la cooperacin, frente a los valores instituidos por las relaciones de dominio como son el valor de la competitividad y el individualismo. Se piensa en el todo mltiple que constituye comunidad, colectividad. De relaciones de dominio sujeto-objeto, se propone el paso hacia el respeto-trama y la responsabilidad-urdimbre, que solo pueden ejercerse en mbitos donde no hay jerarquas monodireccionales. La disolucin filosfica del sujeto y del objeto, se convierte en tarea urgente del pensamiento ambiental en tanto ello implica una reforma del pensamiento, del conocimiento, y de la manera como se ha concebido lo humano y la naturaleza. La disolucin sujeto objeto en clave del Pensamiento Ambiental, implica revisar, repasar, recuperar u olvidar huellas del pensamiento filosfico occidental, sedimentado en las huellas del habitar. Es una tarea filosfica-histrica-geogrfica, en relacin compleja entre espacios, tiempos y conceptos que devienen y mutan en dichos entramados espacio-temporales.

La tarea inicada por Augusto Angel, de construir un Pensamieto Ambiental en distancia y tensin con el Desarrollo Sostenible, es continuada en un denso y doloroso trabajo desarrollado por m, en tres escrituras-pinturas: Escisin y Reconciliacin (1997), Educacin Esttica y Complejidad Ambiental (2000) y Reencantamiento del mundo (2004). En la primera escritura, la clave esttica es el arte y en l, como expresin de su poca, los devenires del cuerpo, los sentidos, la piel, las texturas, los olores, los colores, los sonidos, la naturaleza en clave esttica. La escisin es, sin duda, la escisin platnico-cartesiana del mundo en dos: un mundo de las ideas y un mundo de las apariencias (Platn); un hombre-sujeto-yo-razn metafsico y un mundo-objeto fisicalista. La reconciliacin, en mi escritura de 1997, es el acercamiento, el contacto, el encuentro de esos dos mundos que se haban escindido, en clave del arte. La negacin del cuerpo, en la filosofa moderna es clara y contundente. El cuerpo es un cuerpo desollado, mutilado, pecaminoso, amputado, desertizado como la naturaleza misma; el cuerpo es recurso disponible como la naturaleza toda. El mundo es mundo del clculo, de la contabilidad, de los recursos, de objetos disponibles para ese sujeto-yo-razn. Ambos, cuerpo y mundo de la vida, se ocultan en la Modernidad para dar paso a las ideas claras y distintas, al sujeto trascendental, a la intersubjetividad y a categoras univeralizantes. La reconciliacin implica un cambio de poca y para ello un enfrentar la crisis civilizatoria que somos. Enfrentar la crisis es enfrentar el mundo en su radical des-encantamiento- y ello exige adentrarnos en lo ms significativo, en la mejor expresin moderna: la guerra, no solo de todos contra todos, sino de todos contra todo (Serres, 1991).

En la segunda escritura, constru un concepto-imagen ante todo tico-esttico: el ethos como hbitat, solo lo es en tanto habitar: El habitar es cuerpo en la tierra, modificando tierra, modificando cuerpo. La piel es el contacto potente, pues al hacerlo configura mundo. Tierra-mundo-de-la-vida: coligaciones inseparables pero diferentes, ellas solo son posibles en tanto el pensar es posible en la diferencia, y ello convoca a la multiplicidad. La Multitud potencia el giro ambiental: ante un ambientalismo homogenizante en clave de la razn sostenible, la imagen-concepto multitud propone el habitar en la diferencia de la que estamos hechos. Somos uno-otro en la multiplicidad, en la vida como despliegue de la diferencia-diversidad. El sujeto universal-trascendental, delata la unicidad melanclica de la filosofa moderna; el objeto, la intencionalidad con arreglo a fines: dominio-explotacin-acumulacin-mecantilizacin. La filosofa ambiental solo es posible en tanto disolucin en cuerpo-tierra del sujeto-objeto modernos; en tanto ethos: piel, lugar de habitacin de lo uno y lo otro, lo uno en lo otro y lo uno-otro. Pletrica alteridad ante la escasa alteridad generadora de la crisis ambiental que tambin somos. Re-encantamiento del mundo, en clave de una deconstruccin de tres conceptos: sujeto, objeto y desarrollo. Salida filosfica-potica en el cuerpo-tierra que somos. Filosofa de la tierra. Geofilosofa-Geopotica. Cuerpo-mundo-de-la-vida-simblico-bitico; cuerpo-tierra.

 

De las geo-metras a las geo-poticas

Las tensiones entre tierra y globo emergen del ser de la tierra y del globo: la tierra es vida exuberante y el globo es proyecto planificado. Geografa o geometra. No y, sino o. No exuberancia de la vida donde la geometra ayuda a un pensar la tierra, sino exuberancia de la medicin, donde la tierra es sometida al calco[1]. Sin embargo, los dos acontecimientos del pensamiento ultra-moderno configuran los tiempos de la globalizacin, llamados as por la reduccin de la tierra a una aldea mientras los tiempos de la era planetaria urgen pensar la tierra como diversidad y diferencia en despliegue.

El globo es una reduccin del cuerpo de la tierra. Necesidad de aplanar la tierra. Necesidad de representarla objetivamente. Necesidad de medir sus distancias, necesidad de precisarla y cuantificarla, como lo expresa bella y profticamente Alberto Durero en su grabado El Portillo realizado en 1525.

Desde el siglo XII d.C. comienza este delirio en Europa. Las cartografas hechas por otras culturas como la china, la fenicia, la egipcia o la maya, no buscaron reducir la tierra, sino expresar su inconmensurabilidad a partir de la representacin mtico-potica de los lugares. Animales imaginarios (humanos y no humanos), plantas y dioses, configuraron las representaciones de la tierra, cada una como paisaje de paisajes; cada una como pltora de sentidos. Complejidades mtico-poticas, los mapas procuraron ser labor de arte, como la tierra misma en sus geo-grafas. Superposiciones, escrituras palimpssticas, contactos entre la tierra y el agua, entre la montaa y el ro, entre el da y la noche; metforas creadoras de mundos al tacto, las cartografas no eran calcos, ni visiones telemticas geomtricas cartesianas; eran mapas-relatos de la tierra.

