CUADERNOS DE TICA, Vol

Cuadernos de tica, Vol. 30, Nmero extraordinario tica ambiental, 2015.

 

 

 

 

 

 

ESBOZO DE UNA TICA AMBIENTAL DE LA MATERIALIDAD

UNA PROPUESTA PARA LA DISCUSIN.

 

 

 

Daniel Eduardo Gutierrez*

 

 

 

 

 

Otra tica ambiental? Una tica desde la praxis ambiental

La existencia de diversas ticas desarrolladas ya en planes de investigacin, articuladas en discursos polticos y/o masificados, especificadas en principios y justificacin de normas, obligara se supone a ofrecer razones que justifiquen la exploracin de una nueva argumentacin tico-filosfica. Varias razones se han propuesto para ello. Un argumento clsico es el estado de disensin permanente de una disciplina que no ha llegado a una autntica madurez, en cuyo caso, la nueva propuesta representara una superacin de absurdas disputas. Otras argumentaciones indican, en un espritu heideggeriano, la asociacin de la metafsica occidental y, se adivina, tambin su tica concomitante a la voluntad de poder sobre el ente que culmina en la tecnocratizacin de la vida cotidiana, de lo cual, la(s) crisis ambiental(es) son una consecuencia de un pensar calculador, manipulador y reductivista. (Leff, 2004) Por su parte, Hans Jonas (1995) seala la nueva situacin civilizatoria atravesada por la tecnologa, lo cual obliga a remplazar las ticas anteriores. Dichas ticas, segn este filsofo, evidencian un dbil carcter consecuencialista y presuponen una estructura del mundo que no se corresponde con las actuales condiciones histricas. Desde diversas filosofas ambientales y en algn punto se puede incluir aqu al citado Jonas se arguye el carcter antropocntrico de las ticas discutidas en los debates hegemnicos y su imposibilidad de justificar de manera adecuada la preferencia excluyente de la existencia humana sobre las de otras entidades. De todas maneras, esta ltima observacin pareciera explicitar en forma ms abarcativa las dificultades antes sealadas. El antropocentrismo, en especial en sus versiones fuertes tiene races en la idea de la manipulacin, y a su vez, sus bases filosfico-ideolgicas provienen de un proyecto moderno: pone al ser humano o para decirlo con ms exactitud, al ser humano construido en ese proyecto: varn, europeo, adulto, productivo, etc. como el centro excluyente de la construccin histrica del mundo, y por lo tanto, de la escala axiolgica, excluye no slo a Dios, sino a todo lo concreto extrahumano.

La presente propuesta tica, sin embargo, no pretende ser del todo nueva o innovadora por dos razones. En parte porque aqu tan slo se ensaya una formulacin alternativa de algunas ticas ya desarrolladas, y en parte porque se retoman varios autores y/o miradas tico-culturales, y se los vincula con lo que, segn se presupone, constituye un fondo bsico o prelgico aunque no irracional del sentido moral. Lo que se intenta destacar no tiene pretensiones explcitas de novedad, si bien la aproximacin discursiva y las relaciones conceptuales para evidenciarla quiz lo sean en algn sentido. De todas formas, el grado de innovacin ser apreciada por quienes hagan una lectura crtica de la propuesta.

Ms all de que haya efectuado o no una reformulacin de la tica en su totalidad, las finalidades del presente texto hallan vinculaciones con el movimiento ambiental/ecolgico, en especial el latinoamericano, a efectos de dar cuenta argumentativa e interpretativa de las inquietudes ticas que animan a la praxis ambiental.[1] Semejante punto de partida observa analogas con el inicio de la reflexin tica del ecofilsofo noruego Arne Naess (1995) quien, a comienzos de la dcada de 1970, al observar los estilos de participacin en las acciones ambientales en el contexto europeo, en especial en el de los pases escandinavos, encuentra un tipo de ecologista profundo y otro superficial. Su propuesta de la Plataforma de la Ecologa Profunda[2] fue planteada como un intento de buscar algunos puntos comunes entre los ambientalistas ms cuestionadores del orden existente y activar asimismo la prctica ecopoltica. Sin embargo, la vinculacin con la realidad poltica que enfoca la presente reflexin adopta procedimientos en cierto modo opuestos a los de Naess: explorar las inquietudes morales que estn en la base del movimiento a pesar de las diversas y a veces divergentes orientaciones; ms an, esa tan amplia multiplicidad de perfiles que muestra el movimiento, es una buena razn para atisbar el planteo de unos puntos de referencia ms o menos comunes que daran sentido tico a dicha multiplicidad, la cual muestra con frecuencia una marcada dispersin. Los puntos en comn introducidos por Naess tienen como foco de inspiracin a una minora activista los ecologistas profundos proveniente en general de las clases medias europeas. Es decir, los puntos de la plataforma se refieren ms bien a ciertos principios ms o menos expuestos por ellos, reunidos y sintetizados por el pensador noruego. Esta perspectiva por su parte, busca dar cuenta argumentativa de una intuicin bsica presente en toda praxis ambiental y no tanto en los actores diversos de dichas praxis.

El peso investigativo puesto en la praxis ambiental y su sentido tico, y con menos nfasis en los actores mismos ha de explicarse. La accin ambiental/ecolgica de los movimientos involucrados en tales problemticas observa semejanzas notorias con otras ciudadanas plurales, como las luchas por los una ciudadana de gnero, los reclamos tnico-culturales, o los de la incorporacin efectiva de los migrantes a las sociedades de acogida. Tales praxis polticas resultan plurales en dos sentidos: en primer lugar, ellas en s mismas diversifican los modos de entender los derechos y obligaciones clsicos que van desde los derechos individuales del Estado liberal burgus moderno, hasta los derechos de participacin poltica, y los derechos sociales de carcter ms bien universalizante. Adems son plurales en otro sentido: cada una de estas prcticas polticas estn muy lejos de encontrarse unificadas como podan estarlo en gran medida las clsicas luchas de los obreros por derechos a participar de la riqueza econmica. El rasgo ms bien variopinto del movimiento disfruta la ventaja de la diversidad en estilos polticos y estrategias de manifestacin, pero tambin supone limitaciones como la incongruencia y la dispersin[3] o, en el caso ambiental, el mero negacionismo frente a los procesos socioambientales actuales de desposesin (Harvey, 2005), con graves limitaciones a la hora de ofrecer y llevar a la concrecin alternativas polticas a tales cambios. All conviven maneras muy distintas de entender el ambiente y la accin poltica. En estas condiciones, las dificultades de articulacin del movimiento socavan, no slo su masividad a pesar de la amplsima porcin de afectados de manera ms o menos directa , sino tambin su efectividad a pesar de la gravedad de las problemticas involucradas, que en principio encuentran posibilidades reales de resolverlos o al menos atenuarlos en forma significativa.

En otras palabras, los actores particulares no siempre inciden de manera coherente o adecuada en las situaciones tico-polticas correspondientes, sino que es el proceso de la praxis el que orienta la formulacin de la tica. Por ello, los obstculos, que emergen de la excesiva dispersin, inspiran una vocacin por construir un horizonte de coherencia argumentativa y prctica poltica, sin pretender abolir la preocupacin naessiana por el respeto por la diversidad de los ecologistas/ambientalistas. Una tica ambiental, al entender de quien escribe, debera ser lo suficientemente amplia como para incluir en su interpretacin a las diversas praxis, y lo suficientemente precisa como para efectuar una crtica clara de los procesos socioambientales contemporneos, ofreciendo vas ms o menos discernibles para la construccin de una sociedad compatible con el ambiente, lo cual quiere decir, compatible consigo misma.

Desde las trincheras posmodernas podra calificarse a este objetivo as planteado, como un retroceso al fundamentalismo o inclusive al esencialismo. En el desarrollo subsiguiente se mostrar que esta propuesta no es esencialista, sino que trata de encontrar un fundamento a modo de espacio argumentativo de aceptacin general cosa que una posicin posmoderna tambin busca. En este sentido, las urgencias ambientales obligan a ensayar algunos puntos de referencia para una articulacin de prcticas, cuyo estado de dispersin resulta en la insuficiencia de resultados socioambientales positivos.

