CUADERNOS DE ÉTICA N° 30 (2015)

Cuadernos de Ética, Vol. 30, Número extraordinario “Ética ambiental”, 2015.

 

 

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE ÉTICA AMBIENTAL PARA PENSAR, CONTEXTUALIZAR Y PRESENTAR LOS PRESENTES TEXTOS LATINOAMERICANOS

 

María Luisa Eschenhagen *

 

 

Contexto y surgimiento del presente número

Esta compilación de textos tiene su historia y contexto de nacimiento, incentivos que dieron lugar para consolidarse como tal. En marzo del 2013 se realizó el IV Encuentro Latino-(inter)-americano de filosofía ambiental conservación biocultural, entre el 15 y 19 de Marzo del 2013, organizado por el Centro Universitario Puerto Natales y la Universidad de Magallanes en Puerto Natales, Chile. Este encuentro se desarrolló en cuatro días de seminario, se presentaron perspectivas y posiciones diferentes en torno a la filosofía ambiental, luego fue complementado por un viaje de cuatro días a Puerto Williams para conocer el trabajo realizado en torno al Parque Etnobotánico Omora. Este contexto, es decir, la convivencia de una semana larga con colegas de muy diversas disciplinas (filósofos, biólogos, ecólogos, representantes de las ciencias sociales, ingenieros, etc.), posibilitó conversaciones que trascendieron la presentación de ponencias y preguntas, abrió espacio a discusiones que difícilmente se hubieran dado en los típicos tiempos limitados de los seminarios –dado que la convivencia por tiempos prolongados abrió espacios de confianza para profundizar en temas neurálgicos, promovió la deseada – y raras veces lograda – discusión en torno a la interdisciplinariedad, lo que facilitó la reflexión sobre la ética ambiental (por ejemplo, entre la variedad de asistentes, el evento contó con la participación de consultores que evalúan impactos ambientales de empresas multinacionales). La dinámica del Encuentro permitió reconocer las encrucijadas que aparecen ante las realidades económicas políticas concretas y un deber ser deseado. La idea de compilar textos sobre ética ambiental nació después de compartir durante comidas amenas, viajes prolongados en bus, en ferry, incluso largas jornadas de camino, en las que reconocimos la necesidad urgente de reflexionar con referencias académicas sólidas, y del descubrimiento de trabajos de investigación ya existentes en nuestra región. Es decir, reconocer la necesidad de ampliar, reforzar y divulgar un pensamiento ambiental latinoamericano, específicamente sobre ética ambiental.

Así, después del encuentro tomé la iniciativa de convocar de manera abierta a los participantes, y busqué en la base de datos información, usando como punto de partida las siguientes preguntas:

·         ¿Es válido argumentar que participar en una consultoría para una multinacional, que claramente generará impactos ambientales (como p.ej. las grandes mineras), es importante para al menos lograr unos estándares ambientales mínimos? ¿esos estándares ambientales mínimos a qué tipo de políticas ambientales responden? ¿los efectos logrados en relación con los impactos los compensan, se justifican?

·         ¿Cuáles serían los espacios estratégicos para posibilitar y tomar decisiones éticas ambientales?

·         ¿Dónde se encuentran los límites para decir que una acción, participación o decisión no contribuye al lavado de imagen verde, de una empresa o política?

·         ¿Los discursos sobre responsabilidad socio-ambiental, producción limpia, imagen verde (claramente atravesados por intereses económicos y políticos) a qué tipo de ética ambiental responden?

·         ¿Qué políticas ambientales se basan sobre qué principios de ética ambiental? ¿discursos ambientales?

La iniciativa recibió más de 10 trabajos de múltiples lugares de Latinoamérica, en el transcurso de unos 5 meses. Los aportes que llegaron finalmente, no se ajustaron realmente a las preguntas iniciales, que igual siguen pendientes, sin embargo, los trabajos que son publicados se aceptaron, porque reflejan las inquietudes genuinas de la región. Se revisó luego su pertinencia y consistencia, una tarea difícil. Al final se logró estructurar esta edición especial de la revista, con el apoyo valioso de Adrián Monjeau.  Es de señalar claramente que parte de la riqueza de estos textos consiste en la diversidad de posiciones, que pueden resultar ser hasta antagónicos, con lo cual se alimenta la discusión sobre ética ambiental, que tanto se requiere.