La obra negra del Renacimiento est en los alquimistas, las brujas y los navegantes; cada uno, a su modo pero en secreta cercana conoce lo oculto, no para des-ocultarlo, sino para tener poder. Los navegantes pintan sus propios mapas, describen sus trayectos, sus caminos, como sueos poticos, como historias increbles donde la tierra es fuerzas infinitas, oleajes gigantescos, selvas impenetrables que ellos, gracias a ese poder sobre-natural, aplacan a su paso. El poder sobre la tierra no lo da el develamiento, la deduccin, el aplanamiento de la tierra desde la irradiante mirada del gegrafo moderno, sino las geopoticas del habitar humano. Las escrituras sobre la tierra caminada, navegada, cabalgada, cultivada.

Se funda la era planetaria; la geopotica permite que los sueos de navegantes, alquimistas y brujas se tornen al paso de los siglos, en la ciencia pre-moderna. Conocimiento de frontera donde an no hay disciplinas, compartimentacin del mundo, escisiones ni reducciones. Para Leonardo Da Vinci (Capra, 2011) todo est coligado con todo y el arte permite comprender estas relaciones. La pintura se torna lugar de encuentro, donde se configuran mundos imaginados, se crean lugares soados, y se recrea la tierra misma. Los mapas recogen imaginarios maravillosos, donde lo mtico se funde con lo matemtico y lo geogrfico. Acontece, entonces el deseo de conocer lo desconocido y es cuando Europa se lanza a la aventura de descubrir. Comienza entonces la mundializacin, es decir, el deseo de unificacin de los mundos, el europeo y el descubierto por Europa, que no acepta la existencia de varios mundos, diversos, mltiples mundos. Impone el modelo de mundo construido por ella a aquellas tierras que ha descubierto. Comienza el paso progresivo de las cartografas, los mapas y las multiplicidades, a los modelos y los calcos en la unicidad que Europa pretende imponer como sujeto geogrfico e histrico. Con esto, comienza la prdida de la tierra y del cuerpo para los descubiertos: se inicia la modernidad.

 

Crisis ambiental: perdida del cuerpo y de la tierra

Hoy, ante el pensamiento ultramoderno que asume la globalizacin como expresin de una economa, una manera de producir, una manera de pensar y una manera de habitar la tierra, nicas, el pensamiento ambiental re-piensa las palabras habitar la tierra, no en el sentido de la poltica pblica sobre la tierra como propiedad del Estado o como propiedad privada; ni en el sentido de regin ligado con reino, rey, regimiento; ni en el sentido meramente funcional o econmico: divisin de la tierra en segmentos cuantificados en kilmetros cuadrados, regin como una parte de la tierra que pertenece a una nacin, una colectividad o un individuo, si no en el sentido de tejido de vida simblico-bitico, donde la tierra en sus permanentes maneras de habitar - se, va configurando diversas maneras de habitarla. Las poticas del hacer de la tierra son las que orientan cmo debe habitarse dicha trama; el pensamiento ambiental en estas claves es un geo-pensamiento que se configura solo en tanto alteridad que permite la comprensin de la tierra-diversa que somos.

Dice Augusto ngel, recordando a Nietzsche, que su pensamiento tan profundo como polmico, abre posibilidades de un pensamiento ambiental en tanto que el hombre de Nietzsche es aquel que se aferra a la tierra. (ngel,1999)

Y qu es aferrarse a la tierra en estos tiempos en que la tierra se ha reducido a mercanca, y los estudios territoriales, las polticas regionales e incluso las ambientales piensan la tierra del hombre y no el hombre de la tierra? Qu potencia potico-poltica pueden tener las palabras habitar la tierra en estos tiempos de penuria en el que la manera del vivir moderno en la tierra es matndola, odindola, devastndola, cosificndola y mercantilizndola, como ya lo profetizaba Francisco de Goya en su pintura de 1822: Duelo a Garrotazos, comentada por el filsofo Michel Serres, en su aguda y potente obra El Contrato Natural (1991), y dicho en trminos de Guerra contra la naturaleza, en su obra Variaciones sobre el Cuerpo (Serres, 2011: 143): La guerra mundial no es la del 39 al 45; es la guerra que le hacemos al mundo: aquella que producimos en el mundo y contra el mundo?

La prdida de la tierra es la prdida del ethos, de la casa, del nicho, del hogar, del nido, del lugar y del cuerpo que somos. Y qu significa esto? Perder la tierra no es haber perdido propiedad sobre ella; prdida distinta, sta se origina en las bases de nuestra civilizacin, que se podra comprender, en clave mtico-potica con la prdida del paraso terrenal. Es una prdida efecto de la escisin entre el hombre occidental y la naturaleza, y que en mi obra El Reencantamiento del mundo (2004) coloco como uno de los orgenes, tal vez el ms potente, de la crisis ambiental que estamos viviendo; una prdida que de diferentes maneras se expresa en la melancola de los pintores, msicos y poetas del romanticismo, como lo expresa el hermoso leo del pintor romntico Kaspar Friederich: Mujer ante el sol naciente de 1818. Una prdida que es semejante a la prdida de la madre - padre que es la tierra; prdida que nos ha reducido a sujetos racionales. As hemos sobrevivido en la tierra en estos ltimos 300 aos: sin tierra natal, sin cuerpo, sin madre, sin padre, sin mitos fundantes; tal ha sido la condicin de orfandad de nuestra cultura, condicin que nos ha sumido en la desolacin propia de quienes lo han perdido todo; sin casa y sin cuerpo; sin mitos, sin padre y sin madre qu nos queda? Gritargritar nosotros, humanos des-terrados; gritar nosotros, como tierra-desolada; El grito, leo de Edvard Munch, pintado en el ao de 1893 es el grito de la tierra saliendo de la profundidad de lo humano. La imagen antropomorfa que grita, emerge del ocaso reflejado en el fiordo, del cielo convulsionado, de la tierra desolada; la imagen antropomorfa, que es el pintor Munch, siente el grito profundo, desolado y doloroso de la naturaleza. Esta obra abre el siglo XX: siglo de la barbarie, donde la ciencia y la tecnologa se colocan al servicio de la guerra de todos contra todos y de todos contra todo.