Esta perspectiva se ubica en un lugar intermedio entre la sugerencia naessiana de la plataforma, muy al estilo del pensamiento dbil posmoderno, y la actitud fundamentadora que cree encontrar la explicacin racional cerrada. Aqu se busca un enfoque factible para toda prctica ambiental pero al mismo tiempo es sometido a consideracin de la posible discusin del mismo.

 

Finalidades de la propuesta

El prrafo anterior obra a modo de estado de la cuestin sobre ciertas realidades ambientales latinoamericanas y algunos posicionamientos filosficos en torno a la cuestin tica y poltica, y al mismo tiempo, interrelaciona estos dos aspectos de la temtica. Ello ofrece las condiciones sociopolticas, histricas y tericas, para reflexionar sobre los argumentos ms pertinentes para una tica ambiental, pensando desde la prctica tico-poltica, en especial desde nuestro contexto.

Bajo estas condiciones, la finalidad del texto es ofrecer una tica, partiendo de la movilizacin ambiental en el contexto latinoamericano, estructurada argumentativamente a partir de las realidades contemporneas de nuestro continente. Se busca as, por un lado ofrecer un marco reflexivo para el movimiento ambiental en sus distintas expresiones y, al mismo tiempo, contribuir a la discusin con otras ticas ambientales y no ambientales, forjadas tanto en Amrica Latina, como otras partes del planeta. Se intentar en definitiva, hallar un espacio apropiado de argumentacin tica, y atisbar algunos principios ltimos de orientacin de la praxis ambiental que sean sensibles a la diversidad de prcticas polticas ambientales de lucha ambiental.

La tica aqu presentada se pretende ambiental y latinoamericana, lo primero porque su inspiracin inicial radica en las problemticas surgidas de la crisis ambiental contempornea; lo segundo va ms all del hecho superficial de que quien escribe habita y se identifica con este lugar del planeta: esta tica busca recuperar los planteos de los filsofos latinoamericanos quienes han contextualizado las discusiones filosficas relativas a la tica y la poltica.[4]

Novedosa o no, un esbozo de tica como la presente, para sostenerse ms o menos argumentativa y racionalmente, habr de incluir una argumentacin filosfica, crtica e interpretativa de las fuentes de la tica, planteando sus justificaciones en sus afirmaciones bsicas. Aqu se deben explicitar razones que indican fundamentos posiblemente ltimos a partir de la idea de una intuicin ambientalmente sensible. Pero tambin y no menos importante, una tica necesitar articular la fundamentacin y proposicin de principios ticos[5] al momento, hipotticos para orientar y dar sentido a la accin tico-poltica. Al final aunque, es cierto, esto no se da en todos los casos corresponde una presentacin de reglas o guas para la aplicacin concreta de dichos principios bsicos, sostenidos desde argumentos racionales. Por razones de espacio quedar para otra oportunidad esta ltima la reflexin. La investigacin, muy aproximativa por otra parte, se centrar, entonces, en el primer punto, y con mucha menor extensin en el segundo. El tercero habr de ser materia de un estudio ulterior, cuando la propuesta se encuentre con mayor madurez terica y conceptual como para derivar consecuencias prcticas ms sistematizadas.

Para ello, en este texto se hace una defensa, primer lugar, de una tica asociada a lo ontolgico, en tanto abordaje inherente a cualquier tica que parta de una situacin sociocultural especfica, aunque con especial atencin a la nuestra. Luego se plantean los problemas del concepto de ambiente y naturaleza y se intenta redefinir esta ltima nocin, diferencindola de cualquier presuposicin de inmutabilidad esencialista. All es donde aparece el aspecto ontolgico, diferenciado del momento ms bien tico por razones de exposicin. Se defender la opinin de que las dimensiones ontolgica y tica van juntas. De aqu que, acto seguido, se proponga el argumento central de la fuente bsica de la intuicin tico-ambiental propiamente dicha, aunque ya atravesada por un sentido ontolgico. Para ir finalizando, la investigacin propone derivando el razonamiento de la anterior argumentacin el principio de la riqueza de la existencia humana y no humana. All se ofrecen razones para establecer la centralidad del mismo. Una breve reflexin sobre la realidad socioambiental contempornea y la articulacin entre tica y economa, cierra la exploracin de una propuesta de tica como la que se expone en este texto.

 

Ontologa, tica y crisis ambiental contempornea

Una filosofa y una tica se sitan en un examen de la situacin ontolgica de la experiencia no desvinculado de la coyuntura sociopoltica, presente e histrica. En este sentido, desde estas pginas se defiende contrariamente a quienes sostienen que la tica es prioritaria frente a la ontologa, y ms en acuerdo con Naess (1992) la inextricable vinculacin entre ontologa y tica. Lo ontolgico en este marco refiere a aquella aproximacin filosfica respecto de la pregunta sobre lo que es, pero en trminos de las estructuras bsicas y originarias de lo real.

Es cierto que toda ontologizacin y toda asuncin metafsica conlleva, ya desde Hume, el peligro de contribuir a la rigidez tica, a la confusin argumentativa entre lo que es y lo que debe ser y, en el plano poltico, a la justificacin de cualquier orden social opresivo. Una tesis postulada a efectos de responder a algunas de estas objeciones busca apoyo en la idea de que esas ticas, esas filosofas y experiencias polticas partieron de una metafsica entendida como una ontologa del orden.[6] Esto es coincidente con Jonas: las ticas griegas clsicas asuman un mundo ms bien esttico, un orden permanente en el fondo, ms all de diferenciaciones superficiales. Siguiendo esta lnea de Jonas sera plausible sostener que de un mundo esttico y existente en s mismo se pasa, a partir de la modernidad, a un mundo construido por el ser humano, ubicado ste en el centro. El descentramiento onto-axiolgico del mundo (desencantamiento) por una parte, y la centralidad humana por la otra, apuntalan el contexto ideolgico-filosfico de las ticas modernas, en donde la confianza en el dominio de la naturaleza lleva a considerarla predecible, para ser dominable.

Hoy nos hallamos en la cspide del xito tecnolgico y, al mismo tiempo, enfrentados a los mayores peligros ambientales y sociales de toda la historia humana. Estos peligros se ven mediados por determinadas comprensiones de la economa entendida sta como otra tecnologa social, y poseedores de una capacidad, impensable en otras pocas, de transformar de manera radical las estructuras ambientales de las cuales la especie humana es un componente entre otros, aunque un componente con sus claras particularidades sin duda. Por lo tanto se hallan enfrentados a riesgos catastrficos asociados de manera inextricable a tales transformaciones. (Beck, 2006 y 2002) En estas condiciones, la filosofa habra de entrar en un dilogo con diversas versiones de la teora del caos (Prigogyne, 1994; Maldonado, 1999; Funtowicz y Ravetz, 1993), en donde la dominacin humana, basada en la prediccin cientfica empieza a cuestionarse, consecuencia de la complejizacin de la realidad material, estudiada por la fsica y las ciencias as llamadas naturales.

En parte inspirado en tales aportes y situaciones histricas de la especie humana, esto es, la crisis ambiental global (Beck, 2002), caracterizada tambin como civilizatoria ( Leff, 2004), y la crisis del conocimiento resultante, el presente esbozo propone una aproximacin ontolgica del ambiente/naturaleza. Busca con ello que sirva de base para una tica congruente con la conciencia moral, no slo de los movimientos ambientales en general, sino de las experiencias culturales de los pueblos.[7] Inclusive, si son viables algunas crticas de las ticas ambientales a las ticas clsicas, modernas y las contemporneas derivadas de aquellas, entonces un enfoque como el presente promover tambin un cambio de paradigma tico. (Sosa, 1994) Si, por el contrario, en los debates acadmicos vigentes en la mayor parte de los ambientes universitarios, el ambiente no est presente, o no se le presta la suficiente atencin, la propuesta buscar entrar en discusin con ellas.