 

Aspectos teóricos reflexivos

En las épocas actuales queda cada vez menos espacio y menos tiempo para reflexionar, preguntar y discutir sobre asuntos fundamentales de la vida. Igualmente, resulta cada vez más difícil diferenciar entre el “bien y el mal”, sea por la complejidad misma de la situación o por la diversidad y relatividad de enfoques existentes, por lo cual tomar decisiones que no se guíen solo por una racionalidad economicista, marcada por la lógica de las ganancias materiales, resulta ser cada vez más difícil. Es en este espacio de incertidumbre, donde interviene la ética, que propone argumentar, ofrecer criterios y un lenguaje, para poder decir que una acción es mejor que otra, buena o mala, más allá de los contextos legales o culturales. Es decir, la ética en general procura ofrecer unas líneas argumentativas para justificar decisiones y normas, a través de una revisión reflexiva y sistemática sobre las distintas formas de actuar, para proponer un actuar “correcto”, en este caso de un actuar ambientalmente correcto.

La ética ambiental es un campo de pensamiento relativamente reciente que lleva poco menos de 100 años desarrollándose, por lo general se señala a Aldo Leopold (quién murió en 1949, aunque la mayoría de su obra fue publicada después de su muerte) como el primer autor que presenta  argumentos que fundamenta esta vertiente de pensamiento,  y en general se habla de los años 70 del siglo  pasado como inicio de estas reflexiones, cuando se incluyen elementos nuevos a las discusiones éticas clásicas para considerar el actuar humano, como p.ej.: el aspecto temporal que a través de la reflexión sobre las consecuencias de los actos incluye la consideración sobre el futuro y las futuras generaciones de vida en general; el aspecto global del actuar local y viceversa, en el que se consideran las implicaciones que los actos tienen para otras personas y el entorno con quienes se convive en el planeta; las discusiones éticas también han abordado el conocimiento múltiple en torno a las dinámicas y los procesos de los ecosistemas como base de la vida y sus complejas interdependencias e interrelaciones; la dinámica de procesos sociales y económicos que influyen en los asuntos ambientales; las relaciones de poder y sus múltiples formas estructurales en las que se manifiesta. Todos estos aspectos, por un lado, exigen la interdisciplinariedad para su tratamiento y, por el otro, un pensamiento abierto y complejo para poder encontrar argumentos sólidos para un buen actuar frente a la problemática ambiental.

Al realizar una revisión general de la producción bibliográfica sobre ética ambiental resulta interesante observar primero, el lugar de enunciación de los autores y luego, reconocer cómo difieren las preocupaciones según los hemisferios Norte y Sur, ambos occidentales, las reflexiones provenientes de Asía y África no son incluidas en esta reflexión. Esta edición especial de la revista es el resultado de reflexiones latinoamericanas, sin embargo, es importante señalar algunos aspectos y aportes relevantes de la literatura del Norte (anglo y germanófila), por su larga trayectoria histórica filosófica, y por su influencia en las lecturas y reflexiones latinoamericanas.

Así, algunas de las preguntas centrales y básicas que se plantea la ética ambiental, que tiene sus orígenes en el hemisferio Norte, giran en torno a: ¿Qué debe ser considerado como valioso y de dónde viene semejante valoración? ¿La naturaleza tiene un valor intrínseco o está al servicio del ser humana? ¿Cuáles son los valores y las normas que deberían guiar el actuar colectivo social en relación con la naturaleza? ¿Cómo justificar y argumentar la validez de valores ambientales? ¿Cómo decidir con ética en un contexto en el que prevalecen conflictos entre valores? ¿La ética antropocéntrica tradicional aún se puede justificar actualmente frente a las crisis ambientales? (Krebs, 1997; Light, 2002; Ott, 2010) Preguntas más aplicadas se reflejan en el libro de Keller (2010), quien pregunta: ¿Cuáles son las conexiones entre realismo, relativismo, tecnología y ética ambiental? ¿Cuáles son las conexiones entre ciencias ecológicas y ética ambiental? ¿Cuáles son las dimensiones éticas de las políticas públicas ambientales?