Mientras la tierra grita en nosotros, buscamos refugio permanente en la ilusin de otro mundo, otra vida, otros cuerpos, otras maneras de sentir, que en esta modernidad son coptadas por las lgicas del mercado. Huir de una cultura des-terrada, des-hogarada, des-arraigada; de una raza ingrata y sin paz, que ha sentado las bases de su cultura en una razn que la piensa nica, universal, punto cero, alfa y omega de todo lo viviente; una cultura que ha credo ser nica y universal; una cultura que para serlo, ha roto amarras con la naturaleza, con la tierra, con la pltora de la vida, segn el concepto kantiano de libertad, es la fuga crucial de lo humano en estos tiempos de miseria, es otra manera de Icaro.

Escindidos desde el origen de esta civilizacin, hemos errado entre la nostalgia y la melancola: nostalgia de un paraso perdido, melancola y hasto de un presente sin sentidos y sin lugar, donde la fugacidad, la transitoriedad, la rapidez del tiempo que pasa, la mundializacin, la homogenizacin y la globalizacin, atrapan el deseo de alteridad.

Renunciamos a un habitar potico. Renunciamos a habitar la tierra y a que ella nos habite en rito, en danza, en canto, musicalmente. Construimos mundos ilusorios a travs de las grandes utopas del desarrollo y progreso de las naciones en la modernidad como proyecto de realizacin de la razn. Mundos ilusorios en los discursos de la ciencia y la tecnologa; mundos ilusorios en las pretensiones de universalidad de la filosofa occidental moderna; mundos ilusorios en la matematizacin del mundo. Mundos ilusorios cuya promesa global, niega la singularidad que somos. Hipotecamos la tierra a esos mundos ilusorios, que en algn momento nos han ofrecido un vivir mejor y no el buen vivir en la tierra frtil, la tierra en florecimiento, que anuncia la bella palabra-ethos Abya-Yala

La tragedia de la escisin fundacional de Occidente consiste en haber credo ser amos y seores del tejido de la vida, siendo un mero hilo en la trama de la vida; haber credo que la libertad consista en dominar la naturaleza, siendo apenas una emergencia de ella. Haber credo en la infinitud de la razn siendo ella misma una reduccin mnima de lo humano haber credo ser humanos sin naturaleza, cuando solo es posible serlo en ella haber despreciado la tierra, siendo ella nuestra madre; haberla reducido a objeto, siendo ella un enigma maravilloso, indescifrable y misterioso; haber credo que la ciencia poda explicar la vida, cuando en realidad la vida no se puede apresar en una formula matemtica, en un dato, en una cuantificacin. La tragedia de esta civilizacin ha sido, haber credo que la naturaleza, la tierra era de su propiedad, cuando somos los humanos los que nos debemos a la tierra.

 

La herencia judeocristiana y platnica condujo a que la cultura occidental se construyera sobre una especie de estructura dual, soporte de las relaciones de dominio y explotacin inmisericorde de las tramas de la vida llamadas naturaleza. El desprecio por la terrenalidad, la carnalidad y el cuerpo como lugar de lo placentero, se transform en la modernidad en una actitud de descuido y sojuzgamiento de los frutos y bienes de la tierra. El cimiento del desarrollo sin lmites de la ciencia y la tecnologa fue la profunda escisin entre cultura y naturaleza que, bajo las figuras de cielo y tierra o alma y cuerpo, lleg a la modernidad para convertirse en sujeto y objeto. La cultura moderna se consolid gracias a la creencia de que la naturaleza era ilimitada y estaba disponible como recurso para la racionalidad tecnocientfica infinita del ser humano. (Noguera, 2004: 29)

 

 

La reduccin de las variedades, los acontecimientos y la diversidad de la naturaleza a frmulas fsico-qumico-matemticas en la modernidad, expres el triunfo de la razn sobre la vida, pero tambin la perdida de la tierra como lugar de origen mtico-potico de lo humano. En el mismo momento en que nuestra cultura encontr la manera ms sutil y eficaz de dominar la naturaleza para colocarla bajo su dominio, perdi la tierra como diversidad, como el habitar mismo, para convertirla en globo, homogneo controlado por el aleph de la mega-modernidad: los medios de comunicacin y control de la vida.

En Heidegger o la voz de los tiempos sombros, escribe el filsofo Pedro Cerezo un hermoso captulo: De la existencia tica a la tica originaria:

 

Ethos y nomos, entre estas palabras aurorales se destaca el tringulo physis, ethos y logos. El entrelazo de las dos primeras, tal como ha mostrado Riedel, cancela el dualismo platnico de dos esferas independientes, tan decisivo luego en la contraposicin moderna de naturaleza y libertad, para presentarlas como radicales indisociables del todo del ser que en su emerger a presencia (physis) no puede dejar de concernir propiamente al hombre. (HLL, 216) La unidad de ambos radicales la expresa elocuentemente un temprano texto de Holzwege: A este surgir y abrirse mismo y en cuanto todo lo llamaron los griegos primitivos Physis. Ella ilumina, a su vez, aquello hacia y en donde funda su habitar el hombre (Hz, 31). Ethos designa, pues, un rasgo esencial y originario del hombre, pero no como algo que este tenga en su haber, sino, a la inversa, como aquello a que se debe, a lo que pertenece y por lo que es requerido como su lugar de gravitacin. Tal como precisa Heidegger, lo esencial en el ethos, en este permanecer, es el modo como el hombre se detiene en el ente y cmo l se conserva y se deja mantener. El entenderse en relacin al ethos, el saber de ello, es tica. (Cerezo, 1991: 43 y 44)

 

 

La prdida de la tierra como lugar de origen de la vida y lo humano como emergencia de ella, es a la vez, la prdida de la tierra como entramado de vida y la prdida del habitar mismo en tanto morada para el hombre. La prdida de la tierra en tanto morada, en tanto habitacin, en tanto casa, es la prdida de un modo del ethos, que Leonardo Boff en su tica Planetaria para el Gran Sur (2001), nos advierte como establo para los animales, morada para el hombre segn la idea homrica. El desplazado, el desterrado, el desarraigado, el errante, el nmade, el vagabundo, el sin-tierra, son figuras potico-polticas, de esta prdida. Segn la evocacin que hace Boff de Homero, el ethos es el modo como la tierra se expresa para ser habitada por el hombre. La palabra es la manera como el hombre se relaciona con la tierra de la que est hecho, de manera que no es posible separar el ethos del logos. En Occidente, el logos dej de nombrar la tierra, para nombrar aquello que el hombre occidental construy, separado, escindido de la tierra: la cultura. El hombre occidental moderno, renunci a lo mtico-potico, en busca de la precisin, la exactitud y el clculo. Por ello la palabra potica que nombraba la tierra se olvid y con Newton, comenzamos a nombrarla con lenguaje matemtico universal.