Bosquejada la relacin de la tica con la crisis ambiental y de la ciencia, la vinculacin entre ontologa y tica merece una aclaracin ms. Una tica no constituye un mero conjunto de argumentos bien articulados racional o lgicamente. Una tica es el resultado interpretativo y argumentativo de una sensibilidad ontolgico-moral, la cual a su vez se deriva de una determinada experiencia surgida de la interaccin de los humanos en el mundo, y la estructuracin de sentidos que los humanos les dan a esas experiencias a travs de las configuraciones culturales, simblicas, ideolgicas, discursivas, etc. Ello implica una construccin de alguna manera de entender la organizacin del mundo. Experimentamos algo que al mismo tiempo tiene alguna configuracin y a la vez configuramos. Est claro que esta configuracin filosfica e ideolgica tiene un carcter revisable: los grupos humanos y sus configuraciones culturales muestran continuas reformulaciones de sus miradas ntico-axiolgicas. En consecuencia, no es necesario, al menos a los fines de la presente aproximacin, fundamentar una propuesta ontolgica particular lo cual llevara otra clase de trabajo y un espacio muchsimo mayor. Al momento es postulado slo un esquema general, en cuyo caso la referencia a la ontologa se vincula ms bien a la experiencia: un ethos ambiental que presupone un modo de actuar que acompaa a la experiencia de la materialidad de lo que llamamos lo natural, en tanto estructura inmanente.

Hasta aqu se ha hecho uso de la palabra tica en dos sentidos: por un lado en el sentido de ethos, esto es, una determinada sensibilidad moral no del todo definible, asociada a alguna comprensin de la existencia humana. Por el otro, tica como reflexin filosfica, conceptual y argumentativa respecto de las normas, valores, acciones y juicios morales, una reflexin que se pregunta sobre la posibilidad, o no, de una fundamentacin o la proposicin de algn punto de vista o aproximacin que pueda eventualmente sostenerlos con racionalidad. En ambos casos no hay pensamiento filosfico sin contextos concretos (Fornet-Betancourt, 2001), adquieran stos la forma de experiencia ontolgica bsica, o situacin histrico-poltica y cultural especfica; aunque, como ya se ha sugerido, en un sentido propio, no puede desvincularse uno del otro. En efecto, tanto desde la experiencia filosfica, en un sentido ms bien cultural, cotidiano, extra-acadmico: es decir, las conformaciones conceptuales presentes en todo ser humano, como desde la prctica ms sistemtica de la filosofa que adopta medios acadmicos y se reafirma en el carcter situado[8] del pensamiento, todo pensamiento pesa. (Kusch, 2009) Ese peso, esa influencia, como se acaba de sugerir, no se reduce slo a lo sociocultural, sino que tambin se contextualiza materialmente sin dejar de mencionar la relativa dependencia de las condiciones materiales de cualquier cultura que a su tiempo condicionan la materialidad econmica aunque es cierto que no la determinan.

En coincidencia con varios exponentes de la filosofa latinoamericana Rodolfo Kusch, Juan Carlos Scanonne, Enrique Dussel, incluyendo pensadores ambientales como Enrique Leff, por citar algunos se reivindica el contexto cultural, simblico y de sentidos existenciales frente a las universalidades a priori de carcter europeo, subrayando la particularidad de dicho contexto. La demanda de estos pensadores con sus diferencias y especificidades atiende a la particularidad irreductible[9] de las identidades populares, en especial los latinoamericanos; ello se enmarca en una lucha anticolonial, terica y prctica, contra el pensar totalizante y su autolegitimacin eurocntrica.

A diferencia de estos pensadores latinoamericanos nombrados y algunos otros, el presente enfoque tambin destaca la experiencia de la materialidad y las condiciones concretas de los pueblos[10], experiencia que, al mismo tiempo no deja de ser a la vez traducida a nivel simblico y significada en cosmovisiones. En este punto, quien escribe sugiere que es posible encontrar alguna sintona entre una visin realista y la defensa cultural de las particularidades.

Ahora bien, si las ticas clsicas se asocian con una ontologa del orden permanente y jerrquico, y si las ticas modernas presuponen una naturaleza dominable y predecible, y si ello se tradujo en estructuras sociales que nos han llevado al borde de una catstrofe ambiental, econmica y humana, entonces, ser menester introducir un planteo ontolgico que se adecue a una tica ambiental articulada con el anlisis de la crisis contempornea. Una ontologa de estas caractersticas debe, no slo superar las anteriores construcciones conceptuales, asimilando los aspectos dignos de mrito, sino ser lo suficientemente abierta como para ser compatible con el reclamo de diversidad de la filosofa latinoamericana.

 

Ambiente y naturaleza: lgicas de la materialidad natural.

Antes de entrar al argumento central, cabe la distincin entre ambiente y naturaleza como un punto de partida para dar con una tica ambiental. Se acepta en especial en la literatura latinoamericana que ambiente es resultado del entrecruzamiento entre factores fsico-ecolgicos y socioculturales e histricos. (Leff, 2004) Tal definicin, tan integradora como resulta, no especifica en qu grado se entrelazan los dos componentes: se podra construir una historiografa que, a la manera moderna, incorpore el ambiente, pero siempre como un teln de fondo para los acontecimientos humanos.

Las tendencias antiesencialistas, posnaturalistas, tanto en antropologa, sociologa, filosofa geografa, ecologa poltica y hasta en la misma ciencia ecolgica han cuestionado con gran nfasis y eficacia todo naturalismo que instale estructuras fijas y anule la diversidad y la multiplicidad, o al menos que no le preste la debida atencin. Estas posiciones abren el debate sobre el constructivismo[11], de lo que slo se harn algunas consideraciones. La versin ms extrema de constructivismo asegura que lo real ser aquello aceptado e instaurado por las relaciones de poder establecidas y la otra versin ms dbil, no niega la existencia de la realidad pero acuerda que esa realidad es filtrada por nuestras categorizaciones. (Robbins, 2004) Ulrich Beck (2002, 40-41) propone un realismo reflexivo dado que el constructivismo entre otras limitaciones no capta la materialidad o la compulsividad caractersticas de los peligros.... (Beck, p. 41)

Con todos sus mritos reconocibles, las posiciones constructivistas juegan con aproximaciones cercanas o involucradas en posturas relativistas, lo cual en tica presupone un grave problema: el relativismo acaba en la deslegitimizacin de cualquier juicio tico, y por lo tanto se anula inclusive as mismo cuando reclama respeto por la diversidad. Por lo tanto, una tica, si bien no ha de recaer en el relativismo, a riesgo de su propia autoaniquilacin, tampoco debe dar por sentado un punto de vista obvio, ya dado y que en general resulta claro para el contexto cultural del/la autor/a. Si la filosofa presupone una pretensin de universalidad, entonces la propuesta de una tica deber apuntar a la contribucin de un lugar apropiado desde donde sostener juicios morales.

Desde aqu se afirma que una tica ambiental del proceso de la naturaleza no slo intenta dar cuenta de los movimientos ambientales en general, sino que tambin, inspira al replanteo de la tica en su totalidad. Una tica as no puede sino partir de la conceptualizacin ontolgico-normativa de naturaleza.

Sobre esta base, se entiende por naturaleza a una materialidad inmanente, que en principio muestra dos lgicas complementarias y en proceso: una lgica de autoorganizacin y una lgica de la interrelacin.[12] Ambas lgicas no excluyen la materialidad humana: esas lgicas tambin aparecen como interaccin y organizacin social e individual.

La naturaleza es, por un lado, materialidad autoorganizada y en proceso de autoorganizacin de totalidades abiertas.[13] Al organizarse, tambin excluye y dispersa, es decir, tambin origina desorganizacin. Sin embargo, es justamente en la desorganizacin y la dispersin donde la materialidad muestra una potencialidad: la capacidad de organizacin a partir de lo disperso. Sera pertinente calificar a este poder de creativo[14] ya que su tendencia a articular unidades organizadas desde la materialidad misma (autoorganizacin), no es del todo previsible y no requiere, cuando se trata de naturaleza diferente a la humana, que sus resultados se acoplen a las expectativas humanas. En el caso de tratarse de procesos humanos, no se requiere que las autoorganizaciones se adapten a las relaciones de poder establecidas en una determinada organizacin social. Otra cualidad de este proceso de estructuracin de entidades es la complejidad[15]: el sistema en proceso autoorganizado ostenta una multiplicidad de aspectos, ya que se encuentra atravesado por una posiblemente infinita red de relaciones. De all que una conciencia cognoscente siempre sea capaz de encontrar diversas maneras de conocerlo, definirlo e interpretarlo.[16]