Para responder estas preguntas resulta vital cuestionar el lugar mismo desde el cual el ser humano se concibe en relación con su entorno. De ahí que se pueden encontrar una gran cantidad de autores y bibliografía dedicados a revisar el lugar desde el cual se reflexiona: el antropocéntrico, patocéntrico, biocéntrico, ecocéntrico, holista, fisiocéntrico o teocéntirco. (Light, 2011; Keller, 2010; Krebs 1997) Cada pensador construye sus propios argumentos los cuales Ott (2010) identifica como los espacios de argumentación de la ética ambiental, y agrega que hablar de ética ambiental significa hablar también de la ética de la responsabilidad, de la ética del futuro, y de la obligación hacia el conocimiento.

Otra forma de abordar la ética ambiental, según Clowney & Mosto (2009) en su antología de ética ambiental, es proponer tres puntos de vista en torno a los cuales la ética ambiental puede ofrecer criterios. Uno desde la perspectiva de metas, circunstancias, beneficios y daños; otro desde la perspectiva de las normas, principios y valores (justicia, bien, mal); y otro, desde la perspectiva de las motivaciones, el carácter y las relaciones (perspectiva personal e interpersonal). Cada perspectiva propone preguntas muy diferentes.

Los aportes de la ética ambiental del Norte resultan ser insumos muy valiosos e importantes siempre y cuando se contextualicen en los espacios culturales e históricos respectivos, es más, se requieren selectivamente para fundamentar y potenciar las respuestas que surgen en el Sur. A la vez, estos aportes también tienen sus limitaciones, por un lado, tienen raíces claramente eurocéntricas que dese hace varias décadas se vienen criticando en los ámbitos de las ciencias sociales en América Latina (ver p.ej. toda la discusión en torno a la modernidad/colonialidad); por el otro, existen percepciones diferentes entre el Norte y el Sur de concebir los ecosistemas y sus problemas:  los ecosistemas nórdicos son de menor complejidad, tienen mayor capacidad de recuperase que los ecosistemas tropicales, que son altamente complejos;  A su vez los problemas ambientales en el Sur han estado ligados, desde un comienzo, con denuncias y reivindicaciones socio-políticas, a diferencia del Norte. Tal vez quienes han visibilizado de manera más clara estas diferencias, tomando como ejemplo la concepción de la “ecología profunda” – muy difundida en algunas latitudes – son Guha y Martínez-Alier (1997) con unas críticas claras en torno a tres de sus ejes principales.

Frente a la exigencia de la ecología profunda, como uno de los tres ejes, de transitar de la visión antropocéntrica a la biocéntrica, Guha y Martínez-Alier dicen que en principio esa transición es necesaria, pero lo que no aceptan son las conclusiones radicales que sacan de esa perspectiva biocéntrica, que privilegia la integridad biótica antes que las necesidades humanas. Por lo tanto argumentan que el reconocimiento de estos dos centrismos sirve poco para enfrentar dos problemas fundamentales globales: el sobreconsumo y la militarización creciente[1]. La segunda crítica de los dos autores se refiere al énfasis de preservar el wilderness, la tierra salvaje, la naturaleza, que resulta ser altamente perjudicial para las poblaciones locales que son expulsadas de sus territorios[2], al querer trasladar esquemas de conservación eurocéntricas de parques naturales (como lo impulsan p.ej. la WWF y IUCN). Esto es interpretado por los dos autores como un nuevo tipo de imperialismo donde “crecientemente, la élite internacional de conservación utiliza argumentos filosóficos, morales y científicos de los ecologistas profundos para avanzar en su wilderness crusade”. (Guha, Martínez-Alier, 1997, p. 114, traducción propia) La tercera crítica respecta a las invocaciones de tradiciones espirituales orientales, que son selectivas, romantizadas y utilizadas para las propias proyecciones. Y tal vez la crítica más dura, en general, que realizan los autores es al decir que “la ecología profunda va paralelamente a la sociedad de consumo sin cuestionar seriamente sus bases ecológicas y socio-políticas”. (Guha, Martínez-Alier, 1997, 118, traducción propia)[3]

Es así como las preocupaciones en las latitudes del sur giran en torno a otros ejes y preguntas, como se puede observar en las preguntas que propone el chileno Elizalde para iniciar una reflexión ética:

1) ¿Cómo hacer para que los sectores ricos y más acomodados del planeta y de cada país cambien sus hábitos de consumo y desarrollen un estilo de vida más frugal? 2) ¿Cómo hacer para que el mercado y los políticos cambien su visión de corto plazo? Y en caso que eso sea imposible, por la naturaleza de las lógicas con las cuales operan, ¿quién se hará cargo de proveer a la sociedad de una visión de más largo plazo? 3) ¿Cómo introducir en la cultura una visión más respetuosa y de mayor cuidado de la naturaleza? (Elizalde, 2003, p.139)