Pero volvamos a la palabra de Pedro Cerezo en evocacin heideggeriana:

 

Ethos designa, pues, un rasgo esencial y originario del hombre, pero no como algo que este tenga en su haber, sino, a la inversa, como aquello a que se debe, a lo que pertenece y por lo que es requerido como su lugar de gravitacinHabitar indica una relacin esencial de pertenencia al lugar propio y propicio de la existencia humana. (Cerezo, 1991: 44)

 

 

El habitar es entonces originario del habitat, que como hbito, el habitante lo habita; habitar es comprender-se hecho del lugar (hbitat) que se habita. Estamos hechos del lugar que habitamos. Siendo la tierra nuestro hbitat; siendo la tierra agua y el agua tierra, el seductor es seductor en tanto que el barco para ser barco se convierte en agua, y el agua para serlo, se convierte en barco en tanto habitar, este emerge del tejido entre habitar-habitat-habitante-hbito-habitacin.

El habitar como esa apertura para que emerja lo humano, est en crisis. La hemos llamado con Augusto ngel, crisis ambiental, alejandonos﷽﷽﷽. La hemos llamado con Augusto Angel, crisis ambiental, alejgua na"o acaeciitada por el hombre. La palabra es la manerndonos del concepto emanado del llamado primer mundo, de crisis ambiental como crisis de recursos naturales. Alejndonos, distancindonos en tensin con este concepto absolutamente economicista e instrumental, evocamos a Heidegger y a nuestros pueblos originarios, los Hopis, los Cunas, los Uwas, los Aymaras, los Mapuches que llaman madre a la tierra, y que su resistencia poltica no est en recuperar la tierra como propiedad, sino en ensearnos que somos de la tierra. Somos del habitar, somos del Oikos, somos de la Physis. Ser humano es entonces comprender la lengua de la tierra que es la Maestra que ensea cmo habitar. El habitar es el ethos mismo desplegndose en lo humano y lo humano desplegndose en el ethos, como aquello a que se debe, a lo que pertenece y por lo que es requerido como su lugar de gravitacin (Cerezo, 1991: 44).

Sin tierra, sin ethos, sin cuerpo, la cultura moderna se aboca a la angustia que se expresa en la obsesin por las cosas, el consumo sin lmite, la explotacin, la ambicin. La adiccin a la riqueza, al capital, al petrleo, al carbn, al oro, al cobre, al nquel, a la energa se expresa en los proyectos de investigacin de las universidades y multinacionales que actualmente no pueden parar. Incapaces de contener las fuerzas de la naturaleza que la ciencia y la tecnologa han credo conocer y dominar, estamos viviendo el trnsito, el paso doloroso del fin de esta civilizacin y tal vez el inicio de una nueva cultura. Occidentales que somos, devoramos la tierra; puesta a nuestro servicio, pareciera que no podemos detenernos y cambiar de direccin, pensar de nuevo lo ya pensado. No habitamos la tierra: nos la hemos tomado. Sin comprenderla, sin escucharla, ella y todos sus secretos se han convertido en mercanca. Lo vivo y todos sus misterios, las maneras como cada planta, cada animal nos afecta se convierte en negocio, en mercanca, en objeto de enriquecimiento.

Sin tierra y sin cuerpo, somos un ego, sin carne, un sujeto, trascendental, universal, idntico, desolado y des-hollado: sin piel. La desolacin, producida por la reduccin del mundo a dato, cuenta, riqueza o recurso, se cura con frmacos producidos por la industria qumica farmacutica, que ha reducido el mundo misterioso y enigmtico del poder de la naturaleza a un objeto mercantil; los misterios de la tierra; las fuerzas enigmticas e indescifrables de la vida y las maneras como esas fuerzas afectan la misma trama de la vida, se mercantilizan. Y nosotros, adictos al consumo, al confort, al capital; sujetos sin cuerpo, sin tierra, sin piel, objetos intercambiables, globalizados, mano de obra, funcionarios cuantificados, en un mundo calculado, nos tornamos adictos a aquellas fuerzas poderosas que nos permiten conectarnos con esa naturaleza oculta y maravillosa que perdimos en nuestro viaje civilizatorio. Esa naturaleza a la que le hemos declarado la guerra; esa naturaleza, culpable de todas nuestras desdichas; esa naturaleza oculta infinitos secretos que solo el humano ritual, el humano en gesto respetuoso, el humano en serenidad y meditacin, es capaz de disfrutar en ataraxia, sin adiccin. Pero el humano moderno, rotas las amarras con la naturaleza, no puede desligarse de la esquizofrenia cultural que lo atraviesa y constituye, hasta el punto de haber credo y seguir creyendo, que quienes durante siglos, que quienes no siguen las lgicas de occidente: las lgicas de la verdad cientfica, la lgicas del anlisis y la linealidad, que no son las lgicas de la tierra, es decir, quien comprende la lengua de la tierra y sus misterios; quien respeta sus enigmas, ese, es un ignorante, retrasado, subdesarrollado, e incluso, loco; quien habla la lengua de la tierra, es considerado loco y necio. El que habla en las lgicas del mundo calculado, es considerado cientfico; quien habla la lengua de la tierra, est en la oscuridad. Quien habla la lengua de la razn instrumental est en la luz.

Comprender la guerra que esta cultura esquizofrnica le ha declarado a la tierra: es comprender la guerra de hombres contra hombres, donde en nombre de la humanidad que es un concepto eurocentrista, los hombres que creen ser la humanidad, matan a los otros, aquellos que no son la humanidad, pero mientras se matan, estn destruyendo la tierra, se estn hundiendo en ella, la estn perdiendo.