La contracara del estado de interrelacin y/o interaccin constante y mltiple es la vulnerabilidad y la incertidumbre: la tendencia a la organizacin, si bien se estructura en reglas ms o menos estables, excluye cualquier determinismo y convive con las tendencias a la desorganizacin (segunda ley de la termodinmica). Es claro que la vulnerabilidad se capta con mayor facilidad en la materialidad biolgica, sin embargo, ello no es excluyente para la no biolgica, si se la entiende como desorganizacin. La destructividad es inherente a cualquier manifestacin de la materialidad natural[17], por eso se prefiere hablar de proceso autoorganizativo que de organizacin o sistema. De todas formas, algn grado de destructividad ser inevitable para los procesos creativos autoorganizativos.[18]

Dicha lgica en proceso atraviesa la materialidad social humana y la no humana. En la primera, se expresa de diversas formas: Enrique Dussel afirma que la autodeterminacin de un nosotros siempre presupone un otros, la observacin social tambin descubre que toda autoorganizacin presupone tambin disociacin y dispersin. En el terreno productivo, toda produccin implica alguna forma de degradacin llamada en general desechos. (Sejenovich, 1995) El universo no humano no ha sido extrao a esta lgica, pero ello ha significado la apertura a otras formas de organizacin y la lgica de la recuperacin organizativa constituye, a su vez, el significado del reciclaje. De esta manera, la contaminacin producida por los primeros microorganismos a partir de su metabolismo especfico, llamado oxgeno, ms all de la catstrofe biolgica que supuso, contribuy a generar nuevas condiciones para a la aparicin de otras formas de vida. (Lovelock, 1983) Lo que llamaramos degradacin ambiental sera el resultado de la organizacin de la materialidad productiva, cuya lgica implica exclusin.

En este punto del anlisis, se observa una paradjica asociacin entre construccin y destruccin, lo cual ha llevado a cierta vertiente del pensamiento filosfico occidental a revalorizar las necesidades constructivas de toda destruccin.[19] La dialctica de la autoorganizacin y la degradacin de la materialidad tambin ha sido observada por el filsofo presocrtico Empdocles cuando afirma que nos encontramos en un momento csmico intermedio entre el Amor (φιλία, fila), que une en los trminos de esta argumentacin: organiza los elementos , y el Odio (νεΐκος, neiks), el cual los separa (V.V. A.A., 2001) los desorganiza o promueve la degradacin.[20] La vinculacin entre degradacin y construccin tambin evidencia la potencialidad autoorganizativa y creativa de la materialidad desde lo desorganizado. All emerge la espontaneidad en proceso de organizacin[21], aunque esa potencialidad no necesariamente resulte en beneficio del ser humano, o en lo que el ser humano cree es su beneficio.[22]

La otra lgica es la de la interrelacin, la cual se evidencia desde la materialidad viviente e inclusive la mineral, no orgnica o no viviente. Si bien todo se encuentra interrelacionado de manera ms o menos indirecta y ello implica alguna forma de intercambio de materia y/o energa , sucede que la materialidad no viviente reacciona sin ninguna reorganizacin o modificacin de aquello que lo modifica: la montaa que recibe calor del sol, refleja ese calor simplemente perdindolo. No obstante la materialidad mineral es fuente tambin de autoorganizaciones interrelacionadas con plazos que van desde espacios inmensamente largos de tiempo en comparacin con la de la especie humana y las dems, hasta efectos catastrficos de breve plazo.

Los procesos interrelacionales se verifican en forma ms directa sin embargo, en la experiencia de la vida: podra llamarse interaccin a esa interrelacin especfica que se da en todo lo viviente, humanos incluidos, caracterizada por una elaboracin, procesamiento y reformulacin internos de lo incorporado desde el entorno (sea material concreto o sociocultural) en vistas de una posterior readaptacin. De acuerdo a la lgica de la interrelacin se incorporan elementos del ambiente que pueden ser, tanto ecolgico-natural-biofsico, viviente o no viviente, como, en el mbito de la especie humana, contenidos subjetivo-culturales racionales y/o simblicos , tras lo cual tiene lugar un proceso de elaboracin al interior de los individuos o grupos, y al final se devuelven elementos al contexto, ya procesados (materiales, energticos o culturales). La lgica de la interrelacin est presente tanto en los cambios ambientales, como en las situaciones de balance ms o menos equilibrado no exentas de momentos o situaciones de desequilibrio o caticas. De esta forma, por ejemplo el proceso viviente aparece, desde el inicio de la vida en la tierra, como una serie de interacciones creativas entre lo viviente y el entorno abitico. A lo largo de milenios, diversas formas de interaccin creativa van siendo experimentadas a travs de millones de especies que han habitado y que habitan el planeta. Al cambiar la escala desde el nivel de una especie hasta una comunidad, las interacciones son mucho ms amplias en su variabilidad.

Enfocando ms de cerca la particularidad de esta lgica en la especie humana, en su condicin de estructura o forma de un proceso, se encuentran aqu analogas a nivel las estructuras sociocognitivas, construcciones de sentido y simblicas. En efecto, las culturas interactan, incorporan elementos de otras y las reelaboran, o bien se reelaboran desde una interaccin consigo mismas, que incluso podra tomar la forma de conflicto o contradiccin. El resultado implica un enriquecimiento del mundo de sentidos de la especie humana, la nica caracterizada por una inmensa variabilidad creativa de interacciones materiales, derivadas en gran medida de la tremenda multiplicidad cultural. Las configuraciones culturales, a su vez, constituyen un origen y un efecto de las interacciones creativas de los seres humanos, tanto de manera intraespecfica o interespecfica como con su medio como un todo complejo: los horizontes simblicos ponen marcos para lo que es considerado recurso y para aquello que no lo es decisiones que, en el caso de otras especies se ven mucho ms restringidas. Las estructuras simblicas de sentido, los conocimientos y las formas de produccin y de consumo, se articulan tambin en sus respectivas interacciones, y median entre los humanos y los entornos fsicos, biticos y abiticos. A diferencia de lo que sucede en los dems seres vivientes, los humanos necesitan mediar la experiencia del territorio y el paisaje fsico. Esa mediacin simblico-cultural, cognoscitiva y tcnica configurara el habitar humano.[23]

Llegado a este punto, la naturaleza como una materialidad en proceso de organizacin, muestra tendencias que adoptan la forma de fines. No es necesario aceptar la presencia de fines en la materialidad natural, ms bien es la materialidad en particular la viviente la que se organiza en tendencias hacia, en estrategias organizativas para buscar determinados resultados cuya predictibilidad es ms o menos limitada. Ahora bien, las dimensiones teleolgicas de las estructuras dinmicas de la materialidad, representan un fenmeno subsidiario de otra caracterstica central de la misma: la ampliacin o despliegue de posibilidades, que si bien remiten a lo unitario de la materialidad toda la materialidad revela tendencias y despliegues de posibilidades , tambin se presenta como multiplicidad sus posibilidades se manifiestan en la diferencia individualizante.

La introduccin de la multiplicidad merece dos aclaraciones. En primer lugar, el carcter interrelacionado de la materialidad, el cual la atraviesa y la conforma, advierte al anlisis frente a la recada en cualquier atomismo de componentes individuales cuya reunin conforme una sumatoria que d cuenta de la materialidad como realidad o experiencia total. En segundo lugar, es necesario reducir en cierta medida el acento cuantitativo de aquella expresin: no en todo caso ms es mejor. El factor cuantitativo es subsidiario del valor cualitativo,[24] es decir, se subsume a la idea de un mundo de mltiples despliegues interrelacionados de la materialidad.

Para sintetizar el aspecto ontolgico del proceso de la materialidad, as como existe una dialctica de complementacin entre la autoorganizacin y la desorganizacin, tambin sucede lo mismo entre las lgicas de autoorganizacin y la interrelacin. En efecto, las interrelaciones pueden apuntalar o al contrario, socavar las autoorganizaciones. De la misma manera, stas ltimas, bajo ciertas circunstancias, pueden se capaces de ejercer alguna forma de control sobre las interacciones, profundizando algunas, volvindolas ms unidireccionales, por ejemplo, o debilitando otras hasta la posible eliminacin.

 

Momento tico. La sensibilidad moral

De esta descripcin no parece surgir tica y representara un grave problema argumentativo recaer en la falacia naturalista de derivar de manera directa un conjunto de valores y normas sobre las acciones humanas, desde un discurso sobre hechos. No obstante la relacin no se sustancia en una derivacin lgica, sino en una actividad interpretativa de la interaccin humana con la materialidad natural. Pero si las filosofas son entendidas en contexto, es decir, como filosofas situadas, la tica, en tanto reflexin filosfica, se constituye como una sensibilidad de interpretacin moral de la experiencia de la materialidad humana o no humana.