Se trata de preguntas que problematizan más los aspectos políticos-económicos. Esta preocupación queda aún más clara en los textos de Julio Carrizosa (2000) quien desde el largo contexto conflictivo colombiano, expresa que:

Frente a la posición dominante en la que el que mata, roba y deteriora prospera; frente al desplazamiento de las ideologías no violentas, de las religiones y de la ética revolucionaria, la visión ambiental compleja conduce a conformar tres posiciones de respeto: respeto a los otros y a sus obras, respeto a la naturaleza no antrópica, y respeto al futuro de lo uno y lo otro. Este triple respeto identifica una ética ambientalista que se caracteriza por su altruismo y se enfrenta a toda ética egoísta, equilibrándola sin desconocer que existe, como parte de una multiracionalidad que es inherente y esencial a los seres humanos (p. 117).

Se trata de profundas preocupaciones que nacen desde el propio contexto[4].  Esto también se refleja en el documento Manifiesto por la vida que se presentó en la Cumbre de Johannesburgo en el 2002, como documento latinoamericano y contrapropuesta a la Carta de la Tierra de las Naciones Unidas. La Carta concuerda en gran medida con el discurso del desarrollo sostenible, cuyas bases teóricas están en el Informe Brundtland de 1987, el cual claramente dice que es necesario seguir con el crecimiento económico (neo-liberal) pero incorporando el factor ambiental, y cuya instrumentalización se plasmó en la Agenda 21 en la Cumbre de Río en 1992. De ahí que la Carta apele a la instrumentalización, lo que se puede apreciar en su estilo de escritura, por ejemplo los verbos que predominan son: asegurar, prevenir, reducir, promover, garantizar, intensificar, entre otros. Mientras que el Manifiesto tiene una posición crítica frente al desarrollo sostenible[5] y resulta ser más bien una reivindicación de la vida, que requiere claramente de unas directrices éticas. El Manifiesto propone[6]:

1.                  Ética de una producción para la vida

2.                  Ética del conocimiento y diálogo de saberes

3.                  Ética de la ciudadanía global, el espacio público y los movimientos sociales

4.                  Ética de la gobernabilidad global y la democracia participativa

5.                  Ética de los derechos, la justicia y la democracia

6.                  Ética de los bienes comunes y del bien común

7.                  Ética de la diversidad cultural y de una política de la diferencia

8.                  Ética de la paz y el diálogo para la resolución de conflictos

9.                  Ética del ser y el tiempo de la sustentabilidad (Manifiesto por la vida, 2002)

Queda entonces claro que entre las aproximaciones y preocupaciones de los países nórdicos y latinoamericanos a la ética ambiental existen definitivamente diferencias importantes, cada uno desde su lugar de enunciación con sus potencialidades y limitaciones, lo que será preciso tener en cuenta en el momento de tomar decisiones.

 

Breve presentación de los trabajos

Ahora, retomando las reflexiones filosóficas previas, el resultado de esta compilación refleja las inquietudes propias de esta región, de este continente, que se organizaron en tres partes. La primera se puede titular Consideraciones de contexto para pensar la ética ambiental, en ella se plantean especialmente dos consideraciones: el problema de revisar cómo las exigencias tanto de publicación e indexación internacional de la producción investigativa influyen en la comprensión y solución de las problemáticas ambientales; y otra, el problema de si es posible hacer filosofía a espaldas de la ciencia. Dos temas que necesariamente tocan aspectos éticos e influyen en el propio desarrollo de la ética ambiental.