El grito permanente de la tierra (y en ella el humano), no ha dejado de retumbar. Noche y da y sin descanso, la naturaleza (que tambin somos), grita.

El pensamiento moderno ha sido un pensamiento contra la tierra en tanto tiene pretensiones de universalidad. Nunca se haba odiado tanto a la tierra como ahora, deca Michel Serres en su libro el Contrato Natural, donde hace una crtica desde la Ecologa Profunda al contrato social. Serres (1991:63), sabiamente dice, refirindose al contrato social con el que se inaugura la modernidad curiosamente mudo sobre el mundo, ese contrato (dicen los filsofos del derecho natural moderno) nos hizo abandonar el estado natural para formar la sociedad. Curiosamente, ese contrato social nos coloc en un afuera del mundo, objetivado, cosificado, fijo, dispuesto para nosotros, dado. Curiosamente, la historia nos escindi del tiempo de la vida, del tiempo que hace.

Y escindidos de la tierra, des-terrados de nuestra casa, absolutamente desolados como lo expresa Guayasamn en su Grito No 3, de 1983, odiamos el mundo, despreciamos la tierra; solo un odio y desprecio profundos por la tierra han potenciado el trato ingrato y taimado que le damos a la tierra: la investigacin cientfica moderna, la educacin incluyendo la ambiental, ha separado partes la tierra-naturaleza-vida; ha roto las coligaciones, lazos, conexiones y relaciones profundas del todo de la vida; ha roto los hilos del tejido denso de la vida. (Noguera, 2004)

La educacin, lugar donde se construye el ethos: las maneras del habitar humano, se ha dedicado a propagar esta bio-geo-poltica, para tener el dominio y control absolutos sobre la vida. El curriculum de nuestras escuelas est construido no para comprender la lengua de la tierra, propuesta que emerge con Jos Luis Pardo en su libro Sobre los Espacios pintar, escribir, pensar (1991), sino para ensearles a los nios, a los jvenes y a los adultos, cmo dominar la tierra. Esta Bio-geo-poltica ha llevado a que la investigacin cientfica financiada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y por las grandes multinacionales de alimentos, energa y minera entre otras, se dedique no a investigar maneras otras de habitar poticamente esta tierra, sino a investigar formas cada vez ms sutiles, sostenibles y hasta sustentables de explotar la tierra.

Ensear unas ciencias sociales escindidas de la naturaleza, y unas ciencias naturales sin hombre (ngel,1996), es la manera como se ha configurado el sujeto poltico moderno. Ha emergido -con la potencia potico-poltico que tiene esta afirmacin- un Frankenstein: Un ser humano, primero, reducido a sujeto, es de decir a razn; segundo, separado de la naturaleza, que tambin es el cuerpo del hombre; y tercero, enfrentado, por la misma escuela, a una naturaleza, reducida a objeto, externalidad, mercanca, recurso para el desarrollo de ese sujeto, que tiene una geografa: Europa, un lugar de nacimiento: Francia; y una intencionalidad poltica: la del dominio del universo. Sujeto que se llam trascendental por la filosofa moderna alemana, inaugurada con Emmanuel Kant. Sujeto descorporeizado, sujeto que busca sentir y ser sentido sujeto que se expresa y expresa el mundo en formas matemticas cuantitativas, geometras reduccionistas. Ese sujeto ha orientado las polticas mundiales de la homogenizacin, de la reduccin de la vida a mercanca, de la globalizacin de la tierra.

 

Ethos Ambiental: reforma profunda del pensar-ser-sentir-estar

Romper las relaciones, los entramados de vida, separarla en partes, la tierra se ha convertido en un campo de concentracin, donde todo es mercanca. Las distintas especies incluyendo la humana, la tierra toda, es vista actualmente como fbrica de produccin industrial. En la educacin actual, la globalizacin del mercado oculta las singularidades no para respetarlas sino para hacer de ellas objeto de deseo, ilusin de alteridad, que el marketing y la publicidad cooptan. La tecnologa que se desarrolla en las universidades, busca apoyar las leyes del mercado y no comprender la lengua de la tierra y ello es des-tierro, des-arraigo. Son dos lgicas, dos maneras, dos pensamientos, dos sentidos opuestos, antagnicos, donde la lgica del mercado global, le ha declarado la guerra a la lengua de la tierra, a la vida en toda su complejidad. La educacin busca olvidar que somos tierra, que estamos hechos del lugar que habitamos.

La escisin de la naturaleza en recursos: recurso agua, recurso suelo, recurso fauna, recurso flora, recurso petrleo, recurso aire, recurso humano, tiene que ver directamente con las polticas ambientales en Amrica Latina. Administrar los recursos naturales, conservarlos, conservar la riqueza de la biodiversidad, son expresiones nombres de programas polticos de los estados, de los gobiernos, de nuestra Amrica colonizada Se busca dominar mejor, producir ms; la avidez de nuestra cultura todo lo coopta para el desarrollo. Mientras tanto, nuestros artistas, aquellos que nos ensean a habitar poticamente esta tierra, como seres en el mundo que somos, nos abren a una mirada-otra, una perspectiva-otra una comprensin de la crisis ambiental como crisis civilizatoria otra.

Ya Vincent Van Gogh nos haba regalado esa serie de autorretratos que lo hicieron tan famoso. Sin embargo los mejores autorretratos de Van Gogh, para ayudar a pensar-sentir el habitar poticamente esta tierra, son los de su habitacin. Ella cambiaba, siempre diferente, siempre otra, siempre sensible a cualquier cambio. Cada habitacin es diferente, cada habitacin expresa lo que su habitante, en hbito, siente en clave de su habitar. Igualmente, Oswaldo Guaysamn se hace varios autorretratos, pero los ms significativos para nuestro pensamiento hoy, son los autorretratos que l se hace pintando el paisaje de ciudad que ve desde su casa en Quito. Ella, camalenica como l, se pinta a veces de rojo incandescente, a veces de gris, a veces de azul, a veces arrebolada o al amanecer. Viva, mutante, monstruosa y metamrfica, la ciudad que habitamos y nos habita, la ciudad que somos, se comporta caprichosamente, se pinta y se adorna con pieles extradas de la tierra, con pieles tierra.