Ahora bien, esa interpretacin moral, constitutiva de la sensibilidad tica[25], se sustancia en una intuicin moral inherente a la aprehensin antes indicada sobre el proceso creativo de la materialidad de autoorganizacin e interrelacin. La aprehensin ontolgica y tica van juntas, y su distincin introducida y desarrollada en este prrafo y en el anterior, es consecuencia, ciertamente, de las necesidades expositivas.

Esta intuicin moral, soldada con la intuicin ontolgica, representa una captacin inmediata bsica axiolgica de la materialidad en proceso creativo implicado en la ampliacin de sus posibilidades. Es decir, la sensibilidad tica como intuicin bsica y se postula desde aqu universal, rene una razn prctica con la experiencia afectiva ante las posibilidades vulnerables de la materialidad. Se trata de una afectividad racional o una racionalidad afectiva frente a la experiencia de la dinmica autoconstructiva de la materialidad. Tal experiencia es el enfrentarse con lo sorprendente y misterioso en el sentido de no comprender nunca de manera acabada las condiciones de aparicin y organizacin de las entidades. El sentimiento bsico ante lo sorprendente, lo misterioso y maravilloso es el de la fascinacin ante la espontaneidad creativa, inspirada por el poder autoconstructivo de la materia que no excluye lo destructivo. La fascinacin se fascina ante la creatividad y promueve a su tiempo la creatividad misma. Y es justamente la ausencia de toda trascendencia o al menos la ausencia de su necesidad lo que vuelve extraordinario el poder de autoconfiguracin de la materialidad.

Pero la fascinacin por las posibilidades existentes se completa con el sentimiento de peligro ante la vulnerabilidad. Ello habr de estimular dos actitudes en cierto modo opuestas aunque complementarias: la de la liberacin, necesaria para que el sistema sea capaz, eventualmente, de autoconstruirse desde sus posibilidades creativas; y (/o) la intervencin, imprescindible para lograr condiciones apropiadas a la creatividad autoconstructiva. La derivacin poltica de estas intuiciones morales bsicas pareciera, en principio, obvia.

Aunque resulte una experiencia slo relativa a la moralidad, este sentimiento revela vinculaciones, tanto con la pasin del cientfico natural o social por conocer los procesos materiales, como con el asombro filosfico manifestado y explicitado en los comienzos de la filosofa griega. En el primer caso, si bien es cierta la funcionalidad del saber cientfico occidental con las relaciones de poder (Shiva, 1991, 1999), los aspectos retricos de la construccin de ciencia (Latour, 1992), los condicionamientos subjetivos, sociales ideolgicos y culturales presentes en la demostracin, experimentacin y difusin de la ciencia (Kuhn), el trabajo del cientfico implica un compromiso personal con el dar cuenta de un objeto cuyas particularidades atrae su atencin: se trata de las estructuras constructivas y constitutivas de un proceso material complejo. La reduccin a explicaciones causales cuando no meramente cuantitativas, no se compadece, es cierto, con la pasin por conocer, sugerida en el presente estudio. Sin embargo, los modos de reproduccin de ciertas especies animales o vegetales, el movimiento imperceptible de los continentes, los ciclos del agua, la explosin de supernovas son, en tanto fenmenos, una fuente de atraccin para la actitud cientfica: deben fascinar para constituirse en objetos de la investigacin cientfica.

Tal actitud no es ajena tampoco al asombro ontolgico ante el mundo: la sorpresa ante un mundo que es tal como es, y que sin embargo podra ser de otra manera, se apoya tambin en un sentimiento de fascinacin ante la materialidad dinmica y en proceso de organizacin. De hecho, la pregunta central de los primeros filsofos griegos gir en torno de la naturaleza (fysis), es decir, en torno a la materialidad dinmica que los rodeaba, y cmo esa materialidad era capaz de configurarse y reconfigurarse dando lugar a multiplicidades interrelacionadas. Por otra parte, los mitos frecuentes en las culturas ancestrales de Sudamrica en los cuales tiene lugar una cierta metamorfosis un personaje pierde su vida y se transforma en ave, rbol, etc. refleja el asombro por el poder autoorganizador de la materialidad explicitada en trminos narrativos.[26]

Las vinculaciones con la fascinacin moral sensible obligan, por otro lado, a sealar algunas distinciones importantes. En primer lugar, a diferencia de la cientfica, la sensibilidad moral no construye, ni establece un objeto, ni como objeto de accin moral, ni menos an como objeto de estudio; en segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, la curiosidad cientfica se enfoca en aspectos ms o menos determinados y especficos de la realidad fenomnica.

Respecto de la filosofa en general, si bien la tica constituye una actitud filosfica en un nivel originario, la comparacin presenta en cierto sentido un resultado opuesto: la sensibilidad tica se vincula moralmente con algn ente complejo y concreto, y en alguna situacin concreta. La filosofa se compromete en una franca aproximacin hacia universalidad.

Ahora bien, cuando la sensibilidad moral, derivada de la experiencia de la materialidad, reflexiona respecto de s misma, se hace autoconciente, y se mueve desde un ethos, desde una racionalidad emotiva, hacia una compresin discursiva, no carente de afectividad. As se llega a un pensamiento moral, o inclusive una filosofa moral o una tica. Aquel pensamiento sensible se generaliza. Si la intuicin sensible como experiencia de la materialidad creativa ha de generalizarse multiplicndose, entonces habra una verdad bsica a la cual se podra arribar: un mundo con muchas y diversas materialidades creativas, con diversos procesos de autoorganizacin, tambin interrelacionados, es, en primer lugar un mundo que despliega posibilidades, en segundo lugar, un universo capaz de producir cualidades. En este punto, una cualidad resume todas las cualidades, e integra el despliegue de posibilidades: un universo de estas caractersticas trasunta riqueza.

Aqu es donde el pensamiento moral sensible encuentra un mundo significativo desde el punto de vista tico: un mundo rico tiene peso moral. La relevancia moral de un mundo diverso y dinmico pero no disperso ni esttico es reflejada en lo que algunos autores encuentran en el pasaje del Gnesis, en donde se alude al momento en el cual Dios considera bueno el mundo recin creado, esto es, el mundo que incluye a todas sus criaturas. (Attfield, 1993) Una lectura de tales caractersticas subraya la importancia de la biodiversidad y la diversidad cultural. Sin embargo, vale la pena incluir el elemento temporal para evitar las visiones estticas de la diversidad biofsica y del ambiente, tal como es sealado por las geografas no lineales (Zimmerer, 1994, 2000) y la nueva ecologa (Botkin, 1990); y por el lado, de las construcciones humanas, la no esencialidad de las culturas. (Grimson, 2011)

Aclarada la conceptualizacin de la diversidad en tanto cualidad espacio-temporal, es factible interpretar el pasaje bblico como el hallazgo de la significatividad moral del mundo diverso y en constante creatividad autoconstructiva. Respecto de ese mundo, es posible, entonces, hacer juicios morales, acepta ser cualificado y evaluado. No se trata de un mundo mejor que uno en total entropa en trminos de una escala cuantitativa, sino un mundo respecto del cual se puede juzgar moralmente.

La reflexin general, por tanto, ampla la sensibilidad moral bsica y busca universalidad. Este hecho permite, por un lado, responder a una posible objecin contra el sentido de fascinacin por las posibilidades de la materialidad: puede haber fascinacin por las articulaciones estratgicas de lo que supone una tremenda destructividad[27]. Sin embargo, la destructividad no puede generalizarse y menos an universalizarse, ya que eso se contradice con el requerimiento de un mundo diverso, creativo y autoconstructivo. Una fascinacin por lo destructivo generalizada, resulta en un mundo de total entropa, y por lo tanto, amoral.

 

Bosquejo de principios de la tica de la materialidad

La sensibilidad tica as delineada[28] sugerira el planteo de unos principios estructurados ms o menos de la siguiente manera: estimular el enriquecimiento de lo real lo cual demanda activar, promover y promoverse en s mismo las condiciones de posibilidad concretas para la ampliacin de posibilidades el despliegue creativo de la materialidad, (viviente o no viviente, humana o no humana), en un estado donde todas las autoorganizaciones puedan igualmente desplegarse en una interrelacin creativa, no destructiva, o donde la destructividad inevitable sea reducida al mnimo.