El grupo de ecólogos, Monjeau, Rau y Anderson – de Argentina y Chile –, en su texto titulado El síndrome del factor de impacto y la ética ambiental en América Latina: ¿ha llegado el tiempo de la insurrección?, están seriamente preocupados por la presión, que va en aumento tanto nacional como internacionalmente, que se ejerce sobre los investigadores para publicar en revistas indexadas con un alto factor de impacto. Esto lo relacionan directamente con la ética ambiental, al reconocer los efectos ambientales tiene sobre la región, en este caso desde su propia disciplina la ecología, al observar un mayor apoyo financiero a artículos en biotecnología que en conservación; un mayor énfasis en problemas a escala global que preocupan a países del Norte, que locales, es decir, una dedicación a temas y tendencias de revistas – generalmente del Norte –, en vez de problemas regionales y locales. Y proponen cuatro consideraciones para debatir el problema de las evaluaciones y publicaciones científicas. 1) comprender los orígenes del factor de impacto y cuál es su uso apropiado, 2) promover la diversidad de puntos de vista del pensamiento global, 3) construir equipos de trabajo que superen el enfoque individualista de la ciencia actual y 4) contra el mantra de la cantidad: a veces más no es mejor. Estas cuatro consideraciones generan preguntas y reflexiones en torno a cómo entran o no las experiencias invalorables de expertos en medio ambiente y sus conocimientos en resolución de problemas ambientales, ¿Nosotros, investigadores, para qué y para quiénes escribimos?, ¿Qué significan estas mediciones para un pensamiento y conocimiento crítico?, ¿Cómo enfrentar a la colonialidad del saber y a las geopolíticas del conocimiento?, ¿Cómo lograr una política editorial fuerte en la ciencia latinoamericana?

En el texto titulado Pingüinos en el trópico: lecciones desde la epidemiología y la economía para el filósofo político, de los argentinos Elgarte y Daguerre, considerando que la ética ambiental también termina siendo claramente una filosofía política, se plantea la cuestión fundamental de si es posible realizar una filosofía a espaldas de la ciencia, para demostrar que efectivamente será necesario acercar sustancialmente la filosofía y la ciencia. Estos autores se proponen “mostrar la relevancia de un conjunto de investigaciones para los debates contemporáneos sobre lo que exige la justicia distributiva y poner en evidencia la falsedad de la antinomia entre sustentabilidad ecológica y bienestar, de la idea de que freno al crecimiento deba implicar necesariamente un costo en términos de bienestar.”

Y resulta muy enriquecedor observar cómo ligan resultados de las ciencias duras y aplicadas para fundamentar mejor algunas posiciones éticas.

La segunda parte de la revista puede ser titulada Retos desde la ética ambiental, presenta cuatro reflexiones y cuatro retos muy diversos que tiene la ética ambiental y emergen en estas latitudes. Esta segunda parte interroga cómo proponer una ética ambiental basada en una aproximación que supere el dualismo naturaleza/cultura, frente al problema de un mundo sobredeterminado por una racionalidad economicista, que confunde los conceptos de valor y dignidad; cómo se pierde la referencia entre el valor de cambio y simbólico y el valor ecológico; qué implica una reflexión ética sobre la experiencia de la materialidad humana o no humana, ¿qué importancia tiene la fascinación en esa reflexión, para pensar una ética de la materialidad?; y finalmente aborda cómo enriquecen, desde el pensamiento ambiental, el ethos ambiental, las geopoéticas y la estética a la ética ambiental.  

El primer texto de Cajigas, desde Colombia, titulado Una ética no dualista de la presencia y del cuidado del Bios, abre diciendo que “lo que está en juego no son los contenidos de la discusión, sino las categorías y estructuras noéticas mismas que nos hacen pensar de cierta manera”, siendo el dualismo un problema fundamental de la cosmovisión moderna. De ahí que su pregunta central sea cómo proponer una ética ambiental basada en una aproximación que supere el dualismo naturaleza-cultura. Para responder presenta primero el programa epistemológico y ontológico del pensamiento budista, para visibilizar las implicaciones éticas del pensamiento no dualista. Luego liga este pensamiento con “un enfoque participativo y enactivo de la percepción/cognición que genera una ontología relacional y afectiva”, para finalmente hacer énfasis en una ética de la presencia y del cuidar del bios.

Sigue el aporte de Téllez Fabiani de México, quien considera necesario reflexionar sobre El criterio de los valores para una ética ecológica. Esto resulta fundamental en un mundo en el que prima la racionalidad economicista, guiado por el dinero. En este contexto recuerda en qué consisten el valor de uso y valor de cambio respectivamente, para poder hablar de un valor ecológico y la importancia de un valor simbólico. Y son estos criterios que tienen luego influencia para poder hablar de una ética ecológica.