La singularidad del ethos ambiental es que ste emerge de la tierra, como territorio conceptual que permite habitar la tierra poticamente. El pensamiento ambiental atiende el clamor del artista; se ocupa entonces de la inmanencia, la itinerancia, la emergencia y el contacto de los cuerpos-tierra (Noguera, 2012) que somos, pre-ocupacin que entonces interroga el entramado de la cultura; sus smbolos, sus signos, sus acontecimientos, sus maneras de ser.estar; sus leyes, sus formas de organizacin, sus tcnicas, sus maneras de ser. La invitacin de nuestro Pensamiento Ambiental, en consonancia-disonancia con las voces de la tierra, es la comprensin de la lengua de la tierra.

Esta es absolutamente diversa. No es posible la unificacin en la universalidad simplificante, globalizante de la vida. Por ello, la gravedad de los problemas ambientales es profunda y en complejidad creciente como la vida. Frente a la pretensin del pensamiento moderno universalista de explicarlo todo a partir de leyes, principios, rdenes y paradigmas universales, el pensamiento ambiental solo puede pensar en clave de las narraciones y los relatos que configuran las diversas lenguas de la tierra. En esto el pensamiento ambiental procura acercarse-afectarse por las maneras diversas como otras culturas o mejor culturas-otras se relacionan con la tierra. Esas culturas-otras solo tienen en comn que se declaran tierra, hijos de la tierra, emergentes de la tierra. Su ley de origen es la tierra. Su gran madre. Su protectora, su sabia consejera. La msica, que segn Ciorn procede del llanto, puesto que ha nacido de la nostalgia del paraso (1988: 29), evoca la lengua de la tierra. Evoca sus misterios indescifrables, sus ritmos, sus silencios, sus acordes, sus disonancias. Ella, la msica, es lugar, oikos, nicho, morada; como la tierra-casa, la msica es bella manera de sentir la vida-muerte.

Pensar en clave de la relacin entre culturas y entramados de vida, pensar que las formas violentas como esta cultura de la globalizacin ha tejido la relacin con las tramas de vida, devela el sentimiento de desolacin, la ausencia de cuerpo y de tierra natal, la adiccin al petrleo, al oro, al nquel, a la energaal desarrollo, al dinero.

Las polticas, urdimbres del tejido de la vida urbana, debern ser lo suficientemente dctiles y resilentes, para permitir que las poticas del habitar humano como tramas rizomticas y complejas puedan movilizase en mltiples sentidos y direcciones. Las urdimbres son los hilos tensados y paralelos que el tejedor coloca en el telar, para que se pueda realizar la trama. El tejido es la relacin profunda entre urdimbre y trama. El tejido emerge de las dos: su potencia, su fuerza, su belleza, la vida que despliegue este tejido, depender de las relaciones entre la urdimbre y la trama. La metfora el telar nos permite comprender lo poltico y la vida en la polis. Como cuerpos-potico-polticos que somos, es decir, como cuerpos tejidos en los entramados ntimos de la vida desde millones de aos, y como cuerpos polticos, capaces de tomar decisiones colectivas, como cuerpos-multitud (Negri, 2000), nuestra invitacin en clave de un ethos ambiental, es cambiar el entramado de smbolos de la cultura, el rumbo de esta cultura, y reformar profundamente el pensamiento. Tres invitaciones, de Augusto ngel, Michel Serres y Edgar Morin, pensadores ambientales, filsofos de la disolucin de las escisiones entre sociedad y naturaleza, que nos retan a pensar distinto, a impugnar lo polticamente correcto, a retomar el cuerpo-tierra que somos, a re-encantar el mundo, en clave de acciones potico-polticas, que nos permitan habitar poticamente.

 

Geopoticas del habitar humano en tiempos de penuria

Jaime Pineda[2] despliega en sus obras inditas Geopotica del Habitar (2009)[3] y Geopotica de la Guerra (2014)[4] un pensamiento ambiental en dos claves: el habitar como construir, pensar, imaginar poetizar, y la comprensin de la lengua de la tierra, como geopotica del habitar. Pineda abre la ventana a un ocano tico, esttico, poltico y epistmico, que ha continuado la construccin de una Filosofa Ambiental en nuestra escuela de pensamiento ambiental. Su obra, intensa y profunda, propone volver a pensar el hombre sobre la tierra, a partir de la pregunta heideggeriana que ha marcada huella en nosotros: habita poticamente el hombre?. Con ritmo potico, pausado; de armonas atonales, la propuesta filosfica de Jaime Pineda transita por la coligacin entre la palabra potica y el concepto filosfico. Cmo poetizar la tierra? Urge una filosofa cercana a la palabra potica, para habitar poticamente esta tierra. El poeta habita la tierra en la palabra-enigma, palabra fundante, palabra vital; el filsofo deviene poeta en tanto siente que el pensar emerge de la tierra y reconoce que solo es posible pensar aferrado a la tierra que es. El filsofo advierte la devastacin de la tierra y la destruccin de la cultura; el filsofo disuelve el sujeto, cuyo discurso expresa deseo de dominio y explotacin de la tierra y permite la emergencia de la palabra misma como lugar de habitacin del ser. Slo poticamente el hombre podr habitar esta tierra. Jaime Pineda en su Geopotica del Habitar, despliega que no es posible habitar la tierra sin lo potico. La palabra nos habita desesperada, infinitamente sola como obra, la palabra funda lugar y solo en tanto fundante, la palabra es potica. La cercana entre filosofa y poesa, entre pensar y construir, se realiza en el habitar. Lo que en m siente est pensando, potente verso de Fernando Pessoa, expresa la inseparable relacin entre el pensar y el sentir, entre filosofa y poesa. De ahora en adelante, la Filosofa Ambiental es esttica. La tierra no es un objeto sino un tejido de tejidos vitales. La poetizacin del pensar en clave de la vida, pide una pausa como Samuel Beckett en su obra de teatro La ltima cinta de Krapp: (Pausa) Pasada medianoche. Jams conoc silencio semejante. Como si la tierra estuviese deshabitada. (Pineda, 2009: 1) Sin la palabra la tierra no est habitada: no es tierra, porque la tierra solo es tierra habitada. Habitar-hbitat en la coligacin entre dos maneras: la tierra como hbitat y el que se hace humano en tanto habita. La Filosofa Ambiental es en Jaime Pineda, filosofa-potica o potica-filosfica. Deleuze propone el pensar como lo que emerge de la coligacin entre tierra y territorio entonces la filosofa es geo-filosofa, es decir geo-potica. Una geo-filosofa-potica, o una geo-potica-filosfica. El silencio de la tierra o la primavera silenciosa recordando el bello y doloroso nombre de la obra fundante del Pensamiento Ambiental de la biloga Rachel Carlson, es el silencio de Krapp (en Pineda, 2009): Como si la tierra estuviera deshabitada, sin palabras.