De all, como puede deducirse de todo lo anterior, se derivan dos principios, aplicables en forma alternativa o simultnea ya que son complementarios; tales principios derivados involucran la liberacin de las espontaneidades en proceso creativo, y a su vez, la intervencin para liberar esas espontaneidades, ya sean humanas (tanto individuales como sociales, a travs de lo productivo, lo cultural, etc.), vivientes (tanto individuales como el caso de la tica de los animales, o como procesos vivientes, como en el caso de poblaciones o comunidades biticas), o no exclusivamente vivientes (como en el caso de los ecosistemas o inclusive estructuras montaosas hoy pasibles de ser suprimidas por la industria de la minera). El esfuerzo en la bsqueda de principios ticos reflexionados y argumentados, se plantea tambin a efectos de ir ms all del lenguaje y la discusin sobre antropocentrismo, biocentrismo, ecocentrismo, geocentrismo, etc. Ms all de los problemas y las connotaciones confusas que pueden transmitir estos trminos, lo tico fomenta y promueve la riqueza de la existencia en casi cualquier situacin y para todo tipo de entidades. Este involucramiento de la sensibilidad tica, supone factible una utopa de vinculacin entre las diversas liberaciones de las espontaneidades en proceso autoorganizativo, de manera de reducir al mnimo cualquier forma de opresin que socave tales posibilidades. Esa factibilidad tambin debe ser demostrada. Resta, por lo tanto, otra parte del trabajo propositivo, y no es menor por cierto: aquella consistente en la identificacin de principios que orienten la decisin en funcin de una equitativa ampliacin de posibilidades.

La realidad sociopoltica y ambiental contempornea resalta, desde la perspectiva de quien escribe, la importancia central de la bsqueda de principios argumentados. En efecto, las condiciones actuales, de omnipotencia de mercado, parecen ms bien avasallar y sujetar las posibilidades enriquecedoras de las multiplicidades, ya sean estas culturas, sociedades, pueblos, vida animal y vegetal o ambientes, tomados en forma aislada o en conjunto. Frente a la crisis ambiental antes referida, el sistema hegemnico sostenido en la racionalidad econmica neoliberal, procura lo mismo que todo sistema de poder: legitimarse y presentarse como una solucin a los problemas que l mismo genera. As, se ofrecen soluciones de mercado para revertir las consecuencias negativas sobre el ambiente originadas en el mercado desregulado. Desde el punto de vista de esta tica, las operaciones de lavado de imagen verde (greenwashing), ofrecen salidas a los problemticas pasando por alto otras, por ejemplo enfatizando el consumo verde, pero sin tener en cuenta el destino final del producto, o la situacin de los trabajadores. Tambin, el acento puesto en compromisos de responsabilidad individual revela, bajo un anlisis somero, el enfoque real, esto es, el de mercado, implcita en la ideologa individualista e insolidaria del sistema.

Es decir, a pesar de sus esfuerzos aparentemente ambientales, el capitalismo global no puede evitar concentrar las condiciones de ampliacin de posibilidades slo en una parte de la humanidad, desposeyendo (Harvey, 2005) a la mayora y a la mayor parte de los ambientes, y las expresiones vivientes que all habitan, humanos y no humanos.

En este sentido, una aplicacin de principios apoyados en este tipo de sensibilidad tica, van en paralelo con una reorientacin profunda de las polticas econmicas, acompaadas de reformas polticas y enfocadas en la recuperacin de lo local tanto en lo productivo, el consumo, pero tambin en lo cultural y en las relaciones de poder. Aportes como el desarrollo local, el desarrollo a escala humana[29], la economa social, el comercio justo y otras propuestas congruentes con las aproximaciones tericas familiarizadas con la economa ecolgica, deben ser pensadas y llevadas a la prctica como alternativas para una existencia diferente. Un cambio decisivo en esa direccin no podr sustanciarse sin una autntica redistribucin de la riqueza producida. Son frecuentes las apelaciones del sistema a una supuesta distribucin de poder y la capacidad de accin de los sujetos, v.g. el empoderamiento. As, se mantienen inconmovibles, las relaciones econmicas determinantes, y se enmascaran las condiciones de opresin hegemnicas. Bajo ciertas circunstancias, la responsabilidad ambiental del consumidor (individual) puede adoptar estas caractersticas.

Este no es el momento para ampliar las dimensiones econmico-polticas de la propuesta tica, pero lo que se puede afirmar por ahora es que el inters en la economa sin descuidar lo poltico se justifica, en cierta medida, para distanciar el enfoque crtico de apreciaciones que disocian lo tico de lo econmico, y que objetan los procesos antiambientales imperantes como basados en criterios meramente econmicos y no ticos, como si estas dos cuestiones estuvieran disociadas, y como si los nicos criterios econmicos vlidos fueran los de la maximizacin de la ganancia inmediata y no hubieran otras formas de entender y practicar la economa.

El inters poltico econmico crtico de esta tica, y su posible aplicabilidad, no niega las dimensiones individuales de la responsabilidad y los derechos. Su aplicacin requiere, por lo tanto, una complejizacin a travs de diversas escalas de situaciones, tanto a nivel geogrfico-regional, como en escalas poltico-institucionales. La perspectiva crtica articula las mltiples escalas en clave tico-poltica.

El presente es un simple esbozo a ser desarrollado an ms, y discutido con detalle. Como se seal con anterioridad, restan dar forma a reglas de articulacin ms concretas de estos principios esbozados o los que finalmente se deriven de esta intuicin primaria explicitada en una exploracin ulterior. Entre otras cuestiones a resolver, quedan por ejemplo, profundizar acerca de la determinacin de las circunstancias y la forma en que el agente de accin moral debera aplicar tales principios; estimar la preferencia moral de una(s) espontaneidad(es) frente a otra(s), entre de la gran diversidad de situaciones y tipos de entidades: no vivientes, vivientes, poblaciones, ecosistemas, humanos, y cada uno de ellas en sus diversas manifestaciones y condiciones; ligado con esto, determinar los derechos a intervenir el ambiente frente a otros derechos, como los derechos de los animales, o los derechos de los ambientes; y, en esa legitimidad de intervencin humana, pensar cmo aparecen las identidades y relaciones culturales, de gnero y de clase social.

La lucha por la liberacin ambiental implica una prctica de construccin terica que ha de disputar con las posiciones en debate, a efectos de articular posicionamientos claros, que se puedan sostener racionalmente, y que ensayen la construccin de una nueva realidad humana y no humana, en sintona con lo verdaderamente extraordinario de existencia.

 

 

 

Recibido 15 12 - 2014

Aceptado 30 6 - 2014

 

 

 

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Resumen

En el presente aporte se ofrecen razones para la universalidad de una intuicin tica bsica y al mismo tiempo ontolgica, sin dejar de reconocer los grandes dificultades para indicar un punto de vista universal desde la filosofa. Sin duda esta propuesta intenta salir del pensamiento occidental, su razn dominante y su pretendida universalidad. De todas maneras, el aporte busca ser fundamentado apoyndose tanto en la praxis ambiental y la filosofa latinoamericana, como en algunas percepciones del pensamiento occidental no hegemnico, as como tambin en algunos esbozos de aproximacin al pensar ancestral de las culturas americanas. Desde esa argumentacin que incluye aspectos interpretativos, finalidades y sus justificaciones, se propone el principio de la riqueza de la existencia humana y no humana integrada en interrelaciones creativas, como punto de referencia de la tica.

 

Palabras clave: tica ambiental, ciudadana ambiental, materialidad, sistemas, sensibilidad tica, ontologa ambiental.

 

 

 

Abstract

This contribution proposes arguments for stating that a basic ethical intuition is universal and ontological at the same time, recognizing the philosophical difficulties emerging from sustaining a universal point of view. Undoubtedly, that proposal intends to abandon Western thinking, its dominant rationality and its so called universalism. Anyway, the contribution finds support both on environmental praxis and on Latin American philosophy, and the non dominant Western thinking, likewise in some outlines of ancestral Latin American cultures thinking. From this point, including interpretative aspects, finalities and its grounds, it is suggested the principle of richness of human and non human existence, integrated in creative interrelations, as a point of reference for an ethic.