El tercer texto de este capítulo es del argentino Daniel Eduardo Gutiérrez, titulado Esbozo de una ética ambiental de la materialidad. Una propuesta para la discusión. Su punto de partida para pensar una ética ambiental latinoamericana es tener en cuenta por un lado, la crisis ambiental contemporánea, así como recuperar los planteos de los filósofos y el contexto latinoamericano; y por el otro, las lógicas de la materialidad natural, para lo cual se basa en la biología. También le resulta necesario recuperar la sensibilidad moral y la fascinación, entendida como “la espontaneidad creativa, inspirada por el poder autoconstructivo de la materia”, para proponer una ética de la materialidad. Reivindica que “la ética en tanto reflexión filosófica [que] se constituye como una sensibilidad de interpretación moral de la experiencia de la materialidad humana o no humana”.

Al final de este apartado aparece el texto de la colombiana Patricia Noguera, Pensamiento ambiental sur en tiempos de penuria, en el cual propone que “Pensar el ethos ambiental, en clave geopoética es la tarea del pensamiento ambiental estético – complejo. […] La relación de lo ético con lo estético, emerge en este trabajo como Geografía poética del habitar Sur.”

Finalmente, la tercera parte se puede titular, Relecturas desde el Sur de la ética ambiental del Norte, recoge elementos filosóficos que han sido pensados desde el Norte, como la hermenéutica y la ecología profunda, pero ahora desde una perspectiva y en clave latinoamericana. Relecturas en el sentido de retomar a autores clásicos del Norte pero leyéndolos desde el Sur, y complementando y enriqueciendo así estas propuestas. Es así, como desde México Jorge F. Aguirre Sala propone La metodología hermenéutica como vínculo entre la Ética Ambiental y la Administración de la Tierra. Para vincular estos dos elementos, Aguirre identifica que se requiere de una metodología vinculante entre las ciencias ecológicas y la ética ambiental, que debe ser la hermenéutica con el apoyo de la metodología de la filosofía ambiental de campo.

La última reflexión gira en torno a los Vínculos entre ciencia y filosofía ambiental; perspectivas de antropología ecofilosófica desde, y más allá, del pensamiento de Arne Naess, de la argentina Alicia Irene Bugallo. Y como bien dice el título, ella retoma a Naess, para reactualizar sus ideas filosóficas, en un contexto de investigación bio-cultural con fuertes lazos entre filosofía ambiental y biología de la conservación.

La pregunta es finalmente si las aproximaciones propuestas y reflexiones hasta aquí para pensar la ética ambiental son suficientes para responder a los retos de problemas y conflictos socioambientales latentes, que se identifican, dentro de unos contextos complejos en que se encuentra América Latina actualmente, es decir, la crisis ambiental. Y, para seguir construyendo y aportando argumentos para tener algunos criterios de ética ambiental para poder tomar decisiones y actuar: ¿Cuáles son los temas, asuntos, aspectos urgentes a indagar, cuestionar y apoyar desde la academia? ¿Cómo construir puentes entre estas reflexiones filosóficas y las bases de la sociedad en toda su amplitud, profundidad y diversidad? ¿Cuáles serían los criterios fundamentales de una ética ambiental para guiar decisiones sobre políticas ambientales, consultorías ambientales, etc.? Es así como el objetivo central de esta compilación de textos es ofrecer un panorama e insumos para avivar y profundizar las discusiones en torno a la ética ambiental.

 

Recibido   15 – 12 - 2014

Aceptado   30 – 12 - 2014

 

 

Bibliografía:

Carrizosa, J. (2000) ¿Qué es ambientalismo? La visión ambiental compleja, PNUMA, IDEA, México

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http://www.earthcharterinaction.org/invent/images/uploads/echarter_spanish.pdf (consultado 6.3.15)

Cernea, M. M. y K. Schmidt-Soltau (2008), “Poverty Risks and National Parks: Policy Issues in

Conservation and Resettlement”, En: Revista World Development, Volume 36, Issue 12, December

Clowney D. y P. Mosto (edit.) (2009) Earthcare, An anthology in environmental ethics, EEUU: Rowman & Littlefield Publishers

Coarasa, A. y D. Pequeño (2006) “El "Manifiesto por la vida": una perspectiva filosófica” Theomai, núm.13, primer semestre, Argentina

Dowie, M. (2009) Conservation Refugees: the Hundred-Year Conflict Between Global Conservation and Native Peoples, Cambridge: MIT Press