Despliegues ambientales heideggerianos; construcciones potico-filosficas del habitar, para responder a la pregunta, o mejor continuar con la pregunta es poticamente que el hombre habita esta tierra? que Heidegger le hace al pensar moderno, a la filosofa moderna, reducida a un despliegue epistemolgico de la racionalidad instrumental, para darle soporte terico-metodolgico a la tecno-ciencia. La filosofa ambiental de este pensador, emerge de las cimas de la desesperacin, es decir de lo ms profundo de esta crisis civilizatoria que somos.

La obra maestra de Jaime Pineda Muoz: Geopotica de la Guerra, recoge su pensamiento acerca de aquello que ha constituido la civilizacin occidental desde sus orgenes: la Ira de Ares. Pensamiento maduro, sereno y profundo ante la guerra como un acontecimiento fundante de lo que ha sido la civilizacin occidental; pensamiento en el que la escisin cultura / naturaleza, se expresa en las maneras como la guerra en occidente ha dejado huellas de desolacin y devastacin en la tierra y las culturas, similares a las huellas del desarrollo; pensamiento en el que la obra de arte le ha permitido a nuestro pensador, comprender las tensiones trgicas entre Ares y Afrodita, mitos fundantes de la civilizacin occidental; pensamiento que Pineda ha construido como obra de arte, horada en los cimientos de la construccin del sujeto de poder no desde la filosofa sino a travs del mito, expresado bellamente en la literatura, la pintura y la msica.

La obra de arte, en la obra de arte que es esta tesis, no es una herramienta sino la voz de nuestra cultura, grito, canto, susurro y silencio de la tierra desolada por el fuego de un Prometeo convertido en balas, bombas atmicas, fuego destructor de toda vida. Msica, poesa, literatura, pintura, escultura voces de la vida, voces del amor, el dolor y la muerte, componen este precioso lienzo, esta partitura creada a partir de un sentir que piensa y un pensar que siente.

Deconstructor del mtodo cientfico, de todo formato instrumentalizador del pensar, Jaime Pineda abre con este inaugural trabajo, una ventana a los paisajes desoladores de la guerra y cmo, sin embargo y a pesar de la guerra, comunidades maravillosas de vida, habitan poticamente esta tierra.

No solo el primer momento, sino todos los momentos de esta tesis, son autobiogrficos, no solo de Jaime, sino de esta civilizacin. Jaime Pineda, cuenta su historia que es nuestra historia: desde los inicios de nuestra civilizacin la vida como entramado de tejidos, se someti a las atrocidades de la guerra: no solo de humanos contra humanos, sino de humanos contra la naturaleza. El rastro de tu sangre sobre la nieve, ttulo de otra obra maestra, sta de nuestro Gabriel Garca Mrquez, es en palabras de Pineda, el rastro de nuestra sangre corriendo por las calles de los 1982 lugares donde ocurrieron masacres en Colombia, entre el ao 1980 y el 2012.

Habitar la guerra, en la guerra, para la guerra y gracias a la guerra, se configura como una geopotica, es decir una escritura que nuestra cultura deja permanentemente sobre la tierra. Y la Tierra? Qu es de la tierra, aquella frtil, amorosa, en florecimiento y generosa, que nuestros pueblos originarios aman como madre? Para esta civilizacin, para nuestra cultura, para este sujeto de poder fundamento de las ciencias sociales y la filosofa moderna, la tierra se redujo a recurso, mercanca disponible para la sociedad industrializada e industrializadora del mundo de la vida. El poema de Hlderlin Quien piensa lo ms profundo, ste ama lo ms vivo se despliega en esta obraPensamos lo ms profundo? Qu es lo ms profundo si no las entraas de nuestra tierra natal? Que es lo ms vivo, sino la vida entramndose desde tiempos inmemoriables que exceden a Cronos?

Aunque parezca una paradoja, esta obra de arte: la Geopotica de la Guerra, es un lugar donde nace la esperanza de un pensamiento sobre lo humano, que cuide la tierra natal, que cure sus heridas, una de ellas la destruccin de la morada humana, del oikos, del ethos, de la casa sin la cual es imposible cualquier condicin de lo humano.

La pregunta por el joven, no solo el joven guerrero, sino la juventud como acontecimiento vital del humano, es la pregunta por todos los jvenes que somos, hemos sido y seremos en medio de la guerra que no cesa, y la pregunta sobre la juventud, que se hace el joven poeta Miguel Hernndez (1999) en sus poemas de guerra; la respuesta es dolorosa y apabullante: en el atad.

 

El giro tico-ambiental en La noche del encantamiento

ngel anuncia en La Fragilidad ambiental de la Cultura (2005), la imposibilidad de un habitar potico ambiental -, mientras las relaciones mundovitales estn dominadas por las leyes del mercado global, del imperialismo poltico y de la acumulacin. Nuestra pregunta, siguiendo el sendero de Hlderlin Heidegger, desemboca como un ro en el mar del pensamiento ambiental en una geopotica: maneras de hacer desde la tierra, como lengua de la tierra que somos; re-encantamiento del mundo en clave del ocaso, la noche, la trama intrincada de la vida. La ambientalizacin del pensar (Noguera, 2004), es el giro ambiental donde la condicin ambiental ya no es adjetivo sino ontologa en despliegue del inicio de la Era Ecolgica (Morin, 2008). Una manera de ser-pensar-hacer en clave de la tierra que somos. El antropocentrismo contina y se acenta hasta el extremo de pensar que la tierra es recurso para el desarrollo humano y que es solo por ello, que debemos conservarla; herencia de nuestros padres o el prstamo de nuestros hijos, pero en todo caso, conservar la tierra como algo dado para nosotros; heredada o en prstamo, la tierra, las tramas de vida, la naturaleza, siguen siendo para el desarrollo sostenible, un objeto, una cosa afuera de la cultura moderna- girando alrededor (entorno) del hombre. Giro ambiental implica disolucin. La naturaleza no es el entorno del hombre; el hombre es emergencia de la naturaleza.