 

Key Words: environmental ethics, environmental citizenship, materiality, systems, ethical sensitivity, environmental ontology.

 

 

 

 

 



[1] La explicitacin de lo que sea una praxis ambiental involucra un estudio muy necesario pero mucho ms vasto que sobrepasa la extensin del presente artculo. De todas formas, este enfoque apuntala a la conceptualizacin del concepto que puede manifestarse en una gran amplitud de situaciones. Ello, como se ver seguidamente, constituye una ventaja pero tambin un inconveniente: es tpico el ejemplo de un programa de concientizacin ecolgica pergeado por una compaa multinacional, responsable de serios impactos sobre paisajes y poblaciones. Se encubre bajo la mscara de una prctica ambiental sustentable cuando de lo que en realidad se trata es de una estrategia de tipo comercial.

[2] Para quienes no estn familiarizados con la Ecologa Profunda, al menos en la versin de Arne Naess, puede decirse que la Ecologa Profunda presupone plantearse preguntas crticas ms bsicas. Es decir, quienes aceptan la plataforma, por una u otra va, se han planteado formas ms radicales de revertir las problemticas ambientales, si se la compara con las respuestas superficiales que tienden a ver slo problemas de contaminacin y prdida de recursos. Por ejemplo, frente a la deforestacin por explotacin el ecologista superficial pensar en la reforestacin, sin atender a las especies particulares de la regin. Una ecologa superficial recaer en la homogeneidad ecolgica del bosque. Tampoco pensar en los problemas de contaminacin y falta de recursos para otras especies. (Naess, 1992; Gutirrez, 2011)

[3] Se puede reclamar por la calidad ambiental de una localidad especfica en donde se habita, pero al mismo tiempo trabajar como profesional en un rubro de la economa cuyos productos representen un peligro ambiental para otros y hacerlo con total conviccin en nombre del crecimiento; se puede reclamar por los derechos sexuales de las minoras y fumar en un espacio pblico, no atendiendo a los derechos ambientales aplicables a ese contexto; se puede proceder a una crtica implacable de las polticas ambientales existentes en todos los gobiernos, y a su vez actuar en la vida prctica concreta con parmetros muy contrarios a un consumo sustentable; se puede militar por los derechos de los animales y no reparar en los derechos sociales y/o ambientales de grupos humanos ms desprotegidos; se puede, en fin, adherir a un color poltico especfico y militar contra las inadecuaciones ambientales ligadas a gobiernos de un color poltico opuesto, y en forma paralela, justificar las inadecuaciones ambientales de gobiernos que a uno le caen simpticos.

[4] Aqu cabe mencionar a la filosofa y la tica de la liberacin, la filosofa intercultural y el giro decolonial cuyos representantes ms reconocibles son Enrique Dussel, Ral Fornet-Betancourt y Walter Mignolo respectivamente.

[5] En el caso de tratarse de una tica relativista, habran principios relativos a la liberacin de las particularidades.

[6] Lamentablemente en el presente trabajo no se podr profundizar el concepto de metafsicas del orden, lo que se puede adelantar por el momento es que se tratara de la comprensin esencialista de la naturaleza humana y/o no humana, esto es, afirmar un esquema fijo y jerrquico de la realidad (Botkin, 1990).

[7] Semejante conceptualizacin de lo tico debera ser compatible, en lo esencial, con las experiencias de las interacciones ambientales de los pueblos ancestrales americanos y de otras culturas no occidentales y no burguesas, y las visiones omnicomprensivas que resultan de esas interacciones. Esto es sin duda, materia de una investigacin mucho ms vasta para el futuro, si bien puede haber material terico y descriptivo para dar cuenta de esta hiptesis.

[8] La reduccin academicista de lo filosfico se ha pretendido independiente de los contextos. Para una discusin vase Fornet-Betancourt, Romero (1952), Cruz Vlez (1972).

[9] Cabe aclarar que estos autores no arguyen en favor de totalidades cerradas. Cada pueblo construye identidades propias pero ello no implica la desconexin con los otros y las interinfluencias. La concepcin esencialista de la cultura ha sido la crtica de la filosofa intercultural hacia el multiculturalismo (Bonilla, 2008).

[10] La nocin cultural de pueblo asociada a la de cultura en torno a la cual estos pensadores han trabajado, fue rechazada sin embargo por Arturo Roig, otro representante temprano de la filosofa de la liberacin de los cuales Dussel es el representante ms conspicuo. Roig reivindica en cambio el concepto de clase para dar cuenta de las relaciones de opresin. Aqu, la materialidad se ve atravesada por condiciones sociales.

[11] Para un contexto ambiental del debate vase Robbins, 2004.

[12] A los fines de este ensayo no se proceder a definir la materialidad inmanente, ya que esto presupone una elaboracin ontolgica ms amplia. La presente aproximacin no aborda la pregunta respecto de qu sea la materialidad, sino cmo acta.

[13] Esto da lugar a otras cuestiones francamente ontolgicas que no profundizaremos aqu. Se usa el trmino totalidades siguiendo a Naess (1992), cuando seala las diversas escalas de organizaciones (o entidades) mayores y menores. Se introduce el adjetivo abierto para enfatizar la interconexin de las totalidades, su no aislamiento. Aqu sealo, por un lado la influencia de la teora de sistemas abiertos, y por el otra la del pensamiento de Dussel (1974), cuando objeta las totalidades cerradas del pensar eurocntrico, domesticador de la otredad, o en el caso de la imposibilidad de llevar a cabo una asimilacin, empeado en excluir e inclusive eliminar lo distinto.

[14] La introduccin de este trmino no debe llevar a una recepcin esteticista de la tica: al hablar de creatividad no presupone ningn sujeto creador, sino que se remite a la capacidad de articular elementos dispersos en principio y organizarlos en totalidades, no necesariamente cerradas. Podra afirmarse que, si existe un creador, se identificara con lo creado.

[15] Se trata de un concepto asimilado a una propiedad gnoseolgica y, con frecuencia asociado a los planteos del pensador francs Edgar Morin (2000). En este caso se lo comprende ms bien como una propiedad de la espontaneidad material.

[16] Por otro lado, la apelacin a la multicausalidad no invalida una explicacin en donde determinadas causas describan mejor un determinado proceso. Una multicausalidad que no seale distintos niveles de incidencia, aplicada a la crtica social, significara por ejemplo desresponzabilizar al capitalismo actual de sus consecuencias sociales y ambientales. Sin embargo, cualquier diferenciacin no presupone ninguna explicacin cerrada. Este serio problema requerir una atencin ms cercana y su desarrollo quedar para otra ocasin.

[17] Un texto de Rachel Carlson sobre el nacimiento de una isla ilustra con claridad la presencia del proceso creativo tambin en lo no viviente. (Brooks, 1993)

[18] Es posible que el poeta ingls Lord Tennyson haya observado esto con cierta crudeza y desolacin ante la muerte de su amigo Arthur Henry Hallam en el poema In Memoriam A.H.H. : The' Nature, red in tooth and claws: la naturaleza, roja en dientes y garras. (Tennyson, 1933)

[19] La afirmacin de Herclito ... las cosas se originan en la discordia. (Parmnides y Herclito, 1983: 198) y en Nieztsche Para crear hay que destruir al referirse a la necesaria destruccin de la metafsica.

[20] Como puede observarse, no se hace un uso valorativo del trmino degradacin; es cierto, por otra parte, que la misma aparece y diversos discursos de tipo cientfico, poltico y/o tico. En esta parte de texto degradacin se asocia con desorganizacin como separacin o dispersin.

[21] Los mitos que derivan el orden del caos, la intuicin de Nietzsche respecto del origen malvado los principios morales del platonismo y el cristianismo, y la de Foucault en el contexto de su concepcin de la historia en cuanto a la afirmacin de los orgenes como momentos devaluados, la simbologa de la flor de loto en el imaginario de la India de acuerdo a la cual, el loto nace desde lugares inferiores como estanques o pantanos pero cuya belleza indica la trascendencia del alma del mundo material, todos estas consideraciones se apoyan, desde este punto de vista, en la intuicin bsica del poder creativo y autoorganizador de la materialidad. La idea de la comunidad de vctimas de Dussel supone tambin esta captacin intuitiva.