Elizalde, A. (2003) Desarrollo humano y ética para la sustentabilidad, PNUMA, México

Guha, R. y J. Martínez-Alier. (1997), Varieties of environmentalism: essays north and south, London: Earthscan Paublications

Keller, D. R., (2010), Environmental ethics, the big questions, United Kingdom: Blackwell Publishing

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Light, A. y H. ROLSTON III. (2003), Environmental ethics, an anthology, United Kindom: Blackwell Publishing

Manifiesto por la vida (2002) http://www.ambiente.gov.ar/infotecaea/descargas/manifiesto-vida.pdf    (consultado 6.3.15)

Noguera, P. (2007) “Complejidad ambiental: propuestas éticas emergentes del pensamiento

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http://www.bdigital.unal.edu.co/13602/1/1156-6659-1-PB.pdf (consultado 6.3.15)

Noguera, P. (s.f.) Horizontes de la ética ambiental en Colombia, de las éticas ambientales

antropocentristas a las éticas ambientales complejas, http://www.cep.unt.edu/papers/noguera-sp.pdf  (consultado 6.3.15)

Ott, K. (2010) Umweltethik zur Einführung, Alemania: Junius Verlag

Villarroel, R. (2007). “Ética y medio ambiente: ensayo de hermenéutica referida al entorno” Revista de filosofía, 63, 55-72. Recuperado en 27 de febrero de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S071843602007000100004&script=sci_arttext

Warren, K.J. (ed.) (2004) Filosofías ecofeministas, Barcelona, Icaria

Whitehead, J. (2010) Development and Dispossession in the Narmada Valley, Dehli, Dorling Kindersley

 

 

 

 

Resumen

¿Para qué una ética ambiental? Para presentar el presente número especial de la revista Cuadernos de Ética, dedicado a la ética ambiental, realizo primero una breve contextualización de cómo nació la idea, y mi motivación para compilar los textos aquí recogidos, luego realizo una breve reflexión teórica general sobre ética ambiental. Finalmente, presento los contenidos generales de los artículos de este número.

 

Palabras clave: ética ambiental, Latinoamérica

 

 

Abstract

Environmental ethics? To what for? My goal is to present this special issue of Cuadernos de Etica on environmental ethics. To begin with, I first present the context, how the idea was born, and personal motivations to compile the works. Secondly, I do some thoughts about environmental ethics as a theory. Finally, I do brief comments on the general contents of the articles of this issue.

 

Keywords: environmental ethics, Latin America.



[1] Llama la atención que esta observación de la militarización lo escriben Guha y Martínez-Alier en 1997, antes de las guerras en Irak y Afganistán, y hoy en día -2015- observando los conflictos latentes en Ucrania y Siria, así como los enfrentamientos en varios países con el grupo Estado Islámico, adquiere aún mayor vigencia. Respecto al sobreconsumo, también resulta evidente que el grueso de la discusión y las preocupaciones giran en torno al problema de del crecimiento económico, que requiere incentivar un consumo constante, y del subdesarrollo – países subdesarrollados no pueden consumir igual. Por lo tanto sobreconsumo y sobredesarrollo no son problematizados realmente.

[2] Existe una amplia bibliografía que demuestra esta problemática, ver p.ej.:  Whitehead (2010), Cernea (2008), Dowie (2009)

[3] Para ver otras críticas a la ecología profunda ver Warren (2004), Villaroel (2007)

[4] Para ver un panorama más amplio de la ética ambiental en América Latina, ver Noguera (2007 y s.f.)

[5] “El discurso del “desarrollo sostenible” parte de una idea equívoca. Las políticas del desarrollo sostenible buscan armonizar el proceso económico con la conservación de la naturaleza favoreciendo un balance entre la satisfacción de necesidades actuales y las de las generaciones futuras. Sin embargo, pretende realizar sus objetivos revitalizando el viejo mito desarrollista, promoviendo la falacia de un crecimiento económico sostenible sobre la naturaleza limitada del planeta. Mas la crítica a esta noción del desarrollo sostenible no invalida la verdad y el sentido del concepto de sustentabilidad para orientar la construcción de una nueva racionalidad social y productiva.” (Manifiesto por la vida, 2002, párrafo 3)

[6] Una lectura crítica constructiva del Manifiesto por la vida se puede encontrar en Coarasa (2006)

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