La investigacin ambiental, desplegada en emergencia de la relacin ecosistema-cultura, exige la multivocidad y multiplicidad de tiempos de la vida que entre-tejidos configuran naturaleza. La ambientalizacin del pensar, es la manera como mostramos esa naturaleza compleja: multvoca, en la diferencia, multitonal, multitemporal, multiespacial. La noche del encantamiento del compositor mexicano Silvestre Revueltas[5] lo expresa bellamente. Danza, ritual, sabidura entregada por la infinitud enigmtica de la noche. Tambores ancestrales, ritmos selvticos, extraordinaria mezcla de instrumentos mayas con instrumentos europeos, invitan a habitar la tierra danzndola, en ritual permanente, enigmtica tierra, que en la noche se convierte en el enigma de todos los enigmas.

La claridad y distincin de la verdad cartesiana, iluminada por la razn subjetiva, matemtica y geomtrica, son abandonadas por el pensamiento ambiental como re-encantamiento del mundo (Noguera, 2004), inspirado en esta majestuosa obra. La metfora de la danza como manera de habitar poticamente la tierra, cobra en esta obra de Revueltas una fuerza-sur que se convierte en la esperanza para estos tiempos de penuria. El ethos ambiental sur se aparta por completo de las maneras de habitar la tierra del norte y del occidente. El ethos ambiental como reencantamiento del mundo, es El encantamiento de la noche de Revueltas donde los bailarines expresan los ritmos de la naturaleza, los enigmas de la noche, los ocultamientos y des-ocultamientos que acontecen en la noche; la sabidura de la noche, que protege con su sombra a la tierra, de la quemante luz del sol. Los Mayas construyen su calendario observando los astros en la noche. La oscuridad silenciosa y expectante de la noche, permite tocar y presentir la presencia de mundos monstruosos donde seres extraos se renen para conspirar contra el da, la claridad, la luz, el develamiento total de la tierra. Humanos y tierra se confunden en la danza La noche de encantamiento, que es el IV movimiento de esta composicin. Animales antropomrficos, hombres con cabeza de animal, plantas, luna, estrellas y otros seres extraordinarios pueblan la noche, haciendo de ella momento de fiesta ancestral, de erotismo y abandono, de fecundacin e infinita soledad. Es una danza sacra, como las geografas de la vida, su florecimiento en el nacer y en el morir.

 

Esta escritura emerge del Programa de Investigaciones sobre Geopoticas del Habitar, desplegada por el Grupo de Pensamiento Ambiental del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, apoyado por la Facultad de Administracin durante los aos 2009 2014. Tuve el honor de coordinar este Programa, del cual emergieron y siguen emergiendo valiosas obras como las citadas dentro de este texto.

 

Recibido 15 12 - 2014

Aceptado 30 12 - 2014

 

Bibliografa

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Resumen

Pensar el Ethos Ambiental, en clave Geopotica es la tarea del Pensamiento Ambiental Esttico Complejo. El ethos: la casa, solo puede ser habitada poticamente en la medida en que el humano comprende sus lenguajes, sus lgicas, sus sentires. La relacin de lo tico con lo esttico, emerge en este trabajo como Geografa potica del habitar Sur, es decir, como manera de habitar de los humanos sur, aquellos que configuran imaginan esperan y despliegan el florecimiento de la tierra. El habitante sur, no ES; EST. Y en esa estancia como en la obra Estancias op 8 de Alberto Ginastera, el hombre surca la tierra, la horada, la colma de signos, la nombra. Habitar en clave de la danza, el canto, el ritual, el sueo, es la propuesta del Buen Vivir, como cultura-otra, cultura en el Florecimiento: Abya Yala: Tierra en Florecimiento.

Palabras clave: Pensamiento Ambiental, Ethos Ambiental, Geopoticas del habitar, Sur, Tiempos de Penuria, Reencantamiento del mundo.

Abstract

Think the Environmental Ethos, in Geopoetic key is the task of the aesthetic-complex Environmental Thinking. The ethos: the house, can be inhabited only poetically on the extent that the human understands their language, their logic, their feelings. The relationship of ethics with aesthetics, emerges in this work as Poetic geography of dwell South, that is to say, as a way of human inhabiting south, those that configure, imagine, waits and displays the flowering of the earth. The inhabitant south, not BE; STAY. And in this residency like in the Alberto Ginasteras work Estancias op 8, the man plows the earth, pierces it, fills it with signs, names it. Dwell in dance key, the singing, the ritual, the dream, is the Good Living proposal, as culture-other, culture in the flowering: Abya Yala: Earth in flowering.

Key words: Environmental Thinking, Environmental Ethos, Poetic geography of dwell South, times of hardship, Reenchantment of the world.

 



[1] Los conceptos de Rizoma, Calco, Mapa, Cartografa y Multiplicidad son inspirados por Gilles Deleuze y Felix Guattari, especialmente en su impresionante obra Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia (2012)

[2]Pensador ambiental colombiano, (Armenia, 1980), investigador del Grupo de Pensamiento Ambiental de la Universidad Nacional Sede Manizales, desde el 22 de febrero del ao 2005.

[3]Tesis Meritoria de Maestra en Filosofa, Universidad de Caldas

[4]Tesis Doctoral Summa Cum Laude en Ciencias Sociales, Niez y Juventud, CINDE Universidad de Manizales

[5] De manera magistral, profunda, profundamente sur, el msico Mexicano Silvestre Revueltas, (1899 -19409 compone una obra que nos ensea a habitar la tierra en el encantamiento de la noche. La Noche de los Mayas, de la cual, el 4 movimiento ha sido llamado Noche de encantamiento.

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