[22] Todas estas consideraciones, comportan una correspondiente lectura de los fenmenos socioeconmicos y ambientales de nuestro tiempo: en este momento de la historia humana y de la materialidad planetaria, nos encontramos ante una situacin nueva en esta dialctica de la destruccin y la construccin: los subproductos de la construccin productiva humana son asimilados con gran dificultad al sistema biofsico, siendo, en consecuencia, una fuente de desorganizacin en las organizaciones humanas. En trminos ms cotidianos puede llamarse contaminacin a este proceso. De la misma manera, en el interior de la sociedad humana, las polticas neoliberales en general han tendido a destruir lazos sociales y promover una dispersin de las redes comunitarias desembocando en procesos denominados de exclusin social, asociados a una degradacin social. La posibilidad de que los excluidos puedan reorganizarse para lograr fines, parte tambin de la situacin de desorganizacin de la materialidad sociohumana. En definitiva, estos procesos no slo excluyen, sino que tambin socavan las condiciones de posibilidad de la ampliacin de posibilidades materiales, y el poder creativo autoorganizado tanto de humanos como de los no humanos. En otras palabras, la concentracin de la riqueza producida, va polticas neoliberales, lleva a una prdida de riqueza biolgica y cultural, destruyendo las bases materiales para la dinmica de los procesos autocreativos de la materialidad.

[23] No toda interaccin, es cierto, resulta positiva si se la piensa desde el punto de vista social, aunque siempre hay interaccin, salvo el quitar la vida, esto es, una interaccin que elimina la interaccin. Las relaciones de opresin de diverso tipo constituyen, ciertamente, interacciones, pero muestran tendencias hacia lo unvoco y lo unidireccional, es decir, son interacciones que tienden a suprimir la riqueza de interacciones. As, se simplifica la multidireccionalidad y la pluralidad de aspectos en interrelacin y, por lo tanto, se establecen realidades homogneas no enriquecedoras, instalando barreras a la ampliacin de posibilidades iguales para todo lo que se despliega. Esto no es aplicable slo a lo humano intraespecfico, sino tambin a lo interespecfico, donde el ser humano tiene alguna responsabilidad.

[24] Ello es consistente con la distincin de Naess entre nivel de vida (cuantitativo) y calidad de vida (cualitativo). Lo cual no significa que alguna cantidad mnima (riqueza repartida por ejemplo) ser necesaria para la adecuada experiencia cualitativa de la existencia.

[25] Vale la pena marcar la distincin, al menos de matiz, entre moral y tica. El primer trmino refiere ms bien a conjuntos de normas y valores, ms o menos aceptados por un grupo humano especfico. Ahora bien, estos conjuntos no son slo un mero agrupamiento, sino que casi siempre remiten a alguna perspectiva particular, algn marco conceptual especfico, determinada configuracin cultural identitaria, etc. La sensibilidad tica subyacente que, de alguna manera, lo sustenta el ethos da sentido a lo que podra ser una simple suma de prescripciones codificadas. Lo tico es, en este contexto, o bien una sensibilidad ms general que orienta el juicio sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo responsable y lo irresponsable, etc.; o bien, una conceptualizacin racional que busca ser crtica, y cuyas nociones se plantean para analizar la pertinencia o no de las acciones, de las normas morales o legales, o inclusive de diversos ethos presentados. La crtica o la defensa provendr de alguna argumentacin racional que lo sostenga. Por ejemplo, un grupo mafioso acepta y practica un cierto ethos que se expresa en un conjunto de normas y valoraciones, ya que ello es inherente a todo grupo social. Sin embargo, esa sensibilidad tica podra a su vez ser objetada. Sin duda, hay ticas que no reconocen ningn punto de referencia racional para la crtica y, como se indica ms arriba, ello conlleva limitaciones argumentativas, por ejemplo lo que sucede con las posiciones relativistas. No obstante, ello no quiere decir que no reflexionen ticamente. Por otra parte, el uso de esos dos trminos en este texto, atiende ms a un matiz que a una distincin precisa: sensibilidad tica e intuicin moral tienen un significado no muy diferente en este contexto.

[26] En este sentido, esta perspectiva se apoya en el punto de vista de Ral Fornet-Betancourt (2001), Josef Esterman (2006), Jorge Santos (2012), entre otros filsofos latinoamericanos, para proceder al cuestionamiento de la exclusividad griega o europea del nacimiento de la filosofa y su constitucin bsica.

[27] Un personaje del filme Alien de Ridley Scott (1979) de hecho se trata de un androide manifiesta una gran admiracin por una forma de vida extraterrestre que eleva casi al mximo sus estrategias de supervivencia por medio de su extraordinaria capacidad de aprovechar la organizacin fsica de otros organismos como medios para su reproduccin. En ese mismo espritu, es factible admirarse por el inmensamente diversificado y complejo desarrollo tecnolgico, representado por la carrera armamentista iniciada durante el siglo pasado, y continuada en el actual bajo otras caractersticas.

[28] Al comparar esta intuicin moral bsica con otras ticas o complejos morales diversos, es posible encontrar analogas. Cuando Hans Jonas seala la responsabilidad ante el recin nacido y la del poltico frente a la totalidad de la vida de sus ciudadanos, cuando Dussel parte del momento material de la tica como principio de obligacin de producir, reproducir y desarrollar la vida humana (Dussel, 1998: 91), cuando en la tica juda emerge la compasin por el cuerpo humano sufriente, cuando Levinas denuncia la reduccin de lo Otro a lo Mismo, y cuando la Otredad del desvalido obliga al sujeto a responsabilizarse, cuando Peter Singer (1999) promueve la igual consideracin para todos los seres sintientes, cuando Arne Naess sostiene el derecho de los seres vivientes a vivir y desarrollarse, cuando el budismo propone la ahimsa (no violencia) y la compasin por todos los seres, en todos estos gestos ticos, subyace la intuicin bsica inmediata de una simpata por una estructura material en proceso de autoorganizacin, proceso vulnerable, no garantizado, pero que abre a posibilidades de despliegue de la materialidad. Tales ejemplos de actitudes morales o ethos, no son en absoluto incompatibles con el aprecio por la pachamama entre los pueblos andinos y sus posibles anlogos de otros pueblos ancestrales de Sudamrica.

Tal percepcin, bsica e intuitiva, es familiar tanto con la raz latina de la palabra naturaleza como con la palabra griega φυσις (fysis). (Passmore, 1978) En el primer caso, se asocia con nasci y esta con nascor, surgir, ser creado, nacer; en el segundo con φαν (fan), lo que aparece, iluminado por luz propia, fenmeno. Semejante etimologa, sugiere visualizar un halo axiolgico y quiz normativo, irradiado por las ideas que dicha etimologa asocia.

Sin duda, la reunin de todas estas referencias cada una de ellas ha menester de una comparacin con el posicionamiento esbozado aqu , tan dismiles por cierto, merece una explicitacin: si bien en todas subyace una intuicin ltima a modo de fuente general de la sensibilidad tica bsica, es evidente la diferenciacin, explicable por las diversas formas en las cuales los individuos y configuraciones culturales han interpretado y reinterpretado esta sensibilidad bsica a travs de sus respectivas historias y en diversos contextos geogrficos. De all, el nfasis antropocntrico de los primeros ejemplos citados y el nfasis biocntrico y casi ecocntrico de los ltimos casos. Aqu se busca formular de la manera ms directa y explcita posible esa intuicin inmediata bsica que ha tenido diversas traducciones en los diferentes contextos geoculturales e histricos.

[29] Aqu no se ha asimilado la capacidad de autoorganizacin de la materialidad a cualquier forma de desarrollo. Es cierto que esta palabra aparece sobrecargada de connotaciones econmicas y cientificistas muy marcadas, pero ello requiere una discusin especfica que sobrepasa los lmites de este trabajo. La alusin al desarrollo a escala humana y al desarrollo local no pretende entrar en dicha polmica, sino marcar la importancia de comprensiones de la economa que promueven la riqueza por ejemplo a travs de caminos sinrgicos, es decir, aprovechan diversas interrelaciones para ofrecer soluciones a varios niveles minimizando los perjuicios ambientales.

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CUADERNOS DE ETICA es una publicación anual de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